Responsabilidades cristianas básicas

Sermones

Responsabilidades cristianas básicas

7 de noviembre de 2010

 

Un grupo de personas trabajan en armonía cuando buscan lo mismo aunque sean diferentes, sirven con gozo a Dios si todos desean agradarle y dan testimonio cuando piensan en Dios antes que en ellos.

 

 

12 Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor,

13 porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

14 Haced todo sin murmuraciones y contiendas,

15 para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo;

16 asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado.

17 Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros.

18 Y asimismo gozaos y regocijaos también vosotros conmigo. Fil. 2:12-18

 

Pablo desde lejos (en Roma), estando en prisión escribe a los filipenses, preocupado porque ellos cumplan sus obligaciones como buenos administradores de los misterios de Dios. Después de que el apóstol Pablo, en un llamado de unidad a los hermanos de Filipos, ha presentado al Señor Jesús como nuestro ejemplo por excelencia, en un pasaje maravilloso (Fil. 2:1-11) y habiéndolo nosotros leído, nos deja el deseo de servir a Jesús en absoluta entrega y adoración.

 

En el pasaje que nos ocupa, Pablo inicia escribiendo “Por tanto”, o sea, como consecuencia de lo anterior, retoma el primer asunto (prioritario); la responsabilidad de ocuparse de la salvación, pero, ¿cómo es esto y qué significa, sabiendo que ya está dada?, ¿se puede hacer algo más por ella? Ocuparnos en nuestra salvación significa cuidar la vida cristiana, valorar lo que el Señor ha hecho con nosotros y actuar con agradecimiento, en alabanza y adoración a Él; vivir en plenitud nuestro cristianismo. No es solo vivirla, sino vivirla bien, andando con Dios. Ocuparnos en ella con temor y temblor es vivirla con profunda reverencia, con obediencia y respeto a Dios, procurando agradarle en todo lo que hagamos. En fin, que seamos unos buenos mayordomos en todos los aspectos de nuestra vida.

 

Podemos cumplir con esta responsabilidad si nos apoyamos en Dios, pues de Él viene la fuerza para que cumplamos. La responsabilidad nuestra descansa en el libre albedrío que Dios nos dio y éste debe conformar a su voluntad. Luego quiere decir que esta relación es armoniosa; si estamos en comunión con Él, el libre albedrío debe llevarnos a la comprensión de la voluntad de Dios en nosotros (no hay contradicción). No podemos hacer lo bueno por nuestro propio esfuerzo, necesitamos la ayuda de Él. Si hacemos mal, no podemos decir que sea la voluntad de Dios, sino que es la nuestra cuando la ponemos a disposición de la voluntad del enemigo de las almas. Evidentemente a veces, nuestro libre albedrío se opone a la voluntad de Dios, pero no puede contra su soberanía, finalmente Él hará lo que le plazca y debemos gozarnos por ello. Los creyentes que permiten que Dios actúe en ellos y echan mano de su gracia, pueden alcanzar los propósitos para los cuales Dios los salvó. Solo utilizamos bien nuestro libre albedrío, cuando lo sometemos a la voluntad de Dios (sea cual fuere).

 

El sometimiento a lo que Dios disponga se  reflejará de inmediato en el cristiano cuando éste se dispone a servir a Dios con celo en lo que Él le ha solicitado; el resultado es altamente edificante para toda la iglesia. Claro está que el enemigo nunca estará conforme con lo que sea edificante, por eso la recomendación de Pablo para no darle lugar: “Haced todo sin murmuraciones y contiendas”. Llega a ocurrir que hay celos entre algunos y, por lo mismo, murmuraciones (que significa hablar unos con otros sobre lo que no están de acuerdo al respecto de otro o de otros). Las murmuraciones pueden generar pleitos, lo cual no es deseable en los hijos de Dios. Debemos poner siempre atención a esto.

 

Es necesario que todos los cristianos, como administradores responsables, nos conduzcamos de manera irreprensible delante de Dios y de los hombres, para que verdaderamente seamos luz en medio de las tinieblas. Si hemos creído en Cristo Jesús, siempre se verá la diferencia con los del mundo. Por lo mismo, debemos estar asidos de la palabra de Dios, en la cual nunca encontramos errores ni omisiones; así el servicio tendrá fruto y recompensa. Ser luminares en el mundo implica iluminarlo, resplandecer y ser limpios; hacer el contraste con las tinieblas del mundo. El cristiano que pasa desapercibido como tal, ¿lo será?, no lo sabemos ni nos corresponde juzgar, pero enfoquémonos a cumplir en lo individual lo que Dios nos demanda; la gloria sea sólo para Él.

 

Este testimonio culminará en que otros sentirán el llamado a creer y otros a servir, sin embargo, aunque nos esforcemos, pudiera ser que muchos no acepten al Señor y eso no debe frustrarnos, pues a veces creemos que es nuestra responsabilidad que las personas crean y ese error acarrea otros más. Realmente nuestra responsabilidad es presentar el evangelio como es (teniendo nosotros buen testimonio), lo demás depende de aquellas personas que lo acepten o no y si lo aceptan, sabemos que el que da el crecimiento es Dios.

 

La iglesia de filipos a la que Pablo aquí escribe, era una iglesia ejemplar en todo, en sus ofrendas, en su doctrina y en fidelidad, Pablo estaba tan orgulloso de ellos, que él estaba dispuesto a ser solo una libación sobre el sacrificio mostrado por ellos (la libaciones el vino derramado en un sacrificio, que se convierte en vapor). Esa libación indica también sufrir por o con ellos. Nosotros tenemos la responsabilidad de predicar el evangelio (y gozarnos en ello, aunque muchos no lo reciban). Que nuestro gozo y regocijo sean en Dios y no en nosotros mismos. Sepamos que todos trabajamos para un mismo reino.

· Tenemos la responsabilidad de ocuparnos en nuestra salvación con temor y temblor, pues aunque andamos en el mundo, somos parte del reino celestial.

· Que nuestra voluntad siempre esté en armonía con la voluntad de Dios y su soberanía.

· Que sirvamos a Dios sin celos amargos ni contiendas.

· Somos responsables de conducirnos como la luz en medio de las tinieblas.

· Apeguémonos a la palabra de Dios tal como está.

· Estemos dispuestos a entregarnos totalmente a Dios; si así lo hacemos, Él nos usará para su gloria.

Después de cumplir las responsabilidades básicas, las específicas de nuestro ministerio son sólo una consecuencia de nuestra entrega a Dios y la comunión que tenemos con Él.