Perseverar en santificación

Sermones

Perseverar en santificación

31 de enero de 2010

 

El camino para el cristiano es ascendente y, por lo mismo, difícil de transitar a veces y cansado, pero nos anima el resplandor del cielo que vemos al final del sendero.

 

 

12Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas;

13y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. 14Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Heb. 12:12-14

 

En los versículos anteriores, (4-11), se enseña sobre la disciplina, pues las desviaciones que a veces tenemos por iniciativa propia, son corregidas por Dios con disciplina, que es el acto mediante el cual Dios nos llama al orden. La disciplina nos santifica más, o sea que es para nuestro bien y tiene. Santificar es dedicar a Dios algo y reconocerle en su santidad. Santificación es el proceso mediante el cual el santo procura parecerse más a Jesús. Santo significa apartado, consagrado. La santidad es la cualidad de santo.

 

Por lo anterior, siendo un privilegio que Dios trata con nosotros como sus hijos, para que permanezcamos fieles, nos conviene animarnos y animar a otros a santificarnos más y a ser perseverantes en todas las cosas que a Dios agradan. Sirvamos a Dios siempre con el mejor ánimo, como el que tuvimos cuando estábamos en nuestro primer amor. Que sea así siempre. Que no obstante pasen muchos años y sigamos en el servicio, cada vez que lo hagamos, que sea con temor y temblor delante de Dios; con sencillez y humildad.

 

El gozo de los redimidos se manifiesta en dedicación diaria a las cosas de Dios. Pero la falta de ejercicio espiritual y de servicio a Dios puede hacer que se atrofie en algo nuestro espíritu (no el de Dios). Esto llega a ocurrir por algún tipo de desánimo. Tal vez algunos han bajado los brazos y otros han dejado de remar. Observémonos cada uno a sí mismo para ver si seguimos alabando y adorando a Dios con gozo. No sea que asistamos al templo por tradición (aunque no sería una mala tradición), sino porque el amor de Dios nos impulsa a obedecer el consejo del Espíritu Santo, que es lo primero. Observémonos si leemos con avidez la palabra de Dios. Veamos si no nos preocupa nuestro testimonio, si es bueno o no, si no pongo antes en las manos de Dios todo aquello que quiero emprender, si no disfruto de la compañía de mis hermanos en la fe (sea por cualquier causa), si tengo pleito con alguno (sea de donde sea).

 

El pasaje de Is. 35:3-8 es al que se hace referencia en Heb. 12:12. Es muy importante no tener paralizadas las rodillas; habrá que doblarlas para postrarse delante de Dios y para correr y caminar en las sendas marcadas por Él y para predicar el evangelio donde sea necesario. No descuidemos nuestra comunión con Dios ni nos permitamos estar en tibieza espiritual, porque dejaremos de ejercitar los dones que Dios nos ha dado para su gloria.

 

Esforcémonos, Dios otorga premio al que persevera. No tengamos miedo de fallar. Grandes cosas hará Dios con los que están dispuestos a seguirle en el camino por Él trazado. Dios está con nosotros.

 

Hay un solo camino al Padre y es Jesús (Jn. 14:6) y los que le seguimos, somos conocidos como los del Camino.

Pero en nuestro andar cotidiano debemos transitar sendas que no nos desvíen del Camino (Jer. 6:16, Pr. 4:26-27). Andar en caminos rectos es andar conforme a la opinión de Dios y no a la nuestra (Pr. 12:15, 16:2).

 

Hay personas que se consideran limpias en su propia opinión y son los que creen que sus caminos son rectos, por lo que llegan a manifestar que no necesitan de Él. Pero la opinión importante es la de Dios, los que la desestiman, se pierden en sus propios caminos.

 

Dios nos ayuda a corregir todas las desviaciones del camino que hemos tomado y que nos han hecho enfermar de manera espiritual, pero necesitamos estar sanos. Tomemos sendas rectas para tener una mejor consagración a Dios.

 

Las ovejas que se desvían del camino se exponen a grandes peligros lejos del pastor de las almas que es Cristo Jesús; cuando están lejos se encuentran espantadas y sin paz. Sigamos lo que contribuye a la paz en todos los caminos en los que nos movemos, que no seamos personas “de pleito”, sino pacificadores. Que seamos personas que inspiran tranquilidad, y que no nos tenga por personas “muy delicadas”, ni “especiales”, ni “complicadas” ni “difíciles de tratar”.

 

Si somos apartados para Dios, entonces somos santos; el que no es santo no verá a Dios. Si alguno afirma ser cristiano pero no anhela ver a Dios, entonces no lo es. Sigamos por el camino de la santidad, tomemos en cuenta el consejo del Espíritu Santo, que siempre es el mejor. Es tiempo de corregir desviaciones, es tiempo de utilizar las rodillas para doblarlas delante del Creador y sustentador de todas las cosas.