La Viuda de Sarepta

Sermones

La Viuda de Sarepta

8 de febrero 2009

 

Nunca es poco lo que tenemos si lo compartimos con los demás; y nunca tendremos suficiente si no sabemos compartir.

 

 

8 Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo:

9 Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente.

10 Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba.

11 Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano.

12 Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.

13 Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo.

14 Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.

15 Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días.

16 Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías.

17 Después de estas cosas aconteció que cayó enfermo el hijo del ama de la casa; y la enfermedad fue tan grave que no quedó en él aliento.

18 Y ella dijo a Elías: ¿Qué tengo yo contigo, varón de Dios? ¿Has venido a mí para traer a memoria mis iniquidades, y para hacer morir a mi hijo?

19 El le dijo: Dame acá tu hijo. Entonces él lo tomó de su regazo, y lo llevó al aposento donde él estaba, y lo puso sobre su cama.

20 Y clamando a Jehová, dijo: Jehová Dios mío, ¿aun a la viuda en cuya casa estoy hospedado has afligido, haciéndole morir su hijo?

21 Y se tendió sobre el niño tres veces, y clamó a Jehová y dijo: Jehová Dios mío, te ruego que hagas volver el alma de este niño a él.

22 Y Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a él, y revivió.

23 Tomando luego Elías al niño, lo trajo del aposento a la casa, y lo dio a su madre, y le dijo Elías: Mira, tu hijo vive.

24 Entonces la mujer dijo a Elías: Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca. 1ª. Reyes 17: 8-24

 

Elías, varón de Dios y profeta, aparece repentinamente en la historia de Israel, en tiempos del rey Acab y de su esposa, la figura de la mujer fatal, Jezabel. Elías profetiza la ausencia de lluvia y rocío (sequía). La sequía producirá hambre en toda la región (17:1). Dios envía a Elías a uno de los pocos arroyos que quedan (Querit). Pero el arroyo se seca, Elías debe moverse a otro lugar.

 

Elías es enviado a Sarepta, una ciudad cerca del mar Mediterráneo, que actualmente se llama Surafend y corresponde a Líbano. Allí el profeta hallará a una mujer viuda para que le sustente (le de alimento) por un tiempo. Previa o simultáneamente, una mujer viuda ha recibido esa orden por parte de Dios.

 

Seguramente la viuda era pobre, tal vez indigente, porque ella misma recogía la leña. Además, el hecho de ser viuda podría ya implicar pobreza, aparte de que, en esa región, el tiempo que se vivía era de falta de agua y alimento. Probablemente su marido había muerto de hambre (como le pasó en otro tiempo a Noemí, con su marido e hijos). La historia del mundo parece indicarnos que en época de crisis económica o de otra naturaleza, las mujeres sobreviven a los varones.

 

Elías llegó sediento en el tiempo en que el agua escaseaba y era y es un tesoro muy codiciado. Pide agua a aquella mujer de una región eminentemente idolátrica, donde se adora a Astarté  y Baal, entre otros falsos dioses (nos recuerda a Jesús pidiendo agua a la mujer samaritana).

 

Todavía no se ha retirado la viuda para traer agua a Elías para que beba, y recibe otra solicitud; Elías pide un bocado de pan. Es probable que la mujer viera desproporcionada esta solicitud. El último bocado solo alcanzaba para ella y su hijo y después era esperar la muerte, como tal vez lo habían hecho ya otros vecinos de ella. Elías dice que está bien lo que ella hará, pero primero debe atender al profeta. Lo primero es confiar en Dios; Él proveerá.

 

Ella fue fiel en lo poco; obedeció. Como consecuencia, esta mujer recibe una promesa de Dios, de sustentarle todo el tiempo de la sequía. Dios cumplió su promesa (proveyó en la extrema necesidad). La harina nunca ha faltado ni el aceite ha menguado para los que obedecen a Dios. La tinaja y la vasija parecen una fuente interminable de alimento, como lo es la palabra de Dios para sus hijos. El sustento más importante y el alimento más necesario, es lo espiritual y lo proporciona nuestro Padre Celestial.

 

Pero después de un tiempo (no sabemos cuánto), cayó enfermo el niño de aquella mujer que había servido a Dios, cuando sirvió a Elías. Era necesario que ocurriese así, para que se manifestara la gloria de Dios.

El niño murió. Ella creyó que era un castigo de Dios.

 

Elías puso al niño en su propia cama, juntó su cuerpo con el de él, para transferirle calor, vida y energía con su propio cuerpo. La mujer esperaba afuera. El varón de Dios oró con angustia, no comprendiendo en ese momento los designios de Dios. La aflicción que había en derredor, en muchas casas, había llegado también a aquella casa que le había sustentado. Estaba el cuerpo solo (sin alma y sin espíritu), como siempre cuando alguien muere. Los muertos no oyen ni se enteran de lo que pasa a su cadáver. Lo normal es no hablar con un muerto. La voluntad de Dios es que el hombre muera una vez y después el juicio. Pero Elías quería que Dios se manifestara. ¿No era de esperarse que este niño había muriese como los niños de otras casas de la región?

 

Elías quería transferir vida a ese cadáver, juntando su cuerpo con el cuerpo del pequeño. Dios respondió favorablemente. El niño resucitó y es entregado por Elías a su madre.

 

El propósito de Dios se cumplió, aquella mujer reconoció el poder de Dios y su palabra. La obediencia a Dios le trajo bendición.

 

Es muy importante para nosotros, que el Señor Jesús se haya referido a esta viuda, muchos siglos después, porque todas las palabras de Jesús tienen un gran propósito para nuestra vida:

 

Y en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra;

pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón. Luc. 4:25-26

 

De entre tantas viudas necesitadas de Sarepta, Dios se fijó en una, para que alimentara al varón de Dios.

Para que se manifestara el poder de Dios y quedara registro de esta maravilla a todas las generaciones.

 

· Ahora Dios no envía a las casas a Elías; Dios acude personalmente a la casa de cada uno de nosotros.

· No se requiere ser rico par servir al Señor.

· El que tiene poco, debe ser fiel con lo que tiene.

· El que ha recibido mucho, debe ser fiel en lo mucho.

· Dios nunca desampara a sus hijos, aun en la peor crisis como la que el mundo vive hoy.

· No estamos exentos de la tragedia, pero Él siempre nos ayudará, porque también se manifiesta en medio del dolor.

· Habiendo tantas personas necesitadas de diferentes cosas en todo el mundo, Dios se fijó en ti, ¿no es un milagro?; ahora tú fija tu atención en Él y síguele fielmente.

Es necesario que no se nos olvide que nuestro Dios (el único Dios), es poderoso en gran manera y nos ama.