La viuda y el juez injusto

Sermones

6 de febrero de 2011

 

Tenemos por Padre al Creador del Universo y Dueño de todas las cosas, pero cuando nos acercamos a Él para pedirle algo, debemos ser prudentes, procuremos pedirle sólo lo que es bueno.

 

 

1 También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre,  y no desmayar,

2  diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre.

3  Había también en aquella ciudad una viuda,  la cual venía a él,  diciendo: Hazme justicia de mi adversario.

4  Y él no quiso por algún tiempo;  pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios,  ni tengo respeto a hombre,

5  sin embargo,  porque esta viuda me es molesta, le haré justicia,  no sea que viniendo de continuo,  me agote la paciencia.

6  Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto.

7  ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche?  ¿Se tardará en responderles?

8  Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?

Luc. 18:1-8

El ambiente en medio del cual el Señor Jesús menciona esta parábola es el del anuncio de su segunda venida. Nosotros estamos en ese tiempo de esperanza; nuestra conducta debe ser acorde con ese regreso. Nadie sabe cuándo será esto, pero, si supiésemos que es hoy, mañana o la próxima semana, ¿qué haríamos a partir de hoy?

 

Esta es una parábola que sólo aparece en este evangelio y su propósito específico es mostrar la importancia que tiene la oración. Si comunicarnos con las personas con las que vivimos o convivimos es una necesidad, ¿cuánta más necesidad será tener buena comunicación con nuestro Dios? En la comunicación con nuestro Dios debemos procurar evitar todo tipo de barreras que la obstruya. Orar siempre no significa decir siempre lo mismo ni decir vanas repeticiones, sino ser constantes en poner todo en las manos de Dios (Ro. 12:12, Ef. 6:18, 1ª. Tes. 5:17), entonces, “orad sin cesar” significa ser constantes.

 

Nos suena muy conocido oír que hay jueces injustos, pues leemos en las noticias de resoluciones injustas de jueces (refiriéndose en nuestro país, desde los jueces de distrito hasta los de la Suprema Corte; sin generalizar), los cuales emiten fallos que trastornan el derecho de los más débiles y que ofende la inteligencia del pueblo.

Fallos en los que no se toca a los más ricos ni a los que se mueven en el primer circuito de la política, pero sí se trastoca la vida de personas desconocidas y de miles de trabajadores. Nos acordamos de fraudes electorales, de nula persecución de pederastas, de ataque a los verdaderos periodistas, etc. Si algunos últimamente han visto esto somos los mexicanos, pero no quiere decir que solo aquí ocurra.

 

Aun juez como éstos llegó una viuda. Las viudas, los huérfanos y los extranjeros eran los ciudadanos más desprotegidos de la sociedad en el tiempo del evangelio. Este tipo de personas no tenían preparación ni recursos para defenderse. Aquella viuda le decía al juez injusto “Hazme justicia”, pues probablemente alguien la quería despojar de algo o la acusaban injustamente. Cuando dice que “venía a él”, entendemos que lo hacía periódica o recurrentemente. Aquel juez se resistió por un tiempo, pues no le interesaba la opinión de Dios ni cómo lo vieran los hombres, pero después, pensando en él en su comodidad y en no ser perturbado en su descanso, decidió hacerle justicia.

 

Veamos a este tipo de personas y aprendamos de ellos para no hacer lo mismo. Un juez es un profesional que tiene (de entre los humanos), el oficio más parecido a lo que Dios hace, porque el veredicto o sentencia del juez es ley; si éste dice que alguno es inocente, lo es porque lo dijo el juez y si dice que alguno es culpable, lo es porque el juez lo dijo, pero no quiere decir que sea justo (y el pueblo se da cuenta). El fallo del juez es inapelable. Por lo menos el injusto juez de la parábola accedió (aunque fuera para su conveniencia).

 

Pero nuestro Dios es Juez justo (Sal. 7:11, 50:6, 75:7, Dan. 7:10, etc.). ¿Qué hará Dios con sus hijos que ama y le piden justicia? Pongamos nuestra causa delante del Juez justo. No busquemos venganza, simplemente expongamos nuestro caso delante de Dios en oración. Eso es lo que hicieron los apóstoles cuando les fue impedido predicar, pues había sido dado un veredicto injusto (Hch. 4:16, 17, 21, 24-31). Ellos se acordaron que el juicio más perverso de la historia se hizo contra Jesús.

 

Dios no tarda en respondernos; estemos siempre conformes con el veredicto del Juez justo. Esperemos solo en Dios, el final del versículo 8 nos recuerda el contexto en que fue dicha esta parábola. Cuando Jesús regrese la maldad y la injusticia habrán alcanzado grados superlativos que todo lo contaminarán (hoy así es). La maldad crece y los días son acortados. Encontrará Jesús a su regreso la fe de unos cuantos, comparado con los millones que representan la humanidad. De esos pocos que tienen fe, ¿es usted uno de ellos?, ¿está listo para el regreso del Hijo del Hombre? Oremos siempre y no desmayemos, hagámoslo con fe. Vivamos esperando a Jesús.