Salir a Predicar

Sermones

Salir a Predicar

7 de diciembre 2008

 

El Señor habla a nosotros en la tranquilidad de nuestra habitación o en el interior del templo, para encomendarnos algo. En ocasiones, para cumplir lo que nos demanda, tenemos que abandonar la comodidad de donde estamos y salir a las calles o las afueras de la ciudad.

 

 

15 Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

16 El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.

17 Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;

18 tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

19 Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios.

20 Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén. Marcos 16:15-20

 

Cuando Jesús termina su ministerio en esta tierra, inicia el de las personas que Él preparó. La iglesia (y cada cristiano), tenemos la imperiosa necesidad de predicar el evangelio; de transmitir las enseñanzas de Jesús, de seguir su ejemplo.

 

El Señor Jesucristo, antes de ascender al cielo y habiendo resucitado, da esta instrucción a sus discípulos: Id por todo el mundo (todo lugar) predicada toda criatura (toda persona).

Dios no hace acepción de lugares ni de personas. Se debe predicar en todo barrio, ranchería pueblo o ciudad; en las casas y en las calles. A la familia, los amigos, los parientes, los presos, los explotados, los enfermos, etc.

 

La predicación del evangelio es la actividad fundamental de todo cristiano, porque mediante ella, nuevas personas son salvas y nacen más iglesias. Todos somos llamados a predicar. Se predica en el púlpito y en los salones del templo; en las casas las calles etc. No solo se predica hablando; la predicación mejor es la que se acompaña de hechos.

 

Después de su primera venida a este mundo, el Señor nos encarga predicar para así preparar su segunda venida.

 

La base de la predicación del evangelio es enseñar que sólo hay un Dios verdadero, que hay salvación y condenación. Que la salvación del alma es creyendo en Cristo Jesús como el único Señor y Salvador, el único Mediador entre Dios y los hombres.

 

Predicar es de vida o muerte. El que creyere, tendrá vida eterna. El que no creyere, será condenado.

 

En el versículo 17 leemos sobre las señales que acompañarían a la predicación, que consistían en echar fuera demonios y hablar nuevas lenguas.. Todo esto se cumplió al pie de la letra en el tiempo y vida de los apóstoles. Aquí se habla de señales confirmatorias de la palabra predicada, que ocurrirían en el tiempo de los apóstoles. Significa que el que no predicara con fidelidad la palabra, no vería estas señales.

 

Tenemos casos de cierto exorcismo bíblico en el Libro de los Hechos, que dan cumplimiento a lo indicado por el Señor (Hch. 2:43, 5:12, 5:16, 8:7, 16:18 y 19:12). Lo más parecido a lo que ahora algunos pretenden hacer es Hch. 16:18, que es el caso de una muchacha que tenía espíritu de adivinación y es liberada por el Señor a través de Pablo. Después de esas señales de confirmación, no hay registros en la historia de la iglesia primitiva ni posterior, que se tuviese tal práctica. En Hch. 19:13-17 se habla de exorcistas ambulantes falsos. La única manera actual de expulsar al diablo de una persona es que ésta crea en Cristo Jesús.

 

Acerca de las lenguas está claro que tendrían su término como lo dice 1ª. Co. 13:8, pues eran también una señal confirmatoría de la predicación del evangelio (su cumplimiento esta en Hch. 2:4). La Biblia enseña que, cuando se hablaban, eran idiomas (Hch. 2:6-1). Lo que ahora algunos pretenden hablar nadie lo entiende y, como no hay quien interprete, no son idiomas ni son reales, porque no pasan la prueba de 1ª- Co. 14:9-11, 13, 28.

 

Aquellos que dicen creer en exorcismos, en el hablar en otras lenguas y en la imposición de manos para sanar, sería bueno verlos que desaparezcan la lepra al instante, que resuciten a un muerto o que consuman veneno y no se mueran. Pero eso no lo van a hacer, porque en eso es más difícil engañar a otros.

 

Pero, ¿entonces a nosotros ya no nos siguen señales después que predicamos? Las señales en el ministerio de Jesús eran para mostrar su divinidad. Las señales después que Él ascendió, eran para confirmar su palabra (tuvieron un tiempo en el cual, la Biblia no estaba escrita). Las señales que hoy nos acompañan en la predicación del evangelio, son las vidas trasformadas de muchos; los que estaban perdidos alaban al Señor, tienen al Espíritu Santo dentro de sí y adoptan la Biblia como su única regla de fe y práctica. Los que predican ven la confirmación en la misma Biblia.

 

Una vez que el Señor encarga la predicación a sus apóstoles, es recibido en el cielo, pues cumplió su misión y se sentó donde antes estaba; a la diestra del Padre. También nosotros tenemos un lugar seguro en el cielo, después de cumplir nuestra misión aquí. Los discípulos, ya convertidos en apóstoles, se quedaron en la tierra.

 

Nosotros también estamos en la tierra, como discípulos. Ellos se quedaron para algo muy importante, entonces nosotros también estamos aun en la tierra para algo. Ellos tenían algo que hacer, nosotros también, un trabajo. Ellos salieron y predicaron. Debemos hacer lo mismo.

 

Alguna vez el Señor les pidió a sus discípulos que permanecieran en Jerusalén y allí se quedaron, no se movieron, pero ahora tenían que salir, con el pensamiento de que eran servidores, no señores. Salieron a todas partes, hombres y mujeres; todos los que habían sido testigos. Hay tradiciones que nos hablan de los lugares tan remotos a los que llegaron cada uno de los apóstoles. Partieron en varias direcciones, es un hecho.

 

Así también en la iglesia, algunos no están, porque salieron a predicar, pero otros no están porque no les interesa difundir el evangelio. Es necesario llevar luz a los que están en oscuridad. Los discípulos se pusieron en marcha prontamente; simplemente salieron y predicaron, no pensando si llovería o no, si hacía frío o calor.

 

La mejor manera de defender el evangelio, es difundiéndolo. Ningún lugar es tan malo para no predicar allí, ni tan bueno que no necesite de la predicación del evangelio.

 

El Señor les ayudó (trabajó con ellos por medio de milagros y diversas señales), para que les prestasen atención y vieran que ellos iban de parte de Dios, el Espíritu Santo estaba con ellos, actuó en los que predicaban.

 El Señor ayuda a todos los que se involucran en este trabajo, a los humildes y a los que se sienten indignos de participar (les acompañan diversas señales). Cuando el misionero llega a algún lugar para predicar, se encuentra con que Dios ya había llegado antes que él. El Señor trabaja con nosotros. Él hace la obra siempre, desconocemos los tiempos. Nada podemos hacer si Él no nos ayuda.

 

Dios trabaja y nosotros debemos trabajar. Nunca se ha perdido un testimonio y la palabra de Dios jamás regresa vacía a Él. Las señales que Dios hace, nos acompañan hoy.