Un mandamiento antiguo y uno nuevo

Sermones

Un mandamiento antiguo y uno nuevo

23 de mayo de 2010

 

Para los cristianos un mandamiento de Dios es ley primero en el corazón, luego en el entendimiento y después se cumple esta ley en acciones de obediencia a Él.

 

 

7Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio; este mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio.

8Sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en vosotros, porque las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya alumbra.

9El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas.

10El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo.

11Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.

12Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre.

13Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre.

14Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno.

15No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 1ª. Jn. 2:7-15

 

El apóstol Juan, conocido como el discípulo amado, era un hombre de Dios que hablaba con el corazón en la mano. Reflejo de lo anterior es que la palabra “amor” es recurrente en sus cartas, así como la palabra “hijitos”. Juan había entendido que el centro de la enseñanza es Cristo Jesús y que las acciones de los hijos de Dios deben estar movidas por el amor. El propósito de Juan era que los que leyesen sus cartas vieran su gozo cumplido si constataban que amaban a Dios por sobre todas las cosas (1ª. Jn. 1:4). Juan enseña (por revelación de Dios), que el mensaje del amor tiene relación directa con la luz. Entendiendo como luz todo lo que es bueno, transparente y es limpio espiritualmente (1:5).

 

Si andamos con Dios, andamos en luz y todos los que andamos de esa manera nos identificamos. ¿Habrá algo mejor que andar en las cosas de Dios?-Sí, es mejor andar con Dios. Pero el hecho de que andemos con Dios no implica que no seamos capaces de pecar. Hay en la Biblia varios personajes que andaban con Dios y pecaron porque por momentos o por días se salieron del camino. Pero no (nunca) debemos justificarnos por pecar, porque el que peca no se encuentra bien. No debemos justificarnos, pero mentimos si decimos que no pecamos.

 

La afirmación de 1ª. Jn. 2:1 en el sentido de que si alguno peca, abogado tiene para con el padre a Jesucristo el justo, está dirigida a cristianos. Para no pecar, somos instados a guardar (observar, cumplir) los mandamientos. Esto es lo que debemos hacer.

 

En el versículo 7 observamos que, el que era un mandamiento nuevo de Jesús, de amarnos unos a otros (Jn. 13:34) se constituye en antiguo al ser el primero en observarse en la vida cristiana; no contradice Juan al Señor Jesús al ponerlo primero. En este caso, el propósito de Juan no es verlo como obsoleto sino como lo primero y además como siempre nuevo, pues algunos cristianos tienden a ver las bases del evangelio como ya pasadas cuando nosotros sabemos que sobre dichas bases siempre debemos estar fundados. Es necesario empezar con esto, con el amor a los demás, que fluye del amor que tenemos a Dios.

 

Pero en el siguiente versículo (8), Juan manifiesta que sí dará a conocer a sus lectores un mandamiento nuevo, el cual es urgente que se practique (más tarde dirá cuál es).

 

Un buen indicio de que andamos con Dios lo podemos ver en que a ningún hermano aborrecemos. Aquí se habla de una cierta lógica saludable. El que ama no tropieza, pues camina bien al andar en luz. Pero el que no ama, anda en tinieblas, es decir, no ha creído en Jesucristo y por lo tanto tropieza y cae. Esto está escrito y dirigido para todos los cristianos, sin importar la edad en el evangelio ni la edad biológica. Un no cristiano constataría que no lo es examinándose a la luz de loque enseña el versículo 9.

 

Después, en este mismo pasaje, se hace énfasis en específico, sobre el amor que los padres de familia (o los adultos en general), deben tener hacia los demás (porque el mundo de los adultos es a veces pesado y difícil). También Juan menciona a los jóvenes cristianos, pues ellos ya se enfrentan a situaciones de relaciones humanas difíciles y van siendo involucrados cada vez más en cosas de adultos. Pero los padres y los jóvenes cristianos tienen su fortaleza en Dios. Cada uno, según sus fortalezas, se apoya, y según sus debilidades huye. Lo más importante es, que el conocimiento que tienen de Dios y la comunión que con Él, les impulse a amar a todos los que les rodean.

 

Así que, finalmente Juan revela el nuevo mandamiento (versículo 15): para los cristianos de todas las edades, para todos los cristianos en el seno de la familia, en la iglesia y en la comunidad, el nuevo mandamiento es: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo”. Entendiendo aquí “mundo”, como el ámbito de las cosas de la carne; de todo aquello que se opone a una comunión plena con Dios. Ésta es una clave importante en nuestra andar con Dios; no amar el mundo, pues de esa manera habremos vencido desde ahora al enemigo de las almas. El que ama el mundo ama las cosas temporales y sucias; el que ama a Dios y al prójimo ama las cosas eternas y puras.

 

Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. 1ª. Jn. 2:16-17