La santidad se traduce en obediencia

Sermones

La santidad se traduce en obediencia

10 de enero de 2010

Todas las cosas que Dios decide y hace son perfectas; pudiera ser que algunas de estas no las entendamos pero también obedezcamos en ellas y no manifestarnos en contra de ellas o en desacuerdo, porque nos exponemos a que Dios nos las explique en disciplina.

 

 

7Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar.

8Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil.

9Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes.

10Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor.

11Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos.

12Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. 1ª. Co. 10:7-12

 

A veces la limpia conciencia se confunde con la auto-indulgencia. La limpia conciencia es aquella que se tiene cuando se ha hecho lo correcto delante de Dios, aun cuando algunos nos juzguen mal por ello o a ojos de otros no estemos bien delante de Dios. La auto- indulgencia es cuando creemos que si nosotros nos perdonamos a sí mismos en alguna cosa mala que hallamos hecho, es razón suficiente para saber que estamos bien. La buena conciencia es objetiva delante de Dios, pues está de acuerdo con sus preceptos, pero puede ser subjetiva delante de los hombres por falta de conocimiento de ellos sobre Dios o por la maldad de ellos (que tienen sucia la mente). Algunas personas actúan en contra de la obediencia a Dios y llegan a pensar que, si no se juzgan a sí mismos, es suficiente, aunque tengan conocimiento de que están mal (1ª. Co. 8:7-12).

 

La enseñanza previa a este pasaje (1ª. Co. 10:1-6), nos hace recordar (para que no repitamos lo mismo), que Dios no se agradó de los antiguos israelitas que, no obstante que habían sido liberados, se rebelaron contra Dios (fueron desobedientes) y por eso quedaron postrados en el desierto.

 

Por eso, a los hijos de Dios (para nuestro bien), Él en su soberanía nos llama a obediencia, a veces en maneras que no nos imaginamos. Dios a veces nos somete a prueba y también permite que seamos tentados, para que crezcamos. Si algún hermano está bajo prueba o disciplina de Dios, no lo sabemos, por lo tanto no podemos juzgarle diciéndole que Dios le está castigando.

 

Como la disciplina por falta de santidad es real, nos conviene agradar a nuestro Padre Celestial en todo, no por miedo, sino por amor.

 

Los congregantes de la iglesia de Corinto son los que más excesos tuvieron de todas las iglesias a las que el apóstol Pablo escribió. Las exhortaciones del apóstol, inspiradas por Dios, son útiles a todas las iglesias locales de Cristo Jesús de hoy. Una de las instrucciones es el llamado a no ser codiciosos de hacer cosas que nos halaguen y nos hagan sentir satisfechos; es una continua tentación de poner nuestro placer por encima del placer de Dios. Esa tentación hace que algunos prefieran la comodidad de la habitación de su casa en un día frío y lluvioso o la convivencia con los parientes y amigos en el día del Señor, en lugar de estar en templo. Otros prefieren la comodidad de sus propias ideas en lugar de las enseñanzas de Dios para ellos. Algunos más, para auto-halagarse dicen: “hay una sola vida, ¡hay que vivirla!”, a los cuales les podemos decir que la verdadera vida es en Dios.

 

Está claro que no debemos idolatrar de ninguna manera (Sal. 115:3-8), pues la idolatría es uno de los casos de desobediencia más recurrente. Hay personas que idolatran porque hay en ello auto-complacencia y auto-indulgencia), porque ser idólatra en ocasiones es bastante entretenido y divertido (basta ver cómo están los estadios y los centros de espectáculo en general). Pero los días de diversión de algunas personas llegan a ser también los más tristes de su vida. Ex. 32:1-7 narra que mientras Moisés tardaba en descender del monte, el pueblo buscó entretenerse de manera insana y a eso se refiere en nuestro pasaje (1ª Co. 10: 7); la algarabía del pueblo se tuvo que esfumar repentinamente, cuando se dieron cuenta que Dios aborrecía su idolatría.

 

Entonces, ¿es aburrido ser apartado para Dios? Andar en el camino de Dios es andar en gozo (más allá de la diversión). Del recuerdo de los días de gozo siempre nos deleitamos; no necesariamente de los días de diversión.

Es importante en nuestra vida de consagración, no añorar las cosas de la carne.

 

El versículo 8 hace referencia a Nm. 25:1-9. No fornicar es no contaminarse en el cuerpo que es templo del Espíritu Santo (1ª. Co. 6:19).

 

Tentar al Señor es poner en entredicho las cosas que Él ha dispuesto para nosotros y tenerlas como insuficientes como lo registra Nm. 21:4-18, el pasaje de las serpientes venenosas que Dios dispuso en el desierto para el pueblo de Israel.

 

En el versículo 10 hace referencia a Nm. 16:42-48. Murmurar contra Dios es manifestar desacuerdo con las disposiciones de Él para nosotros o para la vida de la congregación y hacérselas saber a otros. Incluye hablar mal de los que hacen bien, conforme a la voluntad de Dios. El que hace esto se expone a la disciplina de Dios. Eso no quiere decir que no podamos emitir nuestra opinión en lo que consideremos necesario (pero sin murmurar) y cuidando que no se oponga a Dios.

 

Estos ejemplos son de enseñanza y exhortación para nosotros los cristianos (contrario a un dicho popular; sí se puede aprender en cabeza ajena). Por eso, antes de vigilar a otros, será necesario que cada uno nos vigilemos a sí mismo, para no pecar como el pueblo de Israel.

 

Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo (vers. 15). Necesitamos ser pobres en espíritu, conforme a Mat. 5:3, para no caer en estos excesos, porque ese tipo de cristianos son personas que no se presentan como auto-suficientes, sino que dependen de Dios (Mt. 5:13).

 

Los que buscan diversión insana, los que se procuran fornicación, los que tientan al Señor o murmuran contra Él, son personas que se consideran más inteligentes que el promedio. Este versículo 8, se puede parafrasear diciendo: “les hablo como a inteligentes”. El que es verdaderamente inteligente juzgará esto y obedecerá a Dios.