El Llamamiento de Pedro

Sermones

El llamamiento de Pedro

Domingo 8 de Junio de 2008

Mat. 16:13-19   Jn. 21:15-19

 

 

Una persona común para el mundo, se convierte en especial para Dios, cuando Él le llama a realizar su obra.

 

¿Siempre hemos sido congruentes con nuestro llamado? ¿Cuántas dificultades nos ha implicado el no serlo? Veamos a grandes rasgos el comportamiento del discípulo y apóstol de Jesús llamado Simón, hijo de Jonás y sentiremos que en algo o en mucho somos como él. Esto debe animarnos a ser fieles seguidores de Cristo Jesús.

 

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús.

Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo).

Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro). Jn. 1: 40-42

 

Es el primer encuentro de Pedro con Jesús. Aquí Jesús le pone por sobrenombre Cefas (Pedro). De este pasaje observamos que Pedro es uno que espera al Mesías; esta convicción no cualquiera la tenía y, más que hablar de un erudito de las Escrituras, se puede hablar de uno que tiene fe.

 

Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.

Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.

Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. Mat. 4: 18-20.

 

Se puede ver en este pasaje el llamado formal de Jesús a Pedro y la respuesta  inmediata del mismo. Podemos distinguir aquí a uno que es llamado y obedece.

 

Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre.

Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía. Mat. 8:14,15

 

 

Aquí está un Simón Pedro casado, no sabemos si él le propuso a Jesús acudir a su casa o si Jesús, que conoce las necesidades de todos, lo decide, pero se puede ver a un hombre que se preocupa por la salud de su suegra, eso habla de uno que es responsable y de buen testimonio.

 

Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar.

Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: !!Un fantasma! Y dieron voces de miedo.

Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: !!Tened ánimo; yo soy, no temáis!

Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.

Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.

Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: !!Señor, sálvame!

Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: !!Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Mat.14:25-31

 

Cuando estamos en el inicio de una prueba, nos podemos sentir con fortaleza suficiente para afrontarla, sobre todo si creemos que en cualquier momento se terminará, pero si el tiempo avanza y la prueba no termina, entonces comenzamos a sentir desesperación y es cuando verdaderamente nuestra fe es probada. Si nos sentimos desfallecer, entonces clamamos con angustia al que todo lo puede, pero la misma angustia viene en parte por nuestra falta de fe. Eso le ocurrió a Pedro, por lo tanto, vemos aquí a uno que duda.

 

Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?

Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.

El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Mat. 16: 13-19

 

Por esta lectura, sabemos que el Padre revela a Pedro que Jesús es el Cristo, el hijo del Dios viviente. ¿Hablará el Padre con cualquiera?- No, solamente con los que tienen comunión con su Hijo. Se ve a Pedro como uno que tiene comunión con Dios.

El hecho de confirmarle el sobrenombre de Pedro, revela la trascendencia del llamado de Pedro, de su carácter y de las grandes cosas que Dios hará con éste como apóstol.

Acerca de la falsa interpretación que la iglesia católica le ha dado a este pasaje, debe verse lo que el mismo Pedro afirma de ese hecho en 1ª Pe. 2:4,5, donde él mismo reconoce que los demás cristianos son de la misma naturaleza que él: “vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.”

Tocante al uso de las llaves del reino, debe verse Mat. 18:18, para cerciorarse que esta facultad fue entregada a todo cristiano.

Lo que sí se refleja aquí es que Pedro tiene la tarea de precedencia sobre los otros apóstoles (actuar primero que ellos), pues como se ve en el Libro de los Hechos, capítulos 1 y 2, el arranque es de Pedro, pero eso no lo hace superior a los otros, sino que representa un principio de orden (y Pedro lo comprenderá más tarde).

 

Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.

Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.

Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: !!Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. Mat 16:21-23

 

Encontramos en la Biblia, apenas cuatro versículos después, que Pedro está recibiendo los epítetos de “satanás” y de “tropiezo”. Al enemigo de las almas, le interesa sobremanera hacer caer a los que dependen más de Dios, porque éstos son los que menos caen, pero a veces ocurre y entonces aquel se solaza. Esto le pasó a Pedro y esto nos ha pasado a nosotros. Aquí está representado uno que cae en la tentación del diablo.

Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto;

y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Mat. 17: 1-2

 

En el pasaje de la transfiguración, Jesús escoge a algunos discípulos de confianza (entre ellos Pedro), para transfigurarse en su presencia y darles una prueba de lo que es ver su preeminencia y la gloria de Dios. Aquí Pedro es uno que es privilegiado por Dios.

 

Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?

Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. Mat. 18:21,22

 

Pedro es uno que ama a su prójimo.

 

 Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos? Mat. 19:27

 

La afirmación de Pedro denota decisión; la pregunta puede reflejar el anhelo sincero de saber, por lo tanto, en él se ve a uno que es decidido y sincero.

 

Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas.

Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.

Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.

Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.

Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo. Mat. 26: 31-35.

 

Jesús anuncia la negación de Pedro y éste responde: “yo nunca me escandalizaré” y “aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré” y, en el pasaje paralelo de Jn. 13: 35-38 dice “mi vida pondré por ti”. Como sabemos que Pedro era sincero, estas afirmaciones le salían verdaderamente del corazón; su intención era seguir a su maestro aún hasta entregar su vida por Él. Aquí encontramos a uno que es comprometido.

 

Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro.

Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera.

Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.

Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.

Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Mat. 26:36-40

 

El Señor toma aparte a Pedro, Jacobo y Juan en Getsemaní y comienza a entristecerse. Pedro es emtre otros, uno que es de confianza.

 

Sin embargo, ese discípulo de confianza no pudo velar una hora y se constituye en uno que se cansa.

 

Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco.

Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber? Jn. 18: 10,11

 

Pedro defiende a Jesús en su arresto y demuestra que es uno que es valeroso.

 

Entonces la criada portera dijo a Pedro: ¿No eres tú también de los discípulos de este hombre? Dijo él: No lo soy. Jn. 18:17

 

Pedro niega a Jesús la primera vez y se nos presenta como uno que es miedoso.

 

Estaba, pues, Pedro en pie, calentándose. Y le dijeron: ¿No eres tú de sus discípulos? El negó, y dijo: No lo soy.

Uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dijo: ¿No te vi yo en el huerto con él?

Negó Pedro otra vez; y en seguida cantó el gallo. Jn. 18:25-27

 

Niega la segunda vez y se muestra como uno que es incongruente.

Niega a Jesús la tercera vez y se revela como uno que niega a su Salvador.

El gallo canta y Mat. 26:75  dice que Pedro lloró amargamente y entonces se ve a uno que se ha arrepentido.

 

Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de Tiberias; y se manifestó de esta manera:

Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos.

Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada. Jn. 21:1-3

 

Dos veces se ha aparecido Jesús a sus discípulos después de haber resucitado.

En espera de que suceda algo (Lc. 24:49, Mt: 28:19), el líder Pedro decide ir a pescar (regresar a su oficio) y es seguido por otros, pero no tienen éxito esa noche, algo tiene que suceder conforme a las instrucciones de Jesús. Pedro es uno que tiene esperanza.

 

Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús.

Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No.

El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces.

Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: !!Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar. Jn. 21:4-7

 

Jesús se ha aparecido por tercera vez a sus discípulos. Pedro es uno que está avergonzado, se ciñe cuando se da cuenta que es Jesús

 

Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos.

Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.

Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.

De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras.

Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme. Jn. 21: 15-19

 

¿Me amas más que éstos?”, ¿indica un lugar de privilegio de Pedro con respecto a los demás? ¿es nombrado líder de los otros? ¿por qué él? ¿no hay otro con mas virtudes? Por la respuesta de Pedro, Jesús le da una instrucción. ¿Quiénes son los corderos? Pedro es uno que es llamado por Dios.

 

La insistencia de Jesús por segunda vez, tiene un énfasis diferente (aunque son las mismas palabras).

¿A quién le gusta que le repitan una instrucción? Pero, ¿quién obedece a la primera vez?, ¿no hay casos en los que por años se ha solicitado algo bueno a una persona y no lo hace?, ¿nosotros hemos obedecido de inmediato? Hay un rigor y una lección en la insistencia del Señor. Pedro es uno con el que Dios tiene paciencia.

 

Tres veces Pedro negó a su Señor y tres veces Jesús le pregunta: ¿me amas? La respuesta: “tú lo sabes todo”. La instrucción: “apacienta mis ovejas”.

¿Cuántas veces hemos negado de palabra o con nuestros actos al Señor en quien creemos? ¿tres veces?, ¿setenta veces? o ¿setenta veces siete?, ¿será posible esto? Pedro es uno que es confrontado con Dios.

 

Pedro es uno que entendió la lección.

 

Según la tradición Pedro murió por causa del evangelio, crucificado de cabeza, pues no se consideró digno de morir como su maestro.

 

El Señor le había dicho la segunda vez que se entrevistaron “venid a mí” y ahora le dice: “sígueme”. Se constituye Pedro en uno que es reivindicado.

 

Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar?

Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste?

Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú. Jn. 21:20-22

 

Por último, Pedro llega a pensar que es el único imprescindible, pero la lección final es que son muchos los que trabajan en la obra, y todos con un mismo propósito; hay igualdad. “Tú sígueme son las últimas palabras de Jesús a Pedro; entendió que de allí en adelante debía depender de Dios sin distraerse, al mismo tiempo Él trabaja con otros. Pedro aprendió entonces que él era importante para Dios, así como otras personas también lo son. Pedro se nos muestra como uno que obedece a Dios.

 

Podríamos preguntarnos por qué Jesús no escogió a una persona menos difícil que Pedro, pero sabemos la respuesta; somos como él, tan comunes como cualquiera, pero tan especiales cuando Cristo Jesús nos salva y nos envía a realizar su obra. Ha depositado en cada uno virtudes y dones que prevalecen sobre nuestros defectos:

 

A veces nos conducimos con fe y a veces en obediencia. En ocasiones con responsabilidad, con buen testimonio o con duda. En plena comunión con Dios. Pero también caemos en tentación. Pero Dios no nos quita los privilegios. A veces actuamos con amor al prójimo, con decisión, compromiso, confianza. Después, en nuestro transitar en la vida cristiana hemos sentido cansancio y luego valor o miedo. Hemos llegado a ser incongruentes, negando en acciones a nuestro Salvador. Pero después nos hemos arrepentido, porque somos de Él, y hemos experimentado vergüenza. Pero luego nos acordamos del llamado de Dios y de su paciencia para con nosotros, cuando Él nos ha confrontado. Llegamos al entendimiento y somos reivindicados y entonces obedecemos.

 

Así somos, pero no nos conformemos; pidamos a Dios fortaleza para ser mejores.