Orar para estar firme

Sermones

20 de febrero de 2011

 

Orar a Dios en el Espíritu es orar con humildad y sinceridad; realizando la tarea sacerdotal que Él nos ha dado.

 

 

18  orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu,  y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;        

19  y por mí,  a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio,

20 por el cual soy embajador en cadenas;  que con denuedo hable de él,  como debo hablar. Ef. 6:18 -20

 

El pasaje anterior al que leemos (6:10 -17), es el conocido como “la armadura de Dios” de la cual echan mano los cristianos contra las trampas del diablo. Se cae en las trampas del enemigo cuando se cae en la tentación (Stg. 1:13 -14). Los gobernadores de las tinieblas de este siglo, no necesariamente están debajo de la tierra; están a la vista en todas partes. En el terreno de maldad no hay límites. Por eso debemos estar firmes en el Señor y estar así siempre preparados. Siempre podemos salir vencedores (6:16); parte medular en esta preparación es la oración.

 

Hay actividades de servicio a Dios que no podemos desarrollar por enfermedad u otro impedimento, pero siempre podemos orar. Es una necesidad. Orar “en todo tiempo” nos hace recordar “orad sin cesar” 1ª. Tes. 5:17 y Luc. 21:36 (en espera del regreso del Señor). Los tiempos que vivimos tienen muy diversas circunstancias, por lo tanto, orar en todo tiempo implica orar en toda circunstancia y en todo lugar.

 

Debemos orar si estamos alegres o gozosos, si estamos tristes o afligidos, si tenemos todo o si algo nos falta, con hambre o satisfechos, con o sin trabajo, con o sin familia, sanos o enfermos. Oremos a solas (en secreto), con la familia y en la reunión de oración de la iglesia. Oremos en nuestro lecho y de pie o sentados, pero no olvidemos orar de rodillas. Estamos hablando de deprecación, que es la oración ferviente.

 

La súplica es el ruego que se hace a Dios con humildad, sin saber si lo que le pedimos lo hará o cómo lo hará; porque si alguno sabe que lo que pide a Dios, Él lo hará, entonces ya no es súplica, sino un recordatorio a Dios de lo que se le ha encargado o una instrucción de lo que debe hacer (no debemos hacer tal cosa).

 

Orar en el Espíritu de Dios no quiere decir hacerlo en otras lenguas (como algunos creen), ni en éxtasis, sino con toda sumisión a Dios, para alinearnos a su voluntad (sea cual fuere). Es orar estando en obediencia, siempre conscientes que estamos hablando con nuestro Creador, siendo dirigidos por su Santo Espíritu, que nos enseña cómo pedir (Ro. 8:26).

 

“Velando en ello” quiere decir; no descuidando la oración en nuestra vida, que está expuesta diariamente a los ataques del enemigo, el cual quiere que perdamos el gozo de nuestra salvación en vista del regreso de Jesús nuestro Redentor (Mt. 26:41).

 

Perseverar en la oración es hacerlo siempre por todo asunto y responsabilidad que debamos afrontar, así como por gratitud de todas las bendiciones de Dios (Hch. 2:42).

 

La “súplica por todos los santos” es la oración de intercesión por otros en la cual, el primer lugar lo tienen los que han creído (por los incrédulos debemos también orar, pero sobre todo por su salvación). Orar por otros es una función básica del sacerdocio que tiene todo creyente (1ª. Pe. 2:9, Ap. 1:6). Los cristianos que nos rodean necesitan de nuestras oraciones y nosotros (cada uno), requerimos que oren por nosotros. Por eso el apóstol Pablo solicita a la iglesia de Éfeso que oren por él que; aunque estaba escribiendo esta carta desde la cárcel de Roma y estaba padeciendo como preso, no pide por su bienestar físico, sino por el denuedo y la fidelidad que necesitaba para sostenerse predicando la palabra de Dios. O sea que, “orando en todo tiempo” también incluye orar por todos los asuntos de responsabilidad y por todas las personas (sin omitirnos nosotros).

 

Es necesario que el maestro de Escuela Bíblica se ponga en oración antes de preparar su clase, luego, cuando la inicia y después, al concluirla, así como el que predica, pero también como congregación oremos por ellos para que, al abrir su boca, hablen sólo lo que es de Dios; para que ninguno hablemos lo que no debemos, ni enseñemos lo que no es la palabra de Dios; para que todos prediquemos sin cansancio.

 

Si no estamos firmes en la oración, no estamos firmes ante las múltiples trampas del enemigo de las almas. Oremos para que Dios nos de fortaleza. Oremos para que la palabra de Dios se extienda en los que nos rodean.

Oremos para que cuando el Señor Jesús regrese lo estemos esperando en plena comunión. En nuestra oración humillémonos a Dios suplicándole nos haga sensibles a su voluntad. Oremos en el Espíritu de Dios, perseverando en ello e intercediendo por su iglesia.