Eliseo y la Mujer Sunamita

Sermones

Eliseo y la Mujer Sunamita

1 de febrero 2009

 

Las mujeres en la Biblia ocupan un lugar principal y tienen un impacto nunca menor al de los varones, al grado que, muchas de ellas eclipsaron a sus maridos (más las que fueron fieles a Dios).

 

 

8 Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una mujer importante, que le invitaba insistentemente a que comiese; y cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer.

9 Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios.

10 Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él viniere a nosotros, se quede en él.

11 Y aconteció que un día vino él por allí, y se quedó en aquel aposento, y allí durmió.

12 Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a esta sunamita. Y cuando la llamó, vino ella delante de él.

13 Dijo él entonces a Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo.

14 Y él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo.

15 Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puerta.

16 Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva.

17 Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Eliseo le había dicho.

2°. Reyes 4:8-17

 

Éste es un pasaje de gran y significativa semejanza al de Elias y la viuda de Sarepta, en 1°. Reyes 17, en el que la protagonista es una mujer pobre, mientras en este pasaje, la protagonista es una mujer rica.

 

Eliseo es el “varón de Dios”, un profeta que sucede a Elías, en el reino del norte del cual recibe una doble porción de su sabiduría. Tal vez esta doble porción le permitió a Eliseo hacer con libertad grandes milagros solo comparables a los que hizo el Señor Jesús.

 

Es una época en que los reinos divididos (Judá e Israel), están débiles y expuestos no solo a las invasiones de otros pueblos y al hambre, (4:38) sino también a las consecuencias de haberse alejado de Dios. Mientras tanto, Egipto ha recuperado poco a poco su antiguo poderío y se ubica como la potencia del medio oriente de ese tiempo.

 

Sunem es una ciudad cananea que aparece en los registros egipcios de Tutmosis III. Originalmente fue asignada a Isacar (Jos. 19:17,18). Los filisteos acamparon allí antes de la batalla contra Israel donde Saúl murió. Actualmente se le conoce como Solem.

 

Al realizar su ministerio y pasar continuamente por un mismo camino de Sunem, Eliseo pasó a ser conocido por una mujer importante (influyente, rica), la cual le invitaba a comer a él y a su criado Giezi, pues seguramente les veía cansados. Ellos accedieron después de la insistencia de esta mujer. Eliseo antes de su llamamiento vivía cómodamente, pero seguramente, lo único que conservaba de su antigua comodidad, era su criado.

 

Hasta aquí y por lo que vemos en este pasaje, la sunamita es una mujer importante en principio, porque tiene recursos económicos en tiempo de crisis económica y hambre; tiene casa cómoda y criados, así como un esposo reconocido (nos recuerda a la mujer virtuosa del libro de Proverbios, cap. 31).

 

Si esta mujer (como vemos), alcanza a distinguir que Eliseo es un varón de Dios, entonces ella cuando menos reconoce que hay un Dios verdadero. Lo que ella entiende de Eliseo lo hace saber a su marido con un propósito.

 

Hace saber su propósito a su marido (es también influyente en él). No teme solicitarle algo para la obra de Dios. Ella toma en cuenta a su esposo y le solicita preparar una alcoba o habitación para que en ella descanse y duerma el varón de Dios cuando pase por allí. El Marido es noble, esta mujer tiene mayor iniciativa y perspicacia que él. Ambos son misericordiosos. La habitación para Eliseo es construida o preparada junto al muro de entrada (el plan se concreta). Por lo tanto, Eliseo utilizó lo que Dios le proveyó y posó allí cuando pasaba. Este tipo de habitaciones preparadas para los visitantes por las personas pudientes, normalmente estaban separadas de la casa principal por un patio. Ese aislamiento era propicio para el descanso, la meditación o el estudio de quien se quedara allí.

