Los que querían seguir a Jesús (Seguidores impulsivos y renuentes)

Sermones

Los que querían seguir a Jesús

(Seguidores impulsivos y renuentes)

31 de octubre de 2010

 

Hay personas que pronto se deciden a seguir a Jesús y no dan marcha atrás; permanecen fieles, pero hay algunos que tienen ya tiempo de estar pensando en la conveniencia de seguirle y todavía no se deciden, ¿cuánto tiempo más tendrán?

 

 

57Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas.

58Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza.

59Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre.

60Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios.

61Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa.

62Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.

 Lc. 9:57-62 (pasaje paralelo Mt. 8:18-22)  

 

En este pasaje, encontramos a Jesús caminando hacia su sacrificio en Jerusalén (que Él sabe que ocurrirá), lo ha dicho a sus discípulos, por lo tanto, si Jesús ha afirmado su rostro para encaminarse a Jerusalén (vers. 51), es tiempo también de definiciones, de decisiones y compromiso para sus discípulos. En un tramo de ese camino les había hecho pasar por una aldea de Samaria donde fue rechazado; eso había quedado atrás, pero había causado indignación en los discípulos la actitud de aquellos samaritanos y el hecho que su Maestro fuese rechazado. La respuesta que el Señor les dio a sus discípulos fue en el sentido de ver el valor de la salvación por sobre el valor del rechazo que se puede sufrir por la predicación de ese mensaje (versículos 52 al 56). A diferencia de esto, en otro tiempo el Señor había recorrido toda la región de Galilea, que abarcaba lugares como Nazareth y Capernaum y en esos caminos se había cumplido ya su propósito. Los caminos de la predicación del mensaje de salvación son muchos y traen todo tipo de sorpresas. Pero ahora el camino importante (en este pasaje), era el que llevaba a Jerusalén.

 

De manera semejante, nosotros (cada uno), hemos recorrido diversos caminos en nuestra vida. Un camino nos llevó a la escuela y en ese camino unos vieron cumplido su propósito y otros no. Otro camino nos llevó al matrimonio y en algunos se cumplió el propósito, en otros se esta cumpliendo y en otros no. Otro fue el camino para ser padres; algunos ya lo terminaron, otros lo transitan y otros lo han abandonado. Pero el Camino más importante es el que nos llevó a creer en Dios (y Jesús es el Camino, como dice Jn. 14:6), en ese Camino andamos y éste camino es nuestro camino a Jerusalén; en este camino necesitamos tomar decisiones y mostrar compromiso, ¿hasta dónde seremos capaces de llegar por causa del evangelio?

 

Alguno dirá (malinterpretando): ¿a poco se trata de sacrificio?, pues Jesús se sacrificó por nosotros para que ya no lo hagamos. Esto es correcto (Heb. 9:24-26, 10:11,12), la falsa interpretación viene cuando dicen que ya no debemos sufrir, argumentando que un sufrimiento implica sacrificio. En la gracia que vivimos también existe sacrificio, pero tiene una connotación diferente, la de ofrenda voluntaria, santa y racional (Ro. 12:1). El sufrimiento al que estamos expuestos si procuramos ser fieles nos es un sacrificio, pero aun dentro del padecimiento agradamos a nuestro Dios. Otros malos intérpretes (o los mismos), dicen que Jesús llevó en la cruz nuestras enfermedades (Is. 53:4) y con ello enseñan que toda enfermedad es pecado, pero omiten decir que allí se refiere Isaías al pecado, como dice 1ª. Pe. 2:24. Olvidan lo que dice la Biblia en Ro. 5:3-4, 12:1, Stg. 1:2, 1ª. Pe. 1:6 y muchos versículos más que hablan de sacrificio, sufrimientos y pruebas, que es lo que enseña el evangelio, siempre asociado a palabras tales como paz, fe, gracia, firmeza, gozo y esperanza. El sacrificio del  cristiano no implica que dé su vida por otra persona, sino que entrega su vida a Cristo Jesús y se abstiene de todas cosas que agradan al mundo.

