Los falsos maestros

Sermones

Los falsos maestros

20 de junio de 2010

 

Conocer la verdad es conocer a Cristo Jesús, andar en la verdad es seguirlo, y enseñar con verdad es ser congruentes en nuestra vida cristiana.

 

 

15Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.

16Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?

17Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.

18No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.

19Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.

20Así que, por sus frutos los conoceréis.

21No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

22Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?

23Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. Mat. 7:15-23

 

Dentro de las enseñanzas de Dios para su pueblo, están aquellas que le orientan a distinguir a los falsos maestros, o sea, las personas que cambian lo enseñado por Dios. Ésta enseñanza de estar alertas ante los que falsean la verdad la mostró el Señor Jesús en el Sermón del Monte y en muchas otras ocasiones y así lo enseñaron sus apóstoles, eso lo debemos seguir haciendo. A veces pensamos que, para que ninguno se desvíe es suficiente la doctrina correcta (y hay razón en ello), pero dentro de la doctrina correcta está enseñar a discernir lo verdadero de lo falso (todo buen joyero está capacitado para distinguir el oro puro del contaminado o falso). Quiere decir que hay predicadores y maestros falsos, los cuales hablan supuestamente la palabra de Dios. De los tales nos debemos apartar.

 

¿Cómo distinguir un falso predicador de uno genuino? En primer lugar, andan disfrazados de ovejas, pero son enviados del diablo (lobos). Parecen seguidores de Jesús (no se nota a simple vista que no lo sean); oran, cantan y leen las Escrituras y las conocen como cristianos (y como maestros). Si no parecieran cristianos, nadie los seguiría (tienen varios, muchos, miles o millones de seguidores). Algunos de éstos se pueden encontrar en cualquier congregación (es una de las maneras más sutiles con las que trabaja el enemigo de las almas). Simulan piedad y son tenidos por buenos cristianos, por eso es difícil detectarlos, pero debemos darnos cuenta que, en primer lugar, utilizan la palabra para beneficio propio. El beneficio propio se puede ver en que siempre están pidiendo dinero de muchas y variadas formas y algunos se enriquecen de una manera insultante.

 

En el Nuevo Testamento vemos que algunos engañadores inclusive se metieron entre los apóstoles y convivieron con ellos, tales son los casos de Alejandro el calderero (1ª. Tim. 1:20 y 2ª. Tim. 4:14), Demas (Col. 4:14, 2ª. Tim. 4:10, Fil. 1:24), Simón el Mago (Hch. 8:9-24), etc.

 

Pero estos falsos no pueden dar lo que no tienen; su naturaleza se los impide, así que, en segundo lugar, tienen la característica de dar mal fruto. ¿Cómo lo sabremos? (porque no los vigilaremos). Nada hay oculto que no haya de saberse (Mat. 10:26). La luz lo revela todo. No podrán dar buen testimonio, porque son de las tinieblas (aunque en un principio parezca como que dan buen fruto). Por otra parte, el buen fruto distingue a los que son aprobados por Dios.

 

Lo que les espera a estos engañadores es el infierno; no es que nosotros les estemos estableciendo juicio, sino que es lo que la palabra de Dios nos dice que está reservado para los tales. No debemos seguirles.

 

El cristiano debe escudriñar las Escrituras, pues es necesario saber distinguir entre diferencias doctrinales “normales” y doctrinas falsas. Seamos prudentes y sabios en ello.

 

Los engañadores arrastran a muchos porque hablan con sutileza, con suficiencia, seguridad y ¡conocimiento! Los que son convencidos por ellos, llegan a utilizar frases como:“estábamos equivocados”, “no nos pongamos límites”, “acá con ellos sí se siente el Espíritu”, “nunca había entendido” o aun: “Dios es el mismo del Antiguo Testamento y del Nuevo” (lo cual es cierto, pero lo utilizan para fines erróneos). Los falsos maestros sacan los textos de su contexto y enseñan lo que les acomoda y beneficia; cosas aparentemente novedosas y atractivas para el incauto. Engañan al que no lee la Biblia con ayuda del Espíritu Santo de Dios, pero no podrán ocultar sus malos frutos.

 

Tanto los engañadores como los que les siguen dicen a Jesús “Señor”, pero no le obedecen. Los que han creído en Jesús le dicen “Señor” y buscan siempre obedecerle.

 

Hay también otras características de los falsos maestros; supuestamente profetizan, echan fuera demonios y hacen milagros (todo es supuesto). No solo no hacen bien, sino que son enviados por el enemigo para engañar, pero en el juicio final irán a donde les corresponde y muchos que les siguieron.

 

Estemos alerta, velando en oración para no caer en el engaño (no solo están expuestos los que son nuevos en el evangelio). Leamos las Escrituras con la iluminación del Espíritu de Dios (esta iluminación sólo la tienen los que han creído). Enseñemos a los que consideramos andan en el error, por si acaso rectificaran y, si no es así, dejémosles, la palabra de Dios no es para contender sobre opiniones.