La pesca milagrosa

Sermones

La pesca milagrosa

29 de agosto de 2010

 

Todo cristiano es un potencial pescador de hombres para el reino de Dios. La única red que utiliza es la palabra de Dios; los que son atrapados por ella son los que son entresacados del mundo, representado por la mar.

 

1 Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios.

2 Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes.

3 Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud.

4 Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.

5 Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red.

6 Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía.

7 Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían.

8 Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.

9 Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él,

10 y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres.

11 Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron. Luc. 5:1-11

Pasajes paralelos. Mt. 4:18-22 y Mar. 1:16-20

 

A  diferencia de Gadara (más adelante), los habitantes de Capernaum, ciudad de Galilea, no querían que Jesús se fuese de sus contornos (4:42). Estaban maravillados por todo lo que hacia y por su fama. Accediendo el Señor Jesús, siguió predicando por un tiempo entre ellos (4:44), pero sentía la imperiosa necesidad de predicar también en otras ciudades (4:43).

 

Hasta aquí, Jesús no ha escogido a sus doce discípulos de entre los miles que le siguen, eso ocurrirá más adelante (Luc. 5:27-32 y 6:12-16). De entre los discípulos de ese momento, hay uno llamado Simón, al cual Jesús le puso el sobrenombre de Pedro, el cual fue presentado a Jesús por su hermano Andrés (Jn. 1:40-43). Parece que aquella entrevista con Jesús no fue suficiente para Pedro, pues éste no se ha decidido plenamente en seguir al Maestro. También Jesús había ido a casa de él y allí hizo muchos milagros, pero tampoco fue eso suficiente para su decisión (Luc. 4:38-41). Como podemos ver a lo largo del evangelio, tenemos mucha información sobre la personalidad contrastante de Simón Pedro, pues leemos que era decidido, pero también indeciso, era rudo y a la vez tierno, lleno de fe, pero también de dudas; era como muchos de nosotros.

 

En ese contexto llegamos a este pasaje; Jesús todavía se encuentra en la región de Galilea, junto al lago de Genesaret (también conocido como Mar de Galilea o lago de Tiberías, según donde cada uno viviera), que es de agua dulce y en el cual la gente se apretujaba para oírle. Vio Jesús dos barcas y a los pescadores que, después de la faena, lavaban sus redes (una escena que ocurre hasta el día de hoy). El Señor entra en la barca de un conocido (Simón), al cual pide apartar un poco de la orilla la barca, para seguir predicando desde ella a los que están a la orilla del lago. También estaban allí probablemente Andrés (Mt. 4:8) Jacobo y Juan (vers. 10) que tenían el mismo oficio de pescador. Pedro, Andrés y Felipe, eran de Betsaida, ciudad próxima al lago.

 

La gente que estaba allí tenía sed de la palabra de Dios y escuchaban con atención. Pero después de la predicación el Señor solicita a Simón Pedro que regrese a alta mar para que eche las redes para pescar. La solicitud de Jesús parece contraría a lo normal, pues ellos habían dado por terminada la jornada y hasta lavaban sus redes (se entiende como lo normal es lo que nosotros también haríamos). El Señor Jesús (que es Dios), lo sabe todo y da instrucciones precisas; ve y atiende las necesidades. Era temprano, aquellos pescadores expertos habían tratado de pescar infructuosamente toda la noche y nada habían conseguido. Tal vez había cansancio y cierta frustración, además de la necesidad material. Simón Pedro, como sabía que Jesús hacía grandes milagros, dijo: “en tu palabra echaré la red”, reconociendo que por sí mismo nada obtendría (ni había obtenido), lo obtendría sólo si se apoyaba en Jesús (y así lo hizo). Hacerlo así es hacer las cosas en el nombre de Jesús, no como una fórmula mágica, sino como una muestra de fe en Él. Es una actitud correcta de Simón Pedro; un gran acierto frente a otros desaciertos que tuvo; una obediencia en medio de otras desobediencias. Era una muestra de fe frente a otras ocasiones en que no tuvo la suficiente.

 

Jesús hace las indicaciones perfectas; echada la red, ésta atrapó gran cantidad de peces. Para los discípulos, es el resultado de creer y obedecer. Así nos ha ocurrido a veces cuando sentimos que los resultados de nuestro trabajo no son suficientes, pero en otras ocasiones nuestra red casi se rompe por la abundancia de peces. Cuando esto último ocurra, recordemos que siempre es bueno compartir las bendiciones de Dios con otros; sean bienes espirituales o materiales. Así lo hicieron estos discípulos. Así como a veces ayudamos a otros a llevar sus cargas, pidámosles también que participen de las bendiciones que Dios nos da.

 

Ante este hecho, Pedro cayó de rodillas porque nuevamente vio la divinidad de Jesús en contraste con su condición de hombre pecador (se vio a sí mismo indigno). Cuando veamos un milagro de Dios en nuestra vida o cuando recibamos sus bendiciones no pensemos que somos merecedores. Pescar en donde unas horas antes no había peces es un milagro y ante ello, tuvieron miedo. Evidentemente, Pedro era el líder de aquellos pescadores y en su momento, de todos los discípulos, como lo muestran diversos pasajes, por eso Jesús se dirige a él: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres”,  o como dice Mat. 4:19: “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres”. Es un nuevo llamado para Simón Pedro y sus compañeros; Él dice “desde ahora”.

 

Ser pescador de hombres es ser predicador del evangelio, para que la red, que es la palabra de Dios, atraiga a muchos que serán apartados del mundo (la mar), los cuales serán salvos. El Señor Jesús llama hoy también a muchos para el arrepentimiento y el servicio. Los que no se arrepienten no se salvan y los que son salvos son llamados a servirle. La obediencia a estos llamados es voluntaria. Si alguno se niega a servirle, Dios llamará a otro, pero la obra de Dios siempre se cumplirá. ¿Le gustaría a usted que Dios empleara a otro para la obra que a usted le está llamando? Si alguno le sigue y le sirve, deberá hacerlo con alegría. Todos podemos ser pescadores de hombres.

 

Aquellos discípulos en esa ocasión decidieron dejarlo todo y seguir a Jesús. Todavía tenían muchos defectos, pero si se hubiesen esperado a no tenerlos, nunca le hubieran seguido. Un hallazgo arqueológico en 1986 en el mismo lugar de este pasaje, permitió ver una barca de pescadores del tiempo de Jesús, sepultada en la playa. No existe la seguridad de que sea la barca que abandonó Pedro, pero pudiera ser que sí. ¿Qué es lo que usted ha dejado por seguir a Jesús o qué está dispuesto a dejar? Ore a Dios pidiendo le ilumine.

 

Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido. Mar. 10:28

 

 

Ver más sermones