Todos Somos Necesarios (diversidad, individualidad, unidad)

Sermones

Todos somos necesarios (diversidad, individualidad, unidad)

3 de octubre de 2010                         

 

Todas las membresías que podamos tener, otorgan ciertos privilegios, pero la más importante es la que los cristianos tenemos en el cuerpo de Cristo, por cuanto somos hijos de Dios, pero esa membresía produce en nosotros no vanagloria, sino humildad, porque deseamos parecernos al que nos llamó.

 

 

12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.

13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

14 Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.

15 Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?

16 Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?

17 Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?

18 Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso.

19 Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?

20 Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo.

21 Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.

22 Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios;

23 y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro.

24 Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba,

25 para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.

26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.

27 Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.

28 Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.

29 ¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros?

30 ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?

31 Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente. 1ª. Co. 12:12-31

 

Aquí se hace una la analogía, comparando el cuerpo humano con el cuerpo de Cristo (la iglesia). El cuerpo humano tiene varios miembros, pero todos obedecen a la cabeza, de donde se emiten instrucciones sensibles e insensibles para todo el cuerpo. Ciertamente, en el caso de las enfermedades, alguna parte del cuerpo no obedece, pero son precisamente eso, enfermedades. De manera natural y sana, todos los miembros del cuerpo obedecen a la cabeza. De manera semejante, todos los miembros del cuerpo, que es la iglesia, debemos obedecer a la cabeza que es Cristo (Col. 1:18, 24, Ef. 1:22,23 y 1ª. Co. 12:27).

 

A la vez, todos somos uno en Cristo Jesús. Este mensaje tiene una enseñanza sobre la unidad. Todos los cristianos fuimos bautizados en el Espíritu Santo, lo cual ocurrió desde el momento que creímos. Todos los creyentes somos a la vez parte del único pueblo de Dios (1ª. Pe. 2:9). Somos también, en lo individual, hijos de un mismo Padre (Jn. 1:12). En Cristo Jesús ya no hay razas, ni naciones, ni colores ni oficios, ni hombre o mujer).

 

Tan diversos como somos, aún así somos uno, porque uno y el mismo Espíritu Santo actúa en nosotros. Así que, el cuerpo, que es uno, representa a muchos. Por eso en la iglesia debemos trabajar en un mismo sentir y en un mismo sentido; todo lo que hagamos deberá ser para edificación, pues el templo no es un escaparate ni un lugar de espectáculo, ni un lugar donde queremos desarrollar lo que en otra parte no podemos, sino el lugar donde se reúne el cuerpo de Cristo y donde desarrollamos un ministerio conforme a los dones que hemos recibido de Dios.

 

Él nos considera necesarios a todos, pero si nos resistimos a una tarea a la que nos llama, podrá utilizar a otros que estén dispuestos. Todos somos importantes para Dios y unos para con los otros, pero ninguno más que otro.

 

En el versículo anterior a este pasaje (11), leemos que Dios reparte los dones como Él quiere y en el versículo 18 vemos que Dios coloca a cada uno en la iglesia como Él quiso, pues tiene el atributo de la soberanía, la cual se manifiesta en los nombramientos que la iglesia que ora y obedece hace (Hch.6:5 y 15:22).

 

Todos somos necesarios para la obra del Señor. De ninguna manera desechemos o discriminemos a alguno. Respetemos a todos no por la profesión u oficio que tengan, sino porque somos todos parte del cuerpo y hechos a imagen y semejanza de Dios (Gén. 1:26),27).

 

Dios quiere que usted se preocupe y cuide del que se encuentra al lado suyo, que también es semejante a Él; eso no quiere decir que deba procurar saber todo sobre su vida, sino que esté listo para ayudarle si lo necesita. Habrá ocasiones en que para usted, una persona ajena en parentesco pero cristiana, estará antes que su parentela en atenciones, porque en la iglesia cada uno es parte de su hermano en la fe.

 

Por eso, cuando un miembro padece, los que se duelen con él muestran que lo aman. Pero si alguno se mofara de otro, no merecería ser parte del cuerpo. Cuando un miembro recibe honra, los que se alegran con él, son los que lo aman; pero si alguno lo envidia, no merece ser (o no es) parte del cuerpo.

 

Ser parte del cuerpo de Cristo es grande responsabilidad y, en donde quiera que estemos, caminando, platicando o interactuando en general, no perdamos de vista que somos parte de la iglesia de Cristo. Ninguno es un miembro más, todos somos importantes en lo individual para Dios y para los demás.

 

Por eso Dios puso desde el principio en la iglesia que fundó (que es el cuerpo de Cristo), un orden funcional (no jerárquico), con el propósito de proclamar el evangelio:

 

1. En primer lugar, los apóstoles; porque ellos llevaban la enseñanza de Jesucristo, habiendo sido enviados directamente por Él (nosotros somos apostólicos, si seguimos las enseñanzas de los apóstoles).

2. Luego, los profetas (como estamos hablando de los dones espirituales), se refiere los que predecían y predicaban.

3. En tercer lugar, los maestros, porque transmitían las enseñanzas apostólicas y de las demás Escrituras en cada congregación local.

4. Los que hacen maravillas.

5. Los que sanan.

6. Los que ayudan (que colaboran en diversas tareas).

7. Los que administran (los bienes materiales).

Al final, los que tenían don de lenguas.

 

Si comprendemos la frase “como él quiso” (vers. 1), entendemos que allí está la soberanía de Dios, que es incuestionable y además nos indica que todos eran diferentes; es decir, no todos eran apóstoles ni todos predicadores (o divulgadores del evangelio), ni todos eran maestros (sino los menos), ni todos hacían maravillas o milagros. Ni todos tenían el poder de sanar ni todos hablaban en lenguas (pero vaya sorpresa, los que ahora dicen hablar en lenguas lo ponen en primer lugar y consideran que todos las deben hablar). Como consecuencia, tampoco cualquiera interpretaba lenguas.

 

A aquellos que anhelaban los dones de otros, Pablo les dice que los procuren, pero no quiere decir que los puedan obtener, pero aunque así lo pudieran hacer, eso no es todo y hay algo mucho más importante y que se deja de lado; el amor al prójimo (1ª. Co. 13).

 

Para que usted, como hijo de Dios aporte en el orden del cuerpo, tenga siempre en mente que todos los que asisten con usted son diferentes entre sí y ninguno está por encima de los demás, pero todos son igualmente importantes para Dios; Él acepta y capacita a todos, acéptelos como son, procure estar en un mismo sentir en unidad con ellos, ámelos sin reservas.

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