La oración eficaz

Sermones

6 de febrero de 2011

Muchas veces, orar con fe hace la diferencia entre vivir angustiado y estar feliz.

 

 

13  ¿Está alguno entre vosotros afligido?  Haga oración.  ¿Está alguno alegre?  Cante alabanzas.

14  ¿Está alguno enfermo entre vosotros?  Llame a los ancianos de la iglesia,  y oren por él,  ungiéndole con aceite en el nombre del Señor.

15  Y la oración de fe salvará al enfermo,  y el Señor lo levantará;  y si hubiere cometido pecados,  le serán perdonados.

16  Confesaos vuestras ofensas unos a otros,  y orad unos por otros,  para que seáis sanados.  La oración eficaz del justo puede mucho.

17  Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras,  y oró fervientemente para que no lloviese,  y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses.

18  Y otra vez oró,  y el cielo dio lluvia,  y la tierra produjo su fruto. Stg. 5:13-18

 

Santiago era pastor en Jerusalén (no uno de los apóstoles), considerado hermano de Jesús, escribe esta epístola  (la más antigua), a los cristianos expatriados que denomina “las doce tribus” (1:1), aunque no se descarta que estuviese él pensando en las tribus dispersas de Israel, sabiendo que entre esas filas hay ya algunos cristianos.

Al iniciar el cap. 5 (1-6), Santiago se muestra como un cristiano preocupado por el pueblo maltratado (ya no solo los cristianos); un pueblo oprimido por los dueños del dinero (o los que se han agenciado el dinero del pueblo). Todo esto le duele y entonces pronostica, inspirado por Dios, aflicción para los opresores. Después (5:7-12), se dirige a los cristianos que están padeciendo lo mismo y les insta a que tengan paciencia como la tiene un labrador de la tierra o campesino. Les consuela recordándoles su futura redención y pone como ejemplo a los antiguos profetas y a Job.

 

Santiago da enseñanzas que muestran soluciones. Escribe a hermanos que sufren por la persecución (pues el andar de un lugar a otro trae mucha preocupación). Leemos que hace una primera pregunta relacionada con la aflicción que algunos pudieran tener (vers. 13). La aflicción es la molestia o el sufrimiento físico que implica tristeza o angustia moral. Algunas veces la aflicción se muestra en el rostro. La respuesta para aquellos cristianos y para nosotros es “haga oración”.

 

Algunos se alejan de Dios cuando se sienten afligidos, pero debe hacerse exactamente lo contrario. Cuando uno ora estando en aflicción debe contar a Dios todo lo que siente y cómo lo siente y cuál es su deseo en cuanto a la solución que espera (aunque Dios lo sabe todo). Hay personas que a los médicos les cuentan todo (hasta lo que no debe ser), pero no se lo cuentan a Dios. Dios siempre está dispuesto a escuchar lo que usted le quiera decir de aquellas cosas que le hacen sufrir y le mantienen a veces en zozobra.

 

La segunda pregunta es si alguno está alegre y aparentemente la solución está dada y el remedio fue efectivo, nada necesita, pero necesita manifestar su alegría a Dios (y también contarle en oración por que está alegre).

Parece increíble para el incrédulo, pero muchos cristianos con necesidades están alegres, pues han contado a Dios todo lo que sienten y es cuando sienten que Él es un verdadero amigo que se manifiesta así a través de Jesucristo su Hijo.

 

Una tercera pregunta es sobre enfermedad de alguno de los perseguidos (o debilitamiento físico); evidentemente la primera pregunta incluiría al que está afligido por alguna enfermedad. El término utilizado “los ancianos de la iglesia” refiriéndose a los que en la iglesia deben atender esta necesidad en primera instancia, es el equivalente de “los encargados”, en nuestra iglesia, un grupo de hermanos del ministerio de oración o del cuerpo de diáconos debe estar siempre disponible para ir