Trascendencia de la oración

Sermones

27 de febrero de 2011

                                                                                        

Las oraciones de los cristianos fieles trascienden el momento y el lugar en que son realizadas y se escuchan en el cielo delante del trono de Dios y entonces ocurren grandes cosas.

 

 

3  Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro;  y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

4  Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

5  Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar,  y lo arrojó a la tierra;  y hubo truenos,  y voces,

y relámpagos,  y un terremoto. Ap. 8:3-5

 

Juan, el apóstol de Jesús que fue el último de los doce en morir, escribió por revelación de Dios el libro de Apocalipsis (1:1), en el cual describe lo que serán los últimos tiempos. En el capítulo 5 (vers. 4, 5), se nos dice que Jesús es el único digno de abrir el libro que contiene los juicios de Dios durante la Gran Tribulación y romper sus sellos (cada sello indica un juicio). El capítulo 6 nos habla de los sellos.

 

Lo que estudiaremos relacionado a la oración está insertado en la visión de Juan (los últimos tiempos); al respecto es necesario que recordemos que tenemos una premisa: creemos en la inminencia del regreso del Señor Jesús (Jn. 14:2,3, 1ª. Co. 1:7, Fil. 3:20,21, 1ª. Ts. 1:9-10 Ap. 3:10, etc.). Eso quiere  decir que el Señor puede regresar en cualquier momento. También la Biblia dice que Él nos librará de la ira venidera (1ª. Ts. 1:10, Ap. 3:10). El hecho de que algunos se salvan en la Gran Tribulación podría indicar que son judíos que han tenido una segunda oportunidad conforme a la promesa de Dios o que son cristianos fieles hasta la primera mitad de la Gran Tribulación.

 

En el capítulo 7 de Apocalipsis vemos una especie de intermedio después de la apertura del sexto sello y antes del séptimo (el cual, quien siga leyendo verá que incluye las siete trompetas; a su vez la séptima trompeta incluye las siete copas). En este intermedio Juan ve a los ciento cuarenta y cuatro mil israelitas escogidos que alaban a Dios y después ve a una multitud incontable que le adoran, provenientes de todas las naciones, razas y lenguas. Todos éstos (se indica), han salido de la Gran Tribulación; están en la plenitud de la gloria (Ap. 7:9-17).

 

Así llegamos al capítulo 8, en el que se ve que una vez terminado el paréntesis, se abre el séptimo sello. Lo que veremos es una introducción al toque de las trompetas (8:7). En ese momento centramos nuestra atención en este mensaje. El séptimo sello es la séptima fase de lo que Dios hace en la tierra durante la Gran Tribulación.

Recordemos que no todos los eventos del Apocalipsis aparecen en orden cronológico. Abre Jesús este sello y se hace silencio solemne en el cielo. Se ha abierto gran expectación y son repartidas las trompetas a siete ángeles delante del trono. Un octavo ángel trae un incensario de oro. En el ritual judío del tiempo de la Ley, un incensario era un recipiente que colgaba de una cadena y se utilizaba para transportar los carbones encendidos del altar de bronce al altar del incienso, el cual, al desprender humo, representaba que las oraciones del pueblo subían a la presencia de Dios (Éx. 27:3, Lc. 1:8,9; el caso de Zacarías), lo cual se hacía dos veces al día (el incienso es una resina aromática de un árbol llamado en Medio Oriente Boswelia Floribunda). En el pasaje que estamos leyendo (Ap. 8:3), esta acción la hace un ángel que funge como sacerdote, lo cual muestra el cumplimiento y simbolismo de este ritual judío. El cumplimiento de esto se ve desde hoy, pues esto nos ilustra que las oraciones sinceras de los santos (de nosotros), llegan hasta el trono de Dios.

 

En Ap. 5:8, se da la siguiente definición de este simbolismo: las copas de oro llenas de incienso son las oraciones de los santos. Nos muestra lo valioso e imprescindible que son las oraciones de nosotros para Dios (aparte de lo valioso que son para nosotros). Dios tiene nuestras oraciones (el incienso), en un recipiente de oro. Este octavo ángel representa al Señor Jesús que impulsa y catapulta las oraciones de los santos (por eso oramos pidiendo al Padre en el nombre de Cristo Jesús). Él es quien da poder a la oración nuestra, que trasciende el tiempo y el espacio y llega al trono de Dios. No esperamos el fin de los tiempos para que nuestras oraciones lleguen a Dios; han llegado desde que las pronunciamos (en tiempo real).

 

Si de por sí los que conservamos la capacidad de asombro nos maravillamos de que podemos oír en el altavoz de un teléfono la voz de otra persona que puede estar a miles de kilómetros de distancia, cuánto más nos impresionamos de que (tan terrenales como somos), nuestra voz se oye al instante en el trono de Dios.

 

El hecho de que el incensario al caer sobre la tierra provoque sobre ella truenos, voces y relámpagos y un terremoto, muestra el poder de la oración y la participación de los cristianos en el juicio sobre la tierra en la que solo somos peregrinos. Por lo mismo, se reconoce la capacidad de los santos de ejercer juicio y reinar sobre la tierra.

 

Estemos o no en la Gran Tribulación, estemos siempre en plena comunión con Dios a través de la oración.

Permitamos que el Espíritu de Dios nos siga moviendo para orar ante el Padre, sabiendo que Cristo Jesús impulsa nuestras oraciones. Oremos en todo tiempo, la oración tiene poder de Dios, hablemos de inmediato delante de su trono, con humildad y temor.