Visión de los cuatro reinos

Sermones

Visión de los cuatro reinos

18 de julio de 2010

 

En esta tierra los cristianos somos peregrinos y como extranjeros; el mundo no puede ser nuestro hogar, pero desde aquí y ahora, debemos conducirnos como ciudadanos del reino celestial.

 

 

1En el primer año de Belsasar rey de Babilonia tuvo Daniel un sueño, y visiones de su cabeza mientras estaba en su lecho; luego escribió el sueño, y relató lo principal del asunto. 2Daniel dijo: Miraba yo en mi visión de noche, y he aquí que los cuatro vientos del cielo combatían en el gran mar. 3Y cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, subían del mar. 4La primera era como león, y tenía alas de águila. Yo estaba mirando hasta que sus alas fueron arrancadas, y fue levantada del suelo y se puso enhiesta sobre los pies a manera de hombre, y le fue dado corazón de hombre. 5Y he aquí otra segunda bestia, semejante a un oso, la cual se alzaba de un costado más que del otro, y tenía en su boca tres costillas entre los dientes; y le fue dicho así: Levántate, devora mucha carne. 6Después de esto miré, y he aquí otra, semejante a un leopardo, con cuatro alas de ave en sus espaldas; tenía también esta bestia cuatro cabezas; y le fue dado dominio. 7Después de esto miraba yo en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies, y era muy diferente de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez cuernos. 8Mientras yo contemplaba los cuernos, he aquí que otro cuerno pequeño salía entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de los primeros; y he aquí que este cuerno tenía ojos como de hombre, y una boca que hablaba grandes cosas. 9Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. 10Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él; el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos. 11Yo entonces miraba a causa del sonido de las grandes palabras que hablaba el cuerno; miraba hasta que mataron a la bestia, y su cuerpo fue destrozado y entregado para ser quemado en el fuego. 12Habían también quitado a las otras bestias su dominio, pero les había sido prolongada la vida hasta cierto tiempo. 13Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. 14Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido. 15Se me turbó el espíritu a mí, Daniel, en medio de mi cuerpo, y las visiones de mi cabeza me asombraron. 16Me acerqué a uno de los que asistían, y le pregunté la verdad acerca de todo esto. Y me habló, y me hizo conocer la interpretación de las cosas. 17Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes que se levantarán en la tierra. 18Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre. 19Entonces tuve deseo de saber la verdad acerca de la cuarta bestia, que era tan diferente de todas las otras, espantosa en gran manera, que tenía dientes de hierro y uñas de bronce, que devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies; 20asimismo acerca de los diez cuernos que tenía en su cabeza, y del otro que le había salido, delante del cual habían caído tres; y este mismo cuerno tenía ojos, y boca que hablaba grandes cosas, y parecía más grande que sus compañeros. 21Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía, 22hasta que vino el Anciano de días, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino. 23Dijo así: La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, el cual será diferente de todos los otros reinos, y a toda la tierra devorará, trillará y despedazará. 24Y los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual será diferente de los primeros, y a tres reyes derribará. 25Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo. 26Pero se sentará el Juez, y le quitarán su dominio para que sea destruido y arruinado hasta el fin, 27y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán. 28Aquí fue el fin de sus palabras. En cuanto a mí, Daniel, mis pensamientos me turbaron y mi rostro se demudó; pero guardé el asunto en mi corazón. Dn. 7:1-28

 

El libro de Daniel es cronológico hasta el capítulo 6; a partir del 7 y hasta el 12, se dan a conocer las visiones que Daniel tuvo en diferentes épocas. Las visiones y sueños de Daniel en el capítulo 7 (el tiempo de Belsasar), tiene estrecha relación con el capítulo 2, sobre un sueño que interpreta Daniel en tiempos de Nabucodonosor, en el que se habla de cuatro reinos representados en las partes del cuerpo de una imagen. Entre los capítulos 2 y 7 hay muchos años de diferencia; allá Daniel era joven; aquí es un anciano.

 

Era un tiempo en el que Dios hablaba a sus escogidos a través del sueño, hoy no ocurre tal cosa, y no porque Dios haya cambiado, pues es inmutable, sino porque así lo dispuso Él para aquel tiempo; hoy tenemos las Escrituras reveladas y por lo tanto, ya no necesitamos de sueños.

 

Pasando a las visiones del profeta en este capítulo, el gran mar al que se refiere, es el Mediterráneo, un mar que, si hablara, contaría de las grandes batallas que han tenido muchas naciones y reinos mundiales en sus aguas. La visión que aquí se relata, tiene estrecha relación (aparte del capítulo 2), con varios pasajes del Libro de Apocalipsis.

