Un llamado al jefe de familia

Sermones

13 de marzo de 2011

 

A través del jefe de familia que cumple sus tareas, Dios trae grandes bendiciones a la familia; pero el que no cumple, trae aflicción a los que se supone que ama.

 

 

1  Dijo Dios a Jacob: Levántate y sube a Bet-el,  y quédate allí;  y haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú.

2  Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con él estaban: Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros,  y limpiaos, y mudad vuestros vestidos.

3  Y levantémonos,  y subamos a Bet-el; y haré allí altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia,  y ha estado conmigo en el camino que he andado. Gen 35:1-3

 

Antes de una fecha o acontecimiento importante, hacemos preparativos para que todo ocurra de la mejor manera (eso es bueno). Para tales preparativos debemos distinguir lo sustancial de lo que no lo es. En Génesis 26 vemos que Isaac está en tiempo de prepararse para que Dios le confirme el pacto que hizo con su padre Abraham, pero existe hambre en la tierra de Canaán (donde habita) y Dios le pide se traslade a tierra de los filisteos y habite allí. En el capítulo 28 observamos que Isaac envía a su hijo Jacob a Padan-arám (la tierra de su madre Rebeca), para que de allí tome mujer y allí se quede a vivir. En la región de Harán Jacob un sueño maravilloso, allí recibe la esperada promesa y erige una piedra como señal en el lugar que él nombra como Bet-el (28:18-22). El capítulo 31 nos ilustra que (después de muchas dificultades), Jacob se dirige a Canaán (de regreso). Pero en ese camino debe ocurrir lo inevitable; tarde que temprano se debe cruzar en el camino con su hermano Esaú a quien él ha agraviado de diversas maneras y a quien tiene miedo, como lo registra el capítulo 27. En 32:1-21, se registran los preparativos que hace Jacob para el inexorable encuentro con su hermano. En 32:22-32 se registra un hecho sobrenatural en el que Jacob lucha contra Dios, después de pasar el vado de Jaboc (al Noreste del Mar Muerto). A partir de ese momento, Jacob es llamado Israel (32:28). Este hecho otorga a Israel la fuerza suficiente para encontrarse con su hermano (como se ve en el capítulo 33). Hasta aquí, vemos que Jacob tuvo que hacer preparativos para tres eventos importantes:

 

casarse

recibir la promesa de Dios dada antes a sus antepasados Abraham e Isaac

encontrarse con su hermano.

 

Así llegamos a este pasaje (Gén 35:1), en el que Dios dice a Jacob que vaya a establecerse en Bet-el para edificar allí un altar a Él, un lugar que conoció cuando huía de su hermano Esaú (28:18,22). En Bet-el (antes luz), como hemos visto, tuvo un sueño estremecedor en el cual recibe la promesa dada a Abraham. En aquella ocasión Jacob erigió una piedra que había usado como su cabecera, como señal para allí hacer una casa para adorar a Dios y en esa ocasión Jacob voluntariamente promete a Dios el diezmo de todo lo que Él le de. Esta instrucción de Dios es dada al jefe de familia y de familias (un patriarca), para que fije un lugar para la adoración al Dios verdadero; un lugar en el que apenas estaba puesta la primera piedra (28:18) y que había sido descrito por el mismo Jacob como “casa de Dios y puerta del cielo” (28:17). Aparte de patriarca, Jacob o Israel estaba fungiendo como sacerdote de Dios en un tiempo en que el sacerdocio no estaba instituido por la ley (pues ésta no existía aún).

 

Todo jefe o jefa de familia de hoy debe hacer la misma función sacerdotal en el seno de su propia familia, llamando a los suyos a  la adoración al Dios verdadero y dirigiendo la misma (que es una forma de evangelizar).

De manera semejante a Jacob, el jefe de familia que haga esto, gozará de la bendición dada a Jacob para su familia, la cual al andar en el camino de Dios, podrá alcanzar el extremo superior de aquella escalera que llega a Dios. Todo lo aquí dicho no se contrapone al hecho de que la salvación es individual, sino que la alienta; si el jefe de familia enseña la sabiduría de Dios, sus familiares tendrán los elementos para ser salvos. Si su familia ya conoce de Dios, el jefe de familia ayudará a que ninguno se desvíe del Camino.

 

Jacob se había equivocado muchas veces y había actuado de manera abusiva, tramposa y mentirosa, pero ahora tenía que ser acertado. Es importante que los hijos pongan atención cuando el jefe de familia les convoque a la adoración aunque hayan visto en él muchos defectos. Es de vital importancia que los padres de familia cumplan con esta función sacerdotal aunque no se sientan dignos. Llamemos a todos en casa a la adoración al Dios verdadero en el hogar y en el templo. No supeditemos la adoración a los propios gustos o en base a prejuicios, sino solo procurando obedecer a Dios. Si esperamos no tener errores para convocar a la adoración a Dios, nunca lo haremos. Que sea un llamado no de costumbre, sino de continua limpieza, santidad y temor a Dios. Un llamado a evitar la idolatría en cualquiera de sus formas y que el jefe de familia se esfuerce en el ejemplo. Cuando el jefe de familia es un líder que siguen todos en casa, debe aprovechar ese liderazgo para llevar a los suyos a la adoración a Dios, en lugar de aprovecharlo para limitarlos o impedirles que vayan al templo.

 

En esa adoración contemos las grandes cosas que ha hecho Dios con nosotros. Humillémonos ante Él y enseñemos así a los nuestros. Que no seamos de los que dicen a su familia “no vayas al templo “o” no hay que ir hoy porque a mí no me gusta”. Jacob cumplió con el llamado aunque no todos sus hijos obedecieron, pero él cumplió. Dios nos habla en lo individual para cumplir responsabilidades colectivas. En muchas parábolas el Señor Jesús mostró la relevancia del jefe de familia. Ésta es una responsabilidad intransferible, Dios nos demanda esto a cada uno, estemos preparados para responder afirmativamente.