Petición de Santiago y Juan

Sermones

Petición de Santiago y Juan

17 de octubre de 2010

 

Por el servicio dado a Dios como sus hijos, tal vez obtengamos una corona, pero aun siendo esto tan grande e importante, no pensamos solo en ello, sino en que hoy nuestro servicio debe ser bien realizado, con humildad y amor.

                                                  

20Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. 21El le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda.

22Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos.

23El les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre.

24Cuando los diez oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos.

25Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad.

26Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor,

27y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo;

28como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. Mat. 20:20-28 (pasaje paralelo Mr. 10:35-45)

 

En el capítulo anterior (19:23-29), Jesús explica a sus oyentes, la dificultad que tienen los ricos para llegar al reino de los cielos, al oírlo sus discípulos, se asombraron de ello. Pedro le dice “nosotros lo hemos dejado todo…; ¿Qué pues tendremos?” El Señor responde que ellos reinarán sobre las doce tronos de Israel, pero también les recuerda que antes es necesario dejar muchos tesoros en la tierra para recibir el reino. En 19:30 les dice: “Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros”. Luego el Señor ejemplifica esto con la parábola de los obreros de la viña. En seguida, Jesús anuncia su ya próxima muerte y su resurrección (20:17-19), para que supieran y pensaran en ello.

 

Al saber del inminente sacrificio del Señor y del término de su ministerio, los discípulos son movidos a pensar, no en el Señor y lo que le ocurrirá; sino en ellos; tal vez reflexionaban: “¿Como vamos a quedar nosotros?”, creían que podían avecinarse pleitos por la herencia y por la mejor posición. Todavía más, algunos serían capaces de decir: “¿Cómo nos vas a pagar el tiempo que hemos andado contigo?”, o “¿Qué será de nosotros?” Muchas cosas no comprendían y a nosotros nos puede parecer increíble que en esos momentos pensaran en esas cosas, pero es porque nosotros ya conocemos cómo termina el evangelio y ellos no lo sabían.

 

Mr. 10:35 dice que la petición hecha a Jesús acerca de sentarse en el reino uno a la derecha y otro a la izquierda la hicieron Jacobo y Juan. En este pasaje Mateo nos ayuda a entender que la hicieron a través de su madre, la cual, seguramente estaba de acuerdo con sus hijos acerca de lo que pedirían a Jesús y ella lo hace de una manera respetuosa (postrándose). Es importante recordar que están pensando en ellos (no en Jesús). Aquella mujer ha entendido que sus hijos y los demás discípulos reinarán con Jesús, pero, ¿por qué no procurar que sus hijos tengan los mejores lugares? Este era un tema recurrente entre los discípulos; procuraban distinguir quién de ellos era el que estaría por sobre el resto (Mat. 18:1-4, 23:11, Mar. 9:34, Lc. 9:46 y aun en la mesa de la última cena; Luc. 22:24,26). La madre de estos discípulos incurre en el error de tratar de poner a los familiares o parientes en los mejores lugares, como hacen muchos en la política y aún en las iglesias.

 

Una de las enseñanzas es que cada uno debe ocupar un lugar en el servicio, conforme a su capacidad, sin importar si es pariente o amigo; lo importante es que esté capacitado. Para nosotros todo lugar en el servicio a Dios es digno, porque es para Él. No hay servicio pequeño y todo se debe hacer con amor a Dios y al prójimo.

 

Los hijos de Zebedeo no sabían lo que pedían; reducían el hecho maravilloso del reino de Dios a un hecho terrestre y humano. Pero la más grande gloria corresponderá a aquellos que sufrieron más por su causa del evangelio. El vaso a beber es la ira de Dios. El bautismo que aquí Jesús menciona es su inmersión en el sufrimiento, ¿estamos dispuestos a éste? Ciertamente aquellos discípulos sufrirían por Jesús más adelante, cuando comprendieron toda la enseñanza de Jesús; Santiago fue decapitado (Hch. 12:2) y Juan torturado y exiliado a Patmos (Ap. 1:9), por la causa de Cristo Jesús. Pero el hecho solicitado por ellos está en la soberanía del Padre; Él pondrá allí a quien quiera y tal vez a ellos, pero si es así; ellos estarán allí no ya en una actitud como la que en ese momento tienen, sino en reconocimiento absoluto solo al Rey de Reyes y Señor de Señores, tributándole adoración perfecta.

 

Los demás discípulos se enojaron por la petición hecha y tal vez porque tenían celos; Juan y Santiago (o Jacobo) se les habían adelantado en su afán por obtener los mejores lugares (el problema era que estaban pensando solo en ellos, sin incluirlos). Luego el Señor explica y recuerda a los discípulos que la gente sin Dios (en el caso de los gobernantes), que por definición son servidores públicos (o sea, servidores del pueblo), en cuanto tienen el poder, actúan como señores del pueblo, de sus bienes y su fuerza de trabajo. En México estamos viviendo eso, muchas veces los líderes incrédulos se convierten en dictadores. Hasta en los cargos menores, las personas se asumen como “jefes”.

 

Pero en la iglesia ninguno es jefe (aunque sienta que lo es), sino Cristo Jesús, por eso Él dice a sus discípulos (y a nosotros): “Entre ustedes no será así” Es muy diferente entre ser cristiano que no serlo; el que no sea diferente a los del mundo, ¿será cristiano? El tratar de hacerse grandes no es para nosotros, bajo ninguna circunstancia y de ninguna forma.

 

La verdadera grandeza es ser humilde y útil; los cargos son dados en la iglesia a servidores, no a jefes. Un servidor es el que sirve; el que sirve es útil. El que esta dispuesto a servir a otros debe ser humilde. Así que las definiciones de grandeza y liderazgo son diferentes en el evangelio. El servidor de Dios está dispuesto a darse a sí mismo al Señor y a otros, como lo hizo Jesús. El que pugna por ser el más importante, acabará por ser el sirviente de los demás (y seguramente eso no lo quería), pero el que quiere ser el servidor de los demás terminará siendo el más imprescindible.

 

Tenemos el ejemplo del Señor Jesús, que no solo vino a servir (siendo el mismo Dios), sino que llegó a dar su vida en servicio a toda la humanidad, dentro de la cual estamos nosotros (2ª. Co. 5:14,15)

 

· Si verdaderamente queremos servir a Cristo Jesús, ¿cuáles oportunidades hemos dejado ir por seguirle?

· En el servicio a Dios, no debemos pensar en qué vamos a obtener, sino en lo que vamos a dar.

· Pensemos en los más capacitados para el servicio a Dios, que son los que tienen los dones, los conocimientos y la mejor actitud.

· Lo que la gente sin Dios hace tocante al servicio, no es ejemplo a seguir; nuestro modelo es Cristo Jesús.

· Pensemos menos en nosotros y más en Dios.