 

Pero el varón de Dios es agradecido con Él y con las personas que le ayudan y desea favorecer en algo a la sunamita. Eliseo es conocido tanto por el Rey de Israel como por el de Siria y por los generales de ambos ejércitos; uno de ellos es Naamán (2ª. R. 5), el profeta es respetado y pudiera abogar por la mujer en alguna necesidad de ella. Ante una mujer influyente, Eliseo es más influyente, pero sobre todo, porque es el varón escogido por Dios. Pero ella es una mujer humilde (que se identifica con el pueblo) y sirve al varón de Dios sin interés alguno. ¿Qué le faltaba a esta mujer que ningún rey terrenal le podía dar?

 

Las mujeres orientales consideraban (y consideran) una deshonra la esterilidad; alientan mayor deseo de tener hijos que otras mujeres de cualquiera otra parte del mundo (Gn. 18:10-15). Un hijo sería para esa mujer la mayor felicidad y el criado de Eliseo se ha dado cuenta de esta necesidad.

 

Ella es obediente a Dios y acude al llamado de Eliseo, aunque no sabe para qué. Allí recibe de Dios una promesa de que tendrá un hijo pasando un año. Se conjuga en ella el gozo de la promesa recibida, con lo imposible que suena su cumplimiento, pues su esposo es viejo.

 

Entre lo que se narra de los versículos 16 y 17 de este pasaje pasa un año. Dios cumplió su promesa en ella. El hijo que Dios le concedió seguramente le proporcionó más alegría que tener un esposo bueno, que tener muchos bienes y muchas influencias.

 

Hasta aquí, podemos recapitular para ver cuáles son las aplicaciones a nuestra vida:

 

· Debemos estar interesados (como la sunamita), en la obra de Dios que Él realiza en todo lugar (y que nos identifiquemos en la obra).

· Que la mayor influencia que tengamos sea por nuestro buen testimonio.

· Que esta mujer es virtuosa y es ejemplo para las mujeres cristianas.

· Que si la mujer tiene influencia en su marido, sea buena influencia.

· Que la mujer tome en cuenta a su marido y él a ella.

· Que las mujeres y varones cristianos deben ser misericordiosos.

· Que no importa la cantidad de bienes que tengamos, siempre debemos conservar la humildad (e identificarnos con los que menos tienen).

· Que debemos ser obedientes al llamado de Dios en cualquier momento.

· Que las promesas de Dios siempre se cumplen (porque no hay imposibles para Él)

· Que todo lo que se hace para Dios tiene recompensa.

Que los hijos son uno de los tesoros más grandes que Dios nos ha dado.

 

Veamos lo siguiente, preparativo de la continuación del tema que nos ocupa:

 

Dios da y Dios quita; pero Él también restituye lo perdido; estemos dispuestos a alabar su nombre en toda circunstancia.

 

18 Y el niño creció. Pero aconteció un día, que vino a su padre, que estaba con los segadores;

19 y dijo a su padre: !!Ay, mi cabeza, mi cabeza! Y el padre dijo a un criado: Llévalo a su madre.

20 Y habiéndole él tomado y traído a su madre, estuvo sentado en sus rodillas hasta el mediodía, y murió.

21 Ella entonces subió, y lo puso sobre la cama del varón de Dios, y cerrando la puerta, se salió.

22 Llamando luego a su marido, le dijo: Te ruego que envíes conmigo a alguno de los criados y una de las asnas, para que yo vaya corriendo al varón de Dios, y regrese.

23 El dijo: ¿Para qué vas a verle hoy? No es nueva luna, ni día de reposo. Y ella respondió: Paz.

24 Después hizo enalbardar el asna, y dijo al criado: Guía y anda; y no me hagas detener en el camino, sino cuando yo te lo dijere.

25 Partió, pues, y vino al varón de Dios, al monte Carmelo.

Y cuando el varón de Dios la vio de lejos, dijo a su criado Giezi: He aquí la sunamita.

26 Te ruego que vayas ahora corriendo a recibirla, y le digas: ¿Te va bien a ti? ¿Le va bien a tu marido, y a tu hijo? Y ella dijo: Bien.

27 Luego que llegó a donde estaba el varón de Dios en el monte, se asió de sus pies. Y se acercó Giezi para quitarla; pero el varón de Dios le dijo: Déjala, porque su alma está en amargura, y Jehová me ha encubierto el motivo, y no me lo ha revelado.

