El Horno de fuego

Sermones

El Horno de fuego

4 de julio de 2010

 

Así como en los tiempos de Daniel el profeta, el horno de fuego no hizo daño a sus amigos, Dios nos ha librado del horno de fuego reservado para los que no creen en su Hijo Jesucristo.

 

 

1El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro cuya altura era de sesenta codos, y su anchura de seis codos; la levantó en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia. 2Y envió el rey Nabucodonosor a que se reuniesen los sátrapas, los magistrados y capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las provincias, para que viniesen a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado. 3Fueron, pues, reunidos los sátrapas, magistrados, capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las provincias, a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado; y estaban en pie delante de la estatua que había levantado el rey Nabucodonosor. 4Y el pregonero anunciaba en alta voz: Mándase a vosotros, oh pueblos, naciones y lenguas, 5que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado; 6y cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiendo. Dn. 3:1-6

 

16Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. 17He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. 18Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado. 19Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed-nego, y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado. 20Y mandó a hombres muy vigorosos que tenía en su ejército, que atasen a Sadrac, Mesac y Abed-nego, para echarlos en el horno de fuego ardiendo. 21Entonces estos varones fueron atados con sus mantos, sus calzas, sus turbantes y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo.

Dn. 3:16-21

 

24Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. 25Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses. 26Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo, y dijo: Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, salid y venid. Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego. 27Y se juntaron los sátrapas, los gobernadores, los capitanes y los consejeros del rey, para mirar a estos varones, cómo el fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado; sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olor de fuego tenían. 28Entonces Nabucodonosor dijo: Bendito sea el Dios de ellos, de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en él, y que no cumplieron el edicto del rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios. 29Por lo tanto, decreto que todo pueblo, nación o lengua que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa convertida en muladar; por cuanto no hay dios que pueda librar como éste. 30Entonces el rey engrandeció a Sadrac, Mesac y Abed-nego en la provincia de Babilonia. Dn. 3:24-30

 

Estamos en este mundo expuestos a todo tipo de influencias que buscan desalentarnos del camino de Dios o que buscan rindamos tributo a quien no es Dios. Estemos preparados siempre para dar testimonio del Dios verdadero.

 

Muy probablemente influenciado el rey Nabucodonosor por el sueño que tuvo y su interpretación (ver cap. 2), que lo mejor de aquella imagen lo representaba a él y a su reino (el oro), mandó construir una estatua de oro de aproximadamente 27 m de altura. La cantidad de oro utilizada para ello, demuestra la riqueza y el poderío de Babilonia (aun suponiendo que la estatua fuese solo revestida de oro). No se sabe qué imagen tenía la estatua ni a quién representaba. Podría representar a un dios o diosa babilónicos a al mismo Nabucodonosor. Por el contexto, se entiende que el rey decretó que esa estatua era un dios.

 

Llegado el día de la inauguración o dedicación de la estatua para el culto a la misma, convocó el rey a todas las autoridades del reino. Al ser convocados los gobernadores (y Daniel era gobernador, como dice en 2:48), uno se puede preguntar si Daniel acudió a ese llamado. Los amigos de Daniel (Sadrac, Mesac y Abed-nego), eran subordinados de él (2:49). Si Daniel estaba en la corte ¿acudió a la dedicación? El vers. 3 dice que en la dedicación, estaban de pie los presentes, pero luego se decreta que toda persona debía postrarse y adorar la estatua en cuanto escuchara los instrumentos musicales (no se sabe si los músicos recorrían las calles tocando o sólo lo hacían en la plaza donde estaba la estatua) los que no obedecieran, serían echados en el horno de fuego.

 

Al paso de los días, acusaron los caldeos a los judíos en general (maliciosamente), de no cumplir con tal decreto (había muchos judíos). Se constató que unos judíos no se sometieron en postrarse ni en adorar a la estatua (eran Sadrac, Mesac y Abed-nego), varones con cargos importantes. Algunos teólogos creen, sabiendo el testimonio fiel de Daniel, que muy probablemente él en esos días se encontraba cumpliendo en el extranjero algún encargo del Rey por eso no se habla de él.

 

Los tres judíos acusados eran muy conocidos por Nabucodonosor (ver cap. 1), pero son llevados ante la corte para responder acerca de lo que son acusados ante el rey. Dijeron al rey que no era necesario responderle, pues Dios les podía librar o no del fuego, pero que ellos no estaban dispuestos a obedecer en esto al rey (vers. 17 y 18). Preguntémonos: ¿hasta dónde obedeceremos a nuestras autoridades? El rey se enfureció contra ellos y mandó que les echasen al horno de fuego, que había sido calentado siete veces más de lo acostumbrado, al grado de que la llama mató a quienes les arrojaron atados al horno.

 

Una vez que ellos han sido arrojados, el rey se espantó cuando al mirar el horno vio no a tres sino a cuatro personas que se paseaban libremente dentro del horno, sin sufrir daña alguno. El cuarto personaje tenía un aspecto celestial. El rey les gritó, dándoles la orden de que salieran y ellos salieron ilesos. Este hecho fue público y muchos con autoridad lo constataron. Como consecuencia de este portento de Dios hecho con sus hijos, Nabucodonosor fue impulsado a bendecir al Dios de ellos, reconociendo que el cuarto personaje era un ángel de Dios que Él envió para librarlos del fuego. Por lo tanto, el rey decretó entonces que todo habitante de Babilonia tenía la obligación de no ofender al Dios de ellos, y el que lo hiciera, sería descuartizado y destruida su casa. El rey tuvo en alta estima a Sadrac, Mesac y Abed-nego (tal vez más que antes de este hecho).

 

· Los jóvenes y todos los cristianos, debemos tener muy firme la convicción de no dar adoración a otros dioses que hoy tienen formas muy sutiles y diversas, visibles o invisibles.

· Que no debemos dar veneración alguna a monumentos, imágenes u objetos de ningún material. Si hubiese alguna amenaza sobre de esto hacia nosotros, tengamos la misma convicción de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que sabían que Dios los podía librar, pero que, si no lo hacía, de todas maneras no adorarían aquella estatua. Efectivamente, Dios tiene poder para librarnos de cualquier peligro, pero también pudiera ser que no nos libre, no porque no tenga poder sino porque así lo decida en su preciosa sabiduría, pero nosotros siempre estaremos conformes.

· Así como a ellos, nuestro Dios (el mismo de ellos), en ocasiones no nos ha librado del horno, pero sí nos ha librado del fuego.

· Es necesario que las personas que nos rodean sepan quiénes somos y que nuestro Dios nos ampara.

El grave error de Nabucodonosor (que después lo pagaría a muy alto precio), consistió en dar reconocimiento al “Dios de ellos”, en lugar de reconocerlo como su propio Dios y como el único Dios verdadero. En esto siguen incurriendo muchas personas que son testigos de las grandes maravillas que hace Dios, pues reconocen que es poderoso, pero no lo hacen su Dios.