Lo que depende de Dios y lo que depende de mí

Sermones

Lo que depende de Dios y lo que depende de mí

3 de enero de 2010

Erramos cuando todo lo dejamos a Dios y erramos cuando todo lo queremos hacer nosotros; hagamos lo propio y esperemos en Dios, pues Él siempre cumple lo suyo.

 

 

3Si las nubes fueren llenas de agua, sobre la tierra la derramarán; y si el árbol cayere al sur, o al norte, en el lugar que el árbol cayere, allí quedará.

4El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará.

5Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas.

6Por la mañana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes reposar tu mano; porque no sabes cuál es lo mejor, si esto o aquello, o si lo uno y lo otro es igualmente bueno. Ecl. 11:3-6

 

Observemos con atención las cosas de Dios; las que ya hizo y las que hará, para que sepamos cuándo hacer algo y cuándo dejarlo de hacer. Parte importante en la consagración que debemos tener para con Dios, es obedecerle; dentro de la obediencia está hacer las cosas (nuestras tareas), a tiempo y en el tiempo asignado (Ecl. 11:1,2)

 

Es inevitable que una nube llena de agua se derrame sobre la tierra, pero ¿en qué lugar lloverá?, ¿qué área cubrirá? No lo sabemos ni podemos controlar lo que ocurra con esa nube ni los beneficios o estragos que pueda generar. Por lo tanto, nos damos cuenta que hay cosas que no podemos modificar porque dependen de Dios, y por las cuales no debemos afanarnos sino dar gracias a Él.

 

Tenemos otro ejemplo; si un árbol fuere talado, se puede controlar su caída, pero si algún árbol viejo cae repentinamente, para empezar no sabemos cuándo ocurrirá, ni sabemos hacia qué lado caerá (es imposible de  controlar para nosotros.

 

Así hay cosas que ocurren en otras personas y que no dependen de nosotros; hacemos mal si queremos enterarnos de lo que pasa a ellos con el supuesto interés de ayudarles a corregir algo o de dar un veredicto de por qué pasó tal o cual cosa. Hay cosas que son competencia exclusiva de Dios y/o de una persona o familia y no debemos meternos en ello; a Dios no le agrada que sus hijos sean así.

 

Esto nos lleva a pensar también en que debemos servir al Señor con buena disposición en lo que nos ha encargado y dejar los resultados a Él, que nunca se equivoca. Debemos enfocarnos primeramente en las cosas que son exclusivas para cada uno de nosotros, pues él tiene trato individual con cada uno y debemos procurar hacerlas de manera diligente, sin omisiones.

 

Tenemos ejemplo en los trabajadores del campo, los cuales a menudo hacen lo que deben hacer. Los que tienen para su siembra tierra de temporal, preparan el terreno y siembran; Si llueve lo suficiente, las cosechas se darán.

Si llueve poco, se darán pocas cosechas o de menor tamaño al normal. Si llueve en exceso las cosechas se echarán a perder. Si cae granizo o heladas, éstos quemarán el fruto o las plantas. Sin embargo, a pesar de todo lo anterior, ellos siempre siembran, aunque saben que pueden perder todo o parte de la inversión en dinero y fuerza de trabajo; siembran aunque no saben lo qué pasará, ¡qué gran ejemplo tenemos aquí! (habrá que reconocer que algunos de ellos sí han emigrado a las ciudades).

 

Así que, lo que está definido por hacer, hagámoslo. Cada uno de nosotros sabe lo que tiene que hacer y lo que ha dejado de hacer, tanto en el terreno espiritual como el material. La pereza física y la espiritual constituyen un obstáculo para la dedicación y la consagración a Dios.

 

Algunas personas (o muchas) dejan de hacer algo, porque esperan que ocurran ciertas cosas. El que siembra (y todo cristiano es un sembrador), no debe mirar atrás (Lc. 9:62). Hagamos hoy lo que hemos dejado de hacer y debíamos haber hecho, pero dejemos de hacer lo que no debemos hacer (cada uno sabe cuáles son esas cosas).

 

Para cumplir con nuestra parte, no pongamos pretextos sobre la situación atmosférica o de otra naturaleza, ni dependamos de lo que otros hagan o dejen de hacer. Si sabe que Dios le pone enfrente una tarea, simplemente hágala.

 

Acerca de las cosas que Dios hace, nos damos cuenta que somos ignorantes en muchas ocasiones, porque los designios de Dios son inescrutables. La ignorancia no es pecado cuando no es producto de la desidia. Ignorar algo, en el sentido de hacer como que no lo vemos o ignorar a alguien, eso sí es pecado. Es pecado hacer como que no entendemos lo que Dios quiere de nosotros.

 

No ignoremos la obra de Dios ni sus mandamientos. No ignoremos el mensaje de Dios. Hasta el día de hoy, nadie sabe de donde viene el viento ni a dónde va ni si llevará o traerá nubes. Ninguno sabe cómo se forman los huesos en el vientre de su madre, pero Dios sabe todo esto.

 

Haga lo que tenga qué hacer hoy, busque a las personas indicadas, pida perdón a quien sea necesario, pague lo que debe, cumpla lo que le corresponde; Dios siempre cumple.