28 Y ella dijo: ¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije yo que no te burlases de mí?

29 Entonces dijo él a Giezi: Ciñe tus lomos, y toma mi báculo en tu mano, y ve; si alguno te encontrare, no lo saludes, y si alguno te saludare, no le respondas; y pondrás mi báculo sobre el rostro del niño.

30 Y dijo la madre del niño: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré.

31 El entonces se levantó y la siguió. Y Giezi había ido delante de ellos, y había puesto el báculo sobre el rostro del niño; pero no tenía voz ni sentido, y así se había vuelto para encontrar a Eliseo, y se lo declaró, diciendo: El niño no despierta.

32 Y venido Eliseo a la casa, he aquí que el niño estaba muerto tendido sobre su cama.

33 Entrando él entonces, cerró la puerta tras ambos, y oró a Jehová.

34 Después subió y se tendió sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre las manos suyas; así se tendió sobre él, y el cuerpo del niño entró en calor.

35 Volviéndose luego, se paseó por la casa a una y otra parte, y después subió, y se tendió sobre él nuevamente, y el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos.

36 Entonces llamó él a Giezi, y le dijo: Llama a esta sunamita. Y él la llamó. Y entrando ella, él le dijo: Toma tu hijo.

37 Y así que ella entró, se echó a sus pies, y se inclinó a tierra; y después tomó a su hijo, y salió.

2°. Reyes 4:18-37

 

La mujer sunamita tuvo un hijo conforme a la promesa que Dios le había hecho a través del varón de Dios. Seguramente el nacimiento de este niño fue uno de los acontecimientos más maravillosos de su vida.

 

Pasaron varios años entre lo que narran los versículos 17 y 18. El niño creció, caminó y habló. Tal vez tenía ya entre 6 y 11 años (no lo sabemos).

 

Pero un día este niño enferma de muerte (algunos creen que de insolación, que es común en el tiempo de la siega, los síntomas son dolor de cabeza, estupor y fiebre inflamatoria; es fatal en algunas ocasiones).

 

El hecho de que el padre envía al niño con su madre muestra, no su irresponsabilidad, sino su reconocimiento a la capacidad de su mujer.

 

El versículo 20 nos muestra  un cuadro de amor maternal poderoso a la vista, pero un cuadro triste. Aquel pequeño cuyo advenimiento había proporcionado a sus padres la mayor alegría; que les había sido prestado por Dios, para su cuidado, Él también se lo llevo y murió en los brazos de su madre. No es fácil comprender los designios de Dios, pero somos llamados a entender que sus decisiones son perfectas (Job. 1:21). La mujer doliente, regresa a Dios aquel hijo que le había dado (o lo pone en sus manos), lo deposita en la cama del varón de Dios cuando éste no está presente. Es probable, que la Sunamita haya ocultado heroicamente la muerte de su hijo a su esposo, pensando todavía que algo puede suceder. Manifiesta a su esposo el deseo de ir a ver al varón de Dios, pero luna nueva o día de reposo eran días considerados santos para los israelitas; propicios para consultar a Dios a través de los sacerdotes y profetas y ese día no alguno de ellos, como su esposo le dice. La respuesta “paz” dada al marido, probablemente indica la negativa de la Sunamita a revelar el propósito y a evitar fluir su sentimiento.

 

Aquí se ve lo grande que es el amor de una madre; lo que este amor provoca y es capaz de hacer. El amor es sufrido (1ª Co. 13:4), todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (1ª Co.13:7). Esta mujer viajó apresuradamente unos 32 km. en una asna, hasta llegar al monte Carmelo, para entrevistarse con Eliseo. Se resiste a revelar su propósito hasta no estar junto al varón de Dios. Sabiduría en el dolor. Al estar a los pies de Eliseo, ella cayó en un violento paroxismo de dolor. Eliseo entendió que ella estaba abrumada por una aflicción desconocida para él. La alegría anterior de haber visto nacer al pequeño había sido sobrepasada por la tristeza de verlo muerto.