 

Al iniciar la lectura del pasaje que nos ocupa, debemos tener en mente que había impactado el mensaje de Jesús y muchos querían seguirle. El hombre que se menciona en el versículo 57, le dijo “te seguiré adondequiera que vayas”, dice Mt. 8:19 que aquel hombre era escriba y es significativo que lo fuera, pues no obstante su conocimiento y preparación sobre las Escrituras, probablemente había entendido que Jesús había dado sentido a todo aquello que él sabía. No estaba preguntando, sino que había determinado seguirle y se lo hace saber. Pero el Señor siempre sorprendía cuando hablaba y en lugar de mencionarle algo relacionado con esta decisión, decide confrontarlo con la necesidad que tiene en ese momento, pues Jesús no tiene dónde pasar la noche. Las palabras de Jesús, como siempre, son perfectas; si alguno le quiere servir es necesario que sepa que seguirle es servirle. No sabemos cuál fue la reacción de aquel escriba, el evangelio no lo dice, hermano, ¿cuál hubiese sido tu reacción?

 

Si grave es prometer algo a cualquier persona y no cumplirle, ¿cuánto más grave será prometer a Dios y no cumplirle? Lo mejor es no prometer a Dios, porque todos estamos expuestos a incumplir. Pero podemos comprometernos sin palabra en su servicio. Conforme a la promesa que hizo, aquel hombre tuvo de Jesús una repuesta inmediata. Él venía cansado del camino (no le habían recibido en un aldea anterior), el día declinaba y, en aquel punto de paisaje montañoso, aun las zorras tenían refugio y las aves, nidos cálidos, pero el enviado de Dios no tenía dónde recostar su cabeza; un lugar que le cubriera de la intemperie y de las fieras del campo. Seguramente el Señor solicitaba lo mismo para sus discípulos.

 

En ese tiempo existían carros tirados por caballos que podían trasladar al Maestro y a sus discípulos a otro punto donde pudieran quedarse pagando su estancia,  pero eso era para los ricos; Jesús y sus discípulos eran pobres (los millonarios que hoy predican en medios electrónicos se justifican diciendo que Él se hizo pobre para que fuésemos ricos (2ª. Co. 8:9); pero malinterpretan la Palabra, sacándola de su contexto, que es el espiritual, no el material; ellos se han hecho ricos a costillas de miles de incautos.

 

En la predicación del evangelio, Jesús y sus discípulos tuvieron que pasar por muchos padecimientos y carencias, pero algunos cristianos no están dispuestos a quedarse en cualquier lugar ni a comer lo que haya por causa del evangelio.

 

Desde la primera vez que leímos este pasaje, algunos nos sentimos un poco frustrados por no poder ver la respuesta, nos hubiera gustado leer en la confirmación del escriba algo así como “mi casa es para ti y tus discípulos”. Pero, sea cual fuere la respuesta; Jesús y los suyos estaban preparados; era necesario que las Escrituras estuviesen como están, para que reflexionemos, ¿qué  hubiera usted respondido? Hoy puede Jesús enviar a una persona que le solicite esto.

 

Más adelante, encontramos otro hombre del camino al cual Jesús le dice “Sígueme, la respuesta de aquel es “déjame que primero vaya y entierre a mi padre” que podía implicar dos cosas, primero, que su padre, recientemente muerto., debía ser sepultado, pero como las ceremonias fúnebres, conforme a la ley duraban siete días; cuando éstas terminaran iría tras Él, pero para entonces Jesús estaría muy lejos. Otra causa de su respuesta podía ser que esperaba que su padre muriera para seguir a Jesús, porque probablemente le cuidaba. Pero, no obstante lo importante de aquello, la respuesta de Jesús es enseñando que es prioritario predicar el evangelio. Que los muertos no nos quiten el tiempo en el que debemos agradar a Dios. Están muertos los que no han creído en Jesús pues Él es quien da vida (eterna). Dejemos que los muertos tributen honra a los muertos y a la muerte, pero nosotros no (1ª, Co. 10:14, 20, 28).

 

Un tercer hombre del camino le dice “ “Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa”, éste refiere a los vivos (a los suyos), pero no está listo, pues no ha asimilado lo que dice Mt. 10:37, “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí”. El que se dispone a arar, es porque sembrará y debe mirar sólo hacia adelante. ¿Estamos preparados?