 

Las cuatro bestias de 7:3, son los mismos reinos mencionados en el capítulo 2. Aquí se habla de cuatro bestias diferentes que aparecen como una sola en Ap. 13:1-8 (pero tiene las características de estas cuatro). La primera bestia era como un león con alas y se identifica con el reino de Babilonia, conforme a lo que dice Dn. 2:37,38. Sus alas fueron arrancadas pero se levantó como si fuese un hombre y se le dio corazón de hombre. Siguiendo la secuencia de ver sólo en estas bestias a reinos o potencias mundiales, la segunda bestia, que parece un oso y tiene una deformación en el cuerpo, representa al imperio medo–persa (Dn. 2:39); tenía en su boca tres costillas de alguna victima y le fue dada la orden de devorar mucha carne. La tercera bestia representaría a Grecia (Dn. 2:39, 7:6 y 10:20); es semejante a un leopardo con cuatro alas y cuatro cabezas, a quien es entregado poder. Como consecuencia de la cronología, la cuarta bestia se identificaría con el imperio romano, pues es el que sucedió al griego; es espantosa y terrible y muy fuerte, con dientes de hierro que devora y desmenuza y las sobras arrasa con sus pies. Tiene diez cuernos. Pero luego surge otro cuerno pequeño en medio de aquellos diez y a consecuencia de ello son arrancados tres. El cuerno pequeño tenía ojos y una boca que hablaba grandes cosas (en contra de Dios). En Ap. 13 vemos que la suma de estos reinos representa a la bestia y en Ap. 17:12 y 13, los diez cuernos son diez reyes que ceden su poder a la bestia, la cual tiene poder para actuar cuarenta y dos meses (tres años y medio), que se supone es la segunda parte de la gran tribulación, como dice (Ap. 13:5). Es tanta la soberbia de esta bestia, que pensará cambiar los tiempos y la ley; hará maravillas de maldad cuales nunca ocurrieron y hasta hará hablar a una imagen. Las grandes palabras o blasfemias del cuerno pequeño son apagadas cuando la bestia es destruida (la cuarta o la mezcla de cuatro), por el poder de Dios. Pero la Palabra de Dios nos enseña que finalmente es puesto fin a la maldad, no sólo de la bestia, sino de los tres que atentan contra Dios (Satanás, la bestia y el falso profeta), cuando el Anciano de días se sienta en su trono (Ap. 1:14), al cual alaban millones de millones (Ap. 5:11). Ese ambiente precioso nos remite a la apertura de los libros (Ap. 20:12). Podemos entender (por Ap. 20:4), que el reino de los santos del que se habla en este capítulo 7 de Daniel, es el milenio.

 

A Daniel le es permitido tener el privilegio de ver en visión la aparición de Jesús (Mt. 24:30, 26:64), como el Hijo del hombre, llegando hasta el anciano de días, el cual le entrega todo el poder y la honra eternos (Ap. 11:15). El impacto que tiene Daniel en esta visión, hace que pregunte a uno (no se sabe a quién), acerca de la interpretación de todo esto. Le es revelado que las cuatro bestias son a la vez cuatro reyes. En el versículo 18 se habla del reino que recibirán los santos para siempre (Ap. 22:5).

 

Pero Daniel quiere saber más de la cuarta bestia y sus diez cuernos, así como del cuerno pequeño y de cómo los santos reciben el reino. Ésta es la explicación de lo que pregunta Daniel: Aquel cuerno pequeño (parte de la bestia), tendrá poder durante tiempo, tiempos y medio tiempo (3 años y medio). La cuarta bestia tiene en Ap. 12:3, siete cabezas y diez cuernos y una diadema en cada cabeza (es un dragón que transfiere su poder a una bestia de las mismas características, como dice Ap. 13:1–4). Es una suma de reinos poderosos en la tierra, por eso, la bestia descrita en Ap. 13: 5–10 es la misma de Dn. 7:7.

 

Durante el reinado de los santos (el milenio), el mal no tendrá poder alguno (Ap. 20:7) y ellos nunca más estarán expuestos al mal (Ap. 22:5), será el inicio de un reino eterno. Leyendo Ap. 20:4–6, vemos que el milenio separa las dos resurrecciones. Después vendrá la gran batalla de Armagedón (Ap. 20:7–10), donde el mal es vencido por Dios (Satanás y sus huestes son lanzadas al lago de fuego y azufre por la eternidad). Luego serán destruidos la tierra y el cielo, como podemos leer en Is. 51:6, 2ª Pe. 3:7 y Ap. 20:11, pues habrán cumplido su propósito (debieran leer los textos citados aquellos que predican que la eternidad será en la tierra). Después, ocurrirá el juicio final. En seguida, la eternidad, en la que el primer gran evento es la celebración de las Bodas del Cordero (Ap. 21 y 22), a las cuales están invitados ya desde ahora, todos aquellos que han creído que Jesucristo es el Hijo de Dios, que es el Único Salvador y Señor; el Único Mediador entre Dios y los hombres.