El poder de la palabra de Dios                                                                                 

3 agosto 2008

 

Cuando el cristiano escucha o lee la palabra de Dios en plena comunión, Él habla a su ser y lo impulsa a obedecer.

                                                                   

La palabra es el segmento de un discurso que tiene un significado. Pero también puede darse una sola palabra sin acompañarse. La palabra puede ser escrita o hablada. Pero existen también palabras en el pensamiento y en el inconciente (o en sueños).

 

La palabra del ser humano es valiosísima y poderosa (y se pronuncia conforme a algún idioma para hacerse comprensible), es la base de la comunicación humana. Nunca debemos despreciar la palabra de nuestro prójimo, porque merece respeto. Si alguno no la oye, es porque tiene una deficiencia. Si alguno no la habla, tiene deficiencia. Han existido hombres conocidos como grandes por el hecho de ser elocuentes o precisos en la palabra que pronuncian.

 

Pero la palabra de Dios no tiene comparación con palabra de hombre. La palabra de Dios es poder de lo alto. Por su palabra fueron creados los cielos y la tierra (Heb. 11:2). Por el efecto de su palabra y aun solo de su aliento, ocurren relámpagos y los volcanes hacen erupción y la tierra tiembla. Y este es el único y mismo Dios que nos habla a nosotros en lo individual. Nos presenta su palabra por escrito. Se nos presenta mediante la voz de otros que la leen y/o la enseñan. Se nos presenta en el interior  de nuestro ser, por medio del consejo del Espíritu Santo de Dios.

 

El que obedece la palabra de Dios es el que la oye. El que la comprende, es el que es de Dios. Hay personas muy doctas en la literatura que no asimilan la palabra de Dios, porque no se han convertido a Él. Cuando alguno cree en Jesucristo es porque ha aceptado la palabra de Dios. Cuando aceptamos su palabra ocurren en nuestro interior cosas extraordinarias y sobrenaturales difíciles de explicar.

 

Pero nos ha dado su palabra para que la difundamos. El que la enseña, debe enseñarla como Dios la enseñó.

 

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Heb. 4:12

 

Es viva, porque es del Dios vivo, porque recibirla nos lleva a conocer la vida eterna. Es una palabra activa, que se mueve, que no perece.

 

Es eficaz porque “todo lo inspecciona” (como dice la Biblia Peshita); hace bien su trabajo en tiempo y forma. Nunca es escuchada en vano. Anuncia salvación y condenación.

 

Una espada de dos filos, se puede usar de múltiples maneras, cortando o clavándose, deshace la coraza con que el ser humano se cubre, la cual ha formado con ilusiones, orgullo, subterfugios, egoísmo, mentira, etc.

 

Nosotros tenemos espíritu, alma y cuerpo, pero a veces es difícil distinguir el alma del espíritu y en ocasiones se toman como sinónimos. Pero la espada de dos filos que es la palabra de Dios (Ef. 6:17) “penetra hasta la división del alma y del espíritu”, de tal manera que el hombre queda exhibido tal como es delante de la palabra de Dios, pues el alma es el asiento de los afectos y decisiones, mientras el espíritu es donde residen las facultades intelectuales. Solo Dios que juntó el alma y el espíritu, las puede separar  por su palabra (El alma que pecare, esa morirá”), pero el espíritu vuelve a Dios que lo dio. Los que creen a Jesucristo le están entregando su alma a Dios para salvación (1ª. Pedro 1:9, 4:19).

 

Pero también en el aspecto físico (el cuerpo) ocurren muchas cosas cuando alguno acepta a Dios por medio de su palabra, porque el que es pecador peca con el pensamiento y con el cuerpo. Las articulaciones llegan a ser reguladas y frenadas. Lo más íntimo del cuerpo, como es lo que está dentro de los huesos (los tuétanos) y de la columna vertebral (la médula), que son poderosos conductores de información hacia  todo el cuerpo, mejor que un grande cable de fibra óptica, reflejan en su función precisa y perfecta, que el hombre ha creído o no en Dios.

 

Como Dios puede separar el alma del espíritu, también puede por su palabra, separar el cuerpo de aquellos y mostrarnos también cuál es la liga de éste con los otros dos.

 

La palabra de Dios discierne o juzga lo que el hombre piensa y quiere hacer. El hombre se encuentra entonces desnudo en su ser y en su cuerpo delante del Creador, por el poder de su palabra. El hombre es entonces quebrantado y es salvo si acepta a Cristo Jesús anunciado en su palabra. El hombre es condenado por sí mismo si rechaza la palabra de Dios.

 

· Es bueno escuchar a nuestro prójimo, sus palabras son valiosas para nosotros.

· Pero si escuchar al prójimo es importante, ¿cuánto más lo será la palabra de Dios?, pues es vida para nosotros escuchar y leer la palabra de Dios, pues es poder de Él.

· Muchas vidas han sido transformadas porque creyeron en Cristo Jesús al escuchar su palabra.

· El Creador del Universo nos habla a cada uno.

· La palabra de Dios siempre hace su labor.

· Los que la escuchan y obedecen son transformados.

· Estemos siempre atentos a las palabras de vida.

· ¿Permitiremos que Dios nos hable hoy?

¿Seremos obedientes a su palabra?

 

El Poder de la Palabra de Dios

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