Redención y Libertad

Sermones

Redención y libertad

14 de septiembre de 2008

 

La experiencia del cristiano de cometer errores propios de los inconversos, es una experiencia cruda y difícil; Dios le permitirá ser restaurado, el costo a pagar es muy alto, ¿qué necesidad tiene de padecer como esclavo de aquello de lo que fue liberado?

 

 

Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo;

sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre.

Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo.

Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley,

para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.

Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: !Abba, Padre!

Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.

Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses;

mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?

Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años.

Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros.

Os ruego, hermanos, que os hagáis como yo, porque yo también me hice como vosotros. Ningún agravio me habéis hecho. Gál. 4: 1-12

 

El Apóstol Pablo se dirige a judíos convertidos que viven en Galacia. Hace una referencia histórica en este pasaje de las vivencias que como judíos tenían en su niñez al igual que Pablo, cuando no existía el cristianismo. Pablo tuvo su encuentro con el Señor aprox. en el año 35 d.C.

 

La esclavitud era válida y oficial en este tiempo; era benévola para quien así la quería hacer. Había la opción de convivir con los esclavos como iguales; sobre todo los niños y los adultos educados no hacían distinción entre un hijo de familia y un esclavo.

 

La diferencia de los niños de la familia con los niños esclavos, era fundamentalmente en que los primeros estaban a cargo de tutores que hacían las veces de educadores, pero también eran asistidos por curadores, que eran personas elegidas o nombradas para cuidar de los bienes o negocios o de quien no estaba en estado de administrarlos por sí. Pero todos los niños estaban sujetos a obedecer a sus mayores en todas las costumbres y tradiciones que se guardaban. Se podía decir que los niños eran un tanto esclavos de los demás (sin decisión propia).

 

Jesús nació en el tiempo en que la Ley de Moisés estaba vigente. Pero enseñó que, habiendo venido Él, ninguno ya debe andar bajo esa ley, sino bajo la gracia. El propósito de Jesús era redimir (o salvar) a los que estaban bajo la ley. Redimir quiere decir:

 

1. Rescatar o sacar de la esclavitud al cautivo mediante precio.

2. Comprar de nuevo algo que se había vendido, poseído o tenido por alguna razón o título.

3. Dejar libre algo hipotecado, empeñado o sujeto a otro gravamen.

 

Dios pagó un precio muy alto para liberar a los judíos de la Ley. Pagó con la sangre de su Hijo unigénito (el precio más alto que pueda existir), para liberarlos de la esclavitud del pecado.

Esto mismo hizo por nosotros los que no somos judíos, que no estábamos bajo esa ley, pero sí estábamos bajo la ley del pecado, cuya naturaleza heredamos desde Adán. Con ese hecho maravilloso nos adoptó, nos hizo hijos de Dios y herederos del Reino en igualdad con los judíos que habían creído, de tal manera que ahora componemos con ellos un solo pueblo de Dios. Nos hizo ingresar a la ley espiritual, la cual los cristianos tienen escrita en el corazón.

 

Y ahora en cuanto somos hijos herederos, tenemos quién vea por nosotros (Dios), que nos sustenta y nos ha dado todo lo que tenemos. Que nos defiende de todo mal. Tenemos a Dios a nuestro alcance, para hablar siempre con Él. Por lo tanto, como libres, somos privilegiados.

 

Pero no hay un heredero que no deba servir a su Padre. No estamos eximidos de trabajar para el engrandecimiento de la obra de nuestro Padre. Dios creó al hombre, diseñado para que le sirviera. Así que, el que no sirve al Dios verdadero, seguramente sirve a otros dioses (que no lo son), que no oyen ni ven, ni existen, pero reciben veneración de muchos y desvían la atención que se debe tener al único Dios. Todas aquellas cosas, personas o eventos que reciben la atención que solo se debe tener a Dios, son dioses para aquellos que tal hacen. Eso hace de natural la gente que no conoce a Dios.

 

Pero conociendo a Dios y siendo sus herederos, es traición a Él, andar en esos débiles y pobres rudimentos. En Gál. 1:6, Pablo se asombra de que personas consideradas como cristianos vuelvan a caer en estas cosas, como si fuesen esclavos de ellas (que no lo son). En Gál. 3:1, Pablo llama insensatos a los gálatas, ¿cómo es posible que habiendo conocido las delicias del evangelio, caigan otra vez en la mentira del diablo?, ¿quién los fascinó?, ¿quién los envolvió?, ¿será más fuerte aquello que la doctrina de Cristo Jesús? ¿Caen algunos cristianos en esto?, ¿muchos?, ¿pocos? Nunca más la esclavitud del pecado. Si un cristiano cae en ello, no se quedará así, se levantará contrito y humillado para servir a su Salvador. Si no se levanta, sino que se queda allí, entonces no era cristiano aunque lo parecía, pero, ¿quién podrá juzgar si lo es o no lo es? El juicio solo le corresponde al Señor Jesucristo.

 

Abusando de su libertad, muchos judíos cristianos seguían fieles las fiestas israelitas, como si el Mesías no hubiese llegado, se comportaban todavía como esclavos de la Ley. Guardaban los sábados (que en este pasaje se reconocen como los días), las nuevas lunas (los meses), la pascua (los tiempos), las fiestas de jubileo y los años sabáticos (los años). Su comportamiento de piedad obedecía al curso de los astros y las estaciones del año, en lugar de obedecer siempre a Dios. Eso también es andar en el mundo.

 

Pablo, tan humano como cualquiera de nosotros, manifiesta su sentir diciendo “Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros”. Esta declaración es muy fuerte. Un pastor, un predicador o un maestro, en ocasiones podrá tener este sentimiento cuando constata que algunos de los que han recibido el evangelio no tienen un comportamiento congruente, pero después, también como Pablo, recibe el impulso del Espíritu Santo para seguir enseñando de Dios, en medio de las ofensivas del enemigo, pues la verdad de Cristo Jesús siempre prevalecerá.

 

Por lo tanto, la exhortación para los que han caído en cualquier forma de esclavitud que es idolatría, tradición y religiosísimo es: Si en verdad han creído, regresen al principio, recuerden que el Señor pagó con su sangre el precio de su libertad y les espera con los brazos abiertos. Conduzcámonos como redimidos, como libres y herederos y no como esclavos.