Cumplimiento de la Promesa del Espíritu Santo

Sermones

Cumplimiento de la Promesa del Espíritu Santo

31 de mayo de 2009

 

La iglesia fundada por Cristo Jesús sigue caminando hacia adelante, alentada e impulsada por el Espíritu Santo de Dios que la prepara para el regreso de su fundador.

 

 

1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.

2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;

3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.

4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

5 Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.

6 Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.

7 Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?

8 ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?

9 Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia,

10 en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos,

11 cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.

12 Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? Hch. 2:1-12

 

 

Este es un tema eminentemente doctrinal y por lo tanto, fundamental, pues en varios casos su comprensión hace la diferencia entre una denominación evangélica y otra. Cinco pasajes bíblicos son antecedente y base en este tema:

 

· Lev. 23:15-17 La fiesta de Pentecostés.

· Joel 2:28,29 La profecía sobre el derramamiento del Espíritu Santo.

· Juan 14:15, 17, 26 La promesa del Espíritu Santo.

· Hch. 2:1-12 El cumplimiento de la promesa del Espíritu Santo y la fundación de la iglesia.

1ª. Co. 13:8 y todo el capítulo14 El término del don de lenguas y el orden en el culto a Dios.

 

Levítico 23 habla de las fiestas más importantes del pueblo judío. Sabemos que cada una de ellas era un tipo, señal, figura o modelo de lo que habría de ocurrir después y que Dios estaba anunciando. Por ejemplo, la pascua prefiguraba al Cristo redentor y la salvación que traería. En las fiestas, de los panes sin levadura eran un recordatorio de la comunión con Cristo, de limpieza y entrega delante de Él. La fiesta de las primicias anunciaba al Cristo resucitado. La fiesta de Pentecostés, celebrada el día cincuenta después de las primicias, era una figura de la fundación de la iglesia. Se celebraba el sexto o séptimo día de Siván (mayo- junio). También se le conocía como la fiesta de las semanas ó de la cosecha (Lv. 23:15-21), Pablo daba importancia a esta fiesta (Hch. 20:16 y 1ª. Co. 16:8), era la única fiesta que se celebraba con panes con levadura como primicias a Dios (la levadura representa pecado en toda la Biblia), porque en la iglesia local hay pecado. En la celebración de esa fiesta se habla no de gavillas (manojos) de trigo, que están juntas, sino de pan, cuyas partículas forman un solo cuerpo homogéneo (la iglesia). Ver Lv. 23: 15-17

 

En Joel 2:28,29, leemos que él profetiza acerca del advenimiento del don de lenguas que serviría como motor para la difusión del evangelio a toda lengua, raza y nación. Se cumplió lo anunciado por este profeta, cientos de años después, en el capítulo 2 del libro de los Hechos de los Apóstoles.

 

En Juan 14:15-17, 26 Jesús hace la promesa a sus discípulos de que no los dejará solos, sino que les enviará el Espíritu Santo, el Consolador, para que les acompañe y les capacite. También les dijo que esperasen hasta que el Espíritu Santo viniese sobre ellos (Lc. 24:49; Hch. 1:8).

 

El advenimiento del Espíritu Santo es consecuencia de la muerte y resurrección del Señor Jesucristo, que se apareció a sus discípulos durante 40 días y en una de esas ocasiones, a más de quinientos hermanos a la vez (1ª. Co. 15:6).

 

En esta ocasión que nos narra el Libro de los Hechos (cap. 2), habían transcurrido cincuenta días desde la resurrección de Jesús (la fiesta de las primicias) y era la fiesta de Pentecostés. El cumplimiento de la promesa del Espíritu Santo unió a los discípulos en un solo organismo. Esa fiesta marcó el nacimiento de la iglesia de Cristo, que tiene como cabeza a Él mismo, resucitado y exaltado. Ef. 1:22,23

 

El día de Pentecostés, el Padre manda el Espíritu Santo (Consolador), en respuesta a la oración de Jesús (Jn. 14:16,17). Se oye un estruendo del cielo, viento recio (hecho sobrenatural), y se aparecen lenguas como de fuego; un milagro y fueron todos llenos del Espíritu Santo.

 

La ciudad de Jerusalén era (como ahora), eminentemente cosmopolita, pues allí se encontraban personas de diversas naciones, lenguas y razas, cuánto más en los tiempos de la celebración de las fiestas judías, que congregaban a judíos de muchas naciones y también a prosélitos (personas que se no siendo judíos de nacimiento, se habían hecho judíos por religión).

 

Los ciento veinte reunidos, no eran personas cualesquiera, pues estaban allí porque tenían fe en Jesucristo.

Éstos, inflamados por el Espíritu Santo mediante lenguas como de fuego (no de fuego), repartidas sobre cada uno, comenzaron a hablar en las lenguas o idiomas de los que no eran hebreos (pues cada uno les oía hablar en su propia lengua), éstos se sorprendieron sobre todo, porque lo que oían eran las maravillas de Dios (y lo más maravilloso en aquel entonces y ahora, es que sólo hay salvación en Cristo Jesús). Los versículos 9 al 11 nos dan el detalle de la diversidad de personas que teniendo diferentes idiomas recibieron todos un mismo mensaje de salvación.