 

Pero era necesario que así ocurriese, para que se manifestara la obra de Dios y para darle gloria a Él.

 

Ella hace una especie de recriminación al profeta, pero con respeto, ¿para qué le permitió tener una dicha tan grande y después una tristeza superior a la dicha? Hasta entonces Eliseo comprende que el niño ha muerto y que en esta ocasión Dios no se lo había revelado antes.

 

El profeta, acostumbrado a hacer maravillas a través de la palabra, a través de objetos y a través de su criado, da instrucción a éste de que ciña sus lomos (que prepare su vestido recogiéndolo un poco, para realizar una tarea que requiere diligencia). El báculo, bordón o bastón se usaba por los ancianos que ya no podían desplazarse sin apoyo, pero en el caso del profeta, podía ser también un símbolo personal de la autoridad de Dios en él y envía a su criado a que ponga el báculo sobre el cadáver para que resucite. Como Eliseo tenía libertad de parte de Dios para hacer milagros, creyó que era suficiente enviar su bordón.

 

Pero la sunamita muestra determinación en que Eliseo debe acudir personalmente. Efectivamente, en esta ocasión, Dios no permitió que el niño resucitase por medio de otra persona ni por medio del báculo personal de Eliseo.

 

Ya en la alcoba, Eliseo oró. Tal vez se preguntaba por qué Dios había cambiado las cosas y además no le permitió resucitar al niño al primer intento. Era necesario que el varón de Dios transmitiese de su propia vida y energía a este pequeño cadáver. Juntó se cuerpo con el del pequeño. Una y otra vez lo intentaba y no había resultados; se paseaba a un lado y otro de la habitación con cierta incertidumbre y tal vez desesperación. Tal vez hubo momentos en que el profeta se preguntó ¿qué está pasando?

 

Pero después se mostró el poder de Dios y aquel niño revivió. Al llamado de Eliseo, nuevamente la mujer sunamita, la mujer importante, fue obediente y acudió. La noticia era la mejor, el niño había resucitado. Ella mostró su agradecimiento a Dios y se fue alegre con su hijo.

 

La enseñanza para nosotros es:

 

· El nacimiento de un hijo o hija, es uno de los acontecimientos más maravillosos de nuestra vida.

· Debemos dar reconocimiento a la capacidad de la mujer.

· El amor maternal nos enseña que Dios es real, su manifestación nos hace ver que somos semejantes a Él.

· A veces no es fácil comprender los designios de Dios, pero sabemos que sus decisiones son perfectas.

· Algo puede suceder, si estamos en Dios, será maravilloso, si no es así, será terrible.

· La sunamita viajó unos 32 km para oír los designios de Dios; nosotros los podemos conocer en donde nos encontremos, será suficiente estar en comunión con Él.

· Se requiere de la sabiduría de Dios en medio del dolor.

· Las maravillas que nos ocurren son para que se manifieste la obra de Dios y para darle gloria a Él.

· Mostremos determinación en toda circunstancia, con la ayuda de Dios, apoyados en su poder.

· Eliseo oró y tal vez se preguntó: ¿qué está pasando? Oremos, antes de hacernos esta pregunta.

· Se mostró el poder de Dios y aquel niño revivió. Dios muestra hoy su poder de muchas maneras, a través de la vida cristiana.

· Seamos obedientes.

Mostremos agradecimiento a Dios en toda circunstancia. A Él sea la gloria.

 

 

Las “Las cartas de Amarna” son tabletas en barro encontradas en Egipto, escritas en hebreo, son correspondencia en la que los israelitas se quejan ante el faraón Amenofis III  de la invasión de Moab a la tierra de Israel. Se conservan dos cartas escritas por una mujer (el único corresponsal femenino), llamada Baalat-Nese que quiere decir “mujer a la que le ocurrió una maravilla”. Esta mujer que escribe al faraón, es una mujer importante de Sunem (tomado de “siglos caóticos” de Immanuel Velikovsky. Ed. Diana. México, págs. 258 y 259).