Regocijarse siempre

Sermones

26 de diciembre de 2010

 

La confianza que tenemos en Dios nos permite estar en paz activa; trabajando en su obra y en el hogar, sabiendo que de todo lo demás Él se encarga.

 

1Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados.

2Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo sentir en el Señor.

3Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida.

4Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!

5Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.

6Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.

7Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

8Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.

Fil. 4:1-8

 

En el capítulo anterior (el 3), al apóstol Pablo hace una reflexión sobre lo alcanzado en la predicación y la vida cristiana y manifiesta no haberlo alcanzado todo pero tener la intención de proseguir al blanco, al objetivo, al propósito o a la meta que Dios le ha trazado. Probablemente había algunos filipenses que habían perdido su ardor inicial por haber descuidado su comunión con Dios y procuraban crecer acudiendo a otros maestros y otras doctrinas. Pablo les insta al regocijo y deleite en las cosas de Dios, pues no encontrarán algo que supla o siquiera asemeje lo que se ha experimentado andando con Dios.

 

En este pasaje, vemos que al apóstol le preocupaba que los que habían conocido el evangelio a través de él se desviaran (la misma preocupación debemos tener); esto es un llamado a mantenerse firmes. No quiere decir que se nos haga responsables si algunos se desvían (pues les hemos hecho responsables en cuanto les hemos enseñado), sino que es una preocupación de amor hacia su bienestar espiritual (las almas son ganadas para Dios).

 

Una de las principales causas del desánimo de algunos (y del término del regocijo), obedece al hecho de descubrir que hay desacuerdo entre los que han sido sus maestros. Probablemente Evodia y Síntique eran hermanas fieles en la obra, pero no cuidaban las formas de manifestar sus diferencias y esto afectaba a otros más débiles en la fe.

 

Ser de un mismo sentir es procurar alcanzar lo mismo (las almas) y es hacerlo en armonía (que es ajustamiento, combinación, también significa unión y combinación de sonidos simultáneos y diferentes, pero acordes). Si fuésemos iguales, no se necesitaría la armonía, pero ninguno es igual a otro.

 

Sin embargo, esas experimentadas mujeres (Evodia y Síntique), necesitaban ayuda de un tercero (un anciano de la iglesia que no sabemos quién sea, pero es mencionado por Pablo como un compañero fiel). A veces se necesita de un árbitro neutral, centrado y fiel que ayude inspirado por Dios a diluir la amenaza de conflicto y división, porque el regocijo se diluye cuando no hay armonía.

 

El regocijo es una alegría expansiva, es júbilo y festejo (Real Academia Española). En el cristianismo, el regocijo no es solo una expresión, sino un gozo continuo. El regocijo se sostiene por una continua comunión con Dios, la cual nunca debemos descuidar.

 

El Señor Jesús está cerca en cuanto a distancia, pero también en cuanto a tiempo; esto nos debe alentar a no descuidar nuestra comunión con Él.

 

Conduzcámonos con gentileza, que significa varias cosas muy importantes, pues es contentamiento con los demás y generosidad. También significa misericordia o clemencia frente a las faltas de los demás y soportar injusticias y maltratos sin deseo ni intención de desquitarse o vengarse.

 

Pero el que tiene afán o ansiedad no se regocija. Un cristiano no debe andar en nerviosismo exacerbado, ni como una persona irascible ni intolerante. Debemos poner todo a Dios en oración, dándole gracias por lo que tenemos y hemos tenido. La ansiedad continuada indica falta de confianza en los atributos de Dios tales como su sabiduría, su soberanía y su poder.

 

Confiando en Dios tendremos paz y nos regocijaremos por el trato cotidiano que tengamos con Él, esto nos dará seguridad de que Él se encargará de los anhelos de nuestro corazón y aun de nuestros pensamientos. La paz de Dios, una vez obtenida, traspasa el entendimiento, el análisis y la sabiduría de los humanos. Tener paz con Dios significa que tendremos paz con nosotros mismos y con los demás.

 

Para apoyar el regocijo pensemos en lo verdadero y en el Verdadero, o sea, en nuestro Dios. En lo honesto (lo que es digno de respeto, lo que no avergüenza), Lo justo (lo que es correcto). Lo puro (lo moralmente bueno o limpio). Lo de buen nombre (lo que es tenido en alta estima; como los valores, los principios y la educación).

 

Como el que tiene regocijo tiene paz, sus manifestaciones serán de tranquilidad, de confianza, de serenidad y seguridad. No pensará en lo que pudo haber sido ni en lo que podría ser, sino que estará contento con lo que fue, lo que es y con lo que tiene.

 

Para no desviarnos, es necesario regocijarse en la comunión con Dios, la cual se tiene mediante la oración, la gratitud hacia Él y la reflexión continua en su palabra acompañada de las acciones que agradan a Dios, a quien solo corresponden la gloria y alabanza nuestras.