Tener fe es perseverar

Sermones

Tener fe es perseverar

7 de febrero de 2010

 

Perseverar es mantenerse con dedicación, soportando las oposiciones y gozando las bendiciones, agradeciendo siempre a Dios que nos permite continuar hasta el día del encuentro con su Hijo Jesucristo.

 

32Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos;

33por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectáculo; y por otra, llegasteis a ser compañeros de los que estaban en una situación semejante.

34Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos.

35No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón;

36porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.

37 Porque aún un poquito, Y el que ha de venir vendrá, y no tardará.

38 Mas el justo vivirá por fe; Y si retrocediere, no agradará a mi alma.

39 Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma. Heb. 10:32-39

 

En versículos anteriores (26-31), recordamos la enseñanza de que si alguno ha decidido seguir a Cristo no debe volver atrás. Si alguno no acepta la salvación por el sacrificio del Señor Jesucristo en la cruz, entonces no tiene remedio. Pero los que han recibido al Señor no deben dudar en seguirle, pues con Dios no se juega. El versículo 31 contiene palabras fuertes y veraces dirigidas a quienes conocieron y no quisieron: “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!”

Los que han creído se encuentran a salvo. El escritor a los hebreos se dirige a hermanos fieles que han sufrido gran persecución por causa del evangelio y que han pasado por padecimientos diversos.

En ocasiones olvidamos el aprendizaje de los tiempos difíciles, pero será necesario no olvidarlo, para que no vuelva a suceder. A veces creemos que solamente los hermanos nuevos en el evangelio son sometidos a pruebas pero todos estamos expuestos (por nuestro bien), todo el tiempo de nuestro peregrinar.

Dentro de las pruebas que pasaron los destinatarios de esta carta, estaban las ofensas que habían recibido de muchos para desprestigiarlos; eso provocó tal vez una discriminación que hizo que sus sufrimientos tuvieron relación con carencias y enfermedades; por estar señalados tal vez la gente no les contrataba y procuraban no tener relación con ellos. Fueron hechos burla frente a muchos y llegaron a parecer y ser como indigentes.

Los sufrimientos de estos cristianos les habían hecho comprender mejor a los necesitados, pues lo vivieron en carne propia y tuvieron la oportunidad de convivir con personas a las que habían sido obligados a parecerse (y aquí está el aprendizaje para ellos y para nosotros; debemos capitalizar todo lo que nos acontece, para nuestro bienestar espiritual.

 

Estando en esa condición, aquellos cristianos  se identificaron más con los pobres y los necesitados de diversas cosas (y se parecieron más a Jesús, porque Él primero pensó en ellos). Fueron hechos pobres a la fuerza, pero lo padecieron con gozo (Stg. 1:2), sabiendo que eran ya herederos del reino de los cielos.

En estos casos, aparte de lo que se aprende, se gana en confianza en Dios y será bueno no regresar a un nivel de confianza inferior. Confiar en Dios aleja el miedo al fracaso en las pruebas y tentaciones. Confiar en Cristo Jesús es estar seguro y protegido. El libro del profeta Jeremías, en 17:5 dice “maldito el varón que confía en el hombre”. Pero el que confía en Dios obtiene galardón.

 

Es la paciencia después de la fe (fruto del Espíritu Santo), la que permite perseverar al cristianismo hasta el día en que obtenga lo que espera (su estancia en el reino). “Habiendo hecho la voluntad de Dios” significa: haciendo lo que a nosotros correspondía como Dios lo pide. La promesa que tenemos descansa en el regreso de Nuestro Señor, lo cual será la coronación de todos nuestros anhelos en Dios.

Una máxima bíblica es ésta: “Mas el justo vivirá por fe” y tiene relación con Ro. 1:17, Gá. 3:11 y Hab. 2:3,4. El hecho de vivir por fe significa que usted:

Viva seguro de tener la vida eterna. Mientras viva en esta tierra, se conducirá y sostendrá en todo momento en Cristo Jesús. Será fiel de aquí y hasta estar con el Señor. Vivirá seguro, aunque haya pruebas. Dependerá de Dios y no de las circunstancias. Mantendrá la comunión con Dios.

Todos los cristianos (absolutamente), somos llamados a vivir por fe. El que vive por fe, vive ocupado y sirviendo a dios y a otros. La verdadera fortaleza del hombre viene cuando deposita su fe en Dios.

 

El hombre verdaderamente exitoso es el que ha creído en Dios. El que habiendo creído se olvida de las bendiciones de Dios, retrocede. El que retrocede entristece al Señor. El que retrocede puede hacer enojar a Dios.

 

Por eso, el que le sigue no debe volver atrás. Si hemos creído no dejaremos el camino del Señor, tenemos fe para la preservación del alma (el que deja el Camino, no era del Camino). Cuando pecamos retrocedemos hacia el viejo hombre, pero no somos más ese viejo hombre. Nuestra fuerza para perseverar viene de Dios; el hombre que se apoya en sus propios juicios o prudencia realmente es débil (Pr. 3:5-10). El que vive por fe agrada a Dios.