La forma del culto cristiano

Sermones

La forma del culto cristiano

27 de junio, 2010

 

Los hijos de Dios diariamente le tributan adoración, pero tienen un día especial en la semana en el cual, junto con otros cristianos, dan a Dios una adoración semejante a la que le tributarán en el cielo.

 

 

19 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo,

20 por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,

21 y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,

22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.

23 Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.

24 Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras;

25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. Heb. 10:19-25

 

Algunos cristianos se sienten confundidos acerca de cómo es la forma correcta del culto a Dios, porque han visto varias maneras en diferentes iglesias evangélicas. Algunos quisieran saber cómo es la forma correcta. Otros sienten que lo correcto es como lo hacen en su iglesia. Algunos se congregan en donde la forma del culto les gusta más (sin pensar si es correcta). Otros tienen a propósito procuran una forma de culto que atraiga a muchos (para eso, les presentan elementos semejantes a los que ven en el mundo); modifican la forma del culto las veces que consideran necesario, para estar a tono con el entorno y los tiempos. Otros más, dicen que no importa la forma del culto, mientras se tenga un corazón dispuesto. Pero, a todo esto, ¿qué dice la Biblia?

 

El culto a Dios es una forma de adoración y es un tributo de reconocimiento, amor y alabanza a su nombre. Veamos los antecedentes escriturales para el culto de hoy. El libro de Levítico presenta todos los elementos del culto en el Antiguo Testamento que giran alrededor de la santidad debida a Dios (las vestiduras, ornamentos, ofrendas, sacrificios y formas). A los cultos también se les conocía como ceremonias y a la vez varios ceremoniales o ritos estaban dentro del culto. La palabra rito proviene de ritual, que es el conjunto de reglas que se siguen (por ejemplo, la pascua en Ex. 12:25-27, véase también Ex. 30:8). El rito tenía el propósito de seguir un orden en la celebración. Por otra parte, las ceremonias son la forma exterior y regular del culto. A todo esto, algunos se refieren al orden y la forma del culto en general, con la palabra liturgia.

 

El culto es un acto solemne. El ritual de la pascua era conocido como una ceremonia solemne en memoria de Dios (Ex. 12:13). Lavarse las manos antes de comer era considerado una ceremonia (Mt. 15:2,20). El hecho de que el culto fuera solemne, implica ser celebrado públicamente con ceremonia (que también quiere decir pompa), acompañado de formalidades para la Majestad. En el acto solemne participaban varones y mujeres, desde niños hasta ancianos (Ex. 10:7). Todas las fiestas del A. T. eran solemnes y de carácter espiritual (cultos). Por eso vemos en Dt. 16:13-16, que todos los actos dirigidos a Dios debían ser solemnes.

 

También observamos en la Biblia, en el A. T. que los cultos dirigidos a Dios debían ser con reverencia (que quiere decir, con profundo respeto y humildad). Ex. 14:31 nos muestra que los israelitas mostraron reverencia y confianza ante Dios cuando vieron su poder en el mar Rojo. Lev. 19:14 dice que Dios debe ser reverenciado. Guardar reverencia para el santuario y para Dios, lo encontramos en Lev. 19:30-32, 25:17, 26:2, y  Dt. 6:24. El Sal. 2:11 nos enseña a adorar a Dios con alegría y reverencia (“alegraos con temblor”).

 

También en la Biblia vemos que el culto se hacia en orden que  es la colocación de las cosas en el lugar que les corresponde. El orden es el conjunto de reglas, leyes y estructuras que constituyen una sociedad. Significa también paz y tranquilidad (es el sexto de las siete sacramentos de la iglesia católica). El tabernáculo tenía un orden en todos sus utensilios (Ex, 39:35, 27:21, 40:4,22). Había que seguir un orden todo (las fiestas espirituales, las batallas y las peregrinaciones). Dios es perfecto en orden (Jer. 10:12) e impone su orden (Hch. 17:26). Dios quiere que toda nuestra vida sea ordenada, ¿por qué el culto no debe serlo?

 

Pero llega el momento en que Dios manifiesta que la solemnidad y el seguimiento riguroso de las ceremonias y los ritos no son suficientes, si no se tiene un corazón y mente dispuestos, que es lo más importante (Is. 1:11-18).

Por eso, el Nuevo Testamento nos enseña que ésa debe ser nuestra actitud en el culto a Dios (Ro. 12:1, Heb. 12:28 y Heb. 13:15), eso no quiere decir que desechemos la solemnidad, la reverencia y el orden.

 

Del antiguo culto se quita todo lo relacionado con la mediación de los sacerdotes; en su lugar el culto de hoy gira alrededor de Cristo y su único sacrificio y es una ocasión para que los creyentes se congreguen el primer día de la semana y diariamente le den la honra y la gloria por su salvación (Heb. 10:11-16). Es muy importante congregarse (Heb. 10:25), pues parte del deleite como cristianos y constituye una necesidad.

 

El desorden que ahora vemos en algunas congregaciones es el que tenían en la iglesia de Corinto y que Pablo condenó (1ª. Co. 11:17-19), en aquella ocasión, relacionado con la celebración de la Cena del Señor. La lectura de esta parte de la Biblia es suficiente, si se pone atención, para desechar cualquier acto que no corresponda con lo que Dios pide, pero es lo que menos interesa a los que buscan agradarse en el culto en lugar de agradar a Dios.

 

Todo en el culto cristiano debe hacerse decentemente y con orden (1ª. Co. 14:40). La decencia es decoro, recato. Es dignidad en las palabras y en los actos. El que es decente es honesto.

 

Prevalece la solemnidad en el culto a Dios, por ejemplo en la celebración de las ordenanzas, pues se hacen en memoria de Cristo Jesús. En el culto cristiano debe haber también reverencia y orden, pero sobre todo, debe haber un corazón y una mente dispuestos. Por eso, al estar en el culto a Dios, debemos desechar cualquier otra actividad o distracción; en ese momento no existe otra cosa más importante. El culto no lo es todo en la vida del cristiano, pero no se concibe a un cristiano que no le interese el culto congregacional. Estemos siempre listos para elevar a Dios alabanzas aquí y en el cielo (Ap. 7:15 y 22:3).