 

Así que, al llegar el Espíritu Santo, se restaura la unidad perdida en Babel (Gn. 11), donde los que bajaron de la torre fueron confundidos en lenguas que entre ellos ya no les permitía entenderse. Pero aquí la repartición de lenguas implicó claridad y unidad, no confusión como en Babel, la cual es la antítesis de Jerusalén en este capítulo 2 del Libro de los Hechos. Allá confusión y aquí unidad, orden y claridad. Eso es lo que quiere Dios en las iglesias cristianas.

 

Cuando Pablo escribió la Primera Carta a los Corintios, aún estaba vigente el don de lenguas, pues eran tiempos de señales y revelación de Dios, los cuales han culminado, pues tenemos la revelación completa en la palabra de Dios que es la Biblia. Ya en aquel entonces había excesos, sobre todo entre las personas que supuestamente hablaban en lenguas desconocidas que nadie entendía y que se presentaban delante de los demás como si fuesen más santos o especiales para Dios que los demás. Cuando en 1ª. Co. 13:1, dice Pablo “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas…”, está manifestando un supuesto, no está diciendo que él las hable ni que existan lenguas angélicas que nadie entiende, porque por cierto, todas las veces que los mensajeros de Dios hablaron con hombres, hablaron en el idioma de los hombres, perfectamente entendible. En 1ª. Co. 13:8, encontramos la indicación de que las lenguas y otras señales se acabarían.

 

La repartición sobrenatural del don de lenguas de parte de Dios sobre sus seguidores, fue para que sirviera de motor y de plataforma para la divulgación del evangelio en todo el mundo, pues este don era para señal a los incrédulos (1ª. Co. 14:22).

 

Es muy importante que el cristiano no se deje engañar por aquellos que hoy, no leyendo con cuidado ni responsabilidad la palabra de Dios, andan enseñando que el don de lenguas está vigente. A este respecto es necesario también leer con cuidado el capítulo 14 de la Primera Carta del Apóstol Pablo a los Corintios, para darnos cuenta de que, ya desde aquellos tiempos había charlatanes que pretendían hablar en lenguas pero en realidad no era así y a los cuales el apóstol se encargó de exhibirlos para que ya no engañasen a otros, no obstante que a Pablo le tocó vivir el tiempo de la vigencia de las lenguas, pero tal vez también el de la extinción de las mismas. Del citado capítulo podemos tomar las siguientes enseñanzas entre muchas otras:

 

· 1ª. Co. 14:9 Hoy hablar así es hacerlo al aire.

· Vs. 10 Todos los idiomas tienen significado.

· Vs. 14, 15 Oraré con el entendimiento.

· Vs. 16, 17, 26 Primero, buscar la edificación de los demás, en adoración a Dios.

· Vs. 18, 19 El ejemplo de Pablo, que conociendo varios idiomas, prefería que en la iglesia hubiese entendimiento de lo que se estaba diciendo.

· Vs. 20 Los que tal hacen hoy, son inmaduros unos y engañadores otros.

· Vs. 23 ¿Estáis locos?

· Vs. 28 Calle, si no hay intérprete.

Vs. 33 Dios no es Dios de confusión.

 

La portentosa manifestación de Dios mediante su Santo Espíritu, en el capítulo 2 de Hechos, fue para enseñarnos que en esa ocasión nacía la iglesia de Cristo, la cual da lectura correcta a este pasaje y al propósito de Dios, para que sepamos que desde esa fecha memorable y perfecta:

 

· Cada creyente es nacido del Espíritu (Jn. 3:36, 1ª. Jn. 5:1)

· Habitado por Espíritu (1ª. Co. 6:19, Ro. 8:9-15, 1ª. Jn. 2:27 y Gá. 4:6)

· Bautizado por el Espíritu (1ª. Co. 12:12,13, 1ª. Jn. 2:20,27), que le sella para Dios (Hch. 2:4, Ef. 1:13, 4:30)

· Permanecemos en Cristo sólo con la ayuda del Espíritu Santo.

· El que permanece en Él, le lleva todas sus cargas, obtiene sabiduría, vida y poder.

· El Espíritu Santo intercede por el creyente (Ro. 8:26,27).

· Recibirle es obtener sabiduría entendimiento, espiritualidad, santidad, paz, reconciliación, responsabilidad.

· Todos los creyentes le tienen; estar lleno de Él es responsabilidad de todos (Hch. 4:29-31).

· Tiene triple relación con los creyentes “con”, “en” y “sobre” ellos.

· El Espíritu forma la iglesia y reside en la congregación.

El fundador y cabeza de la iglesia es Cristo y ésta es su cuerpo (Col. 1:18). Ningún humano debe señorearse de ella, que debe ser guiada por el Espíritu Santo.

 

Pentecostés tiene gran significado para los cristianos (y lo deben recordar).

El cumplimiento de la promesa del Espíritu Santo dio origen a la iglesia.

Las lenguas o idiomas tuvieron un propósito para los incrédulos de aquel tiempo y ya se cumplió. No está vigente el hablarlas.

La iglesia nace proclamando el evangelio y lo debe hacer hasta que su Señor Jesucristo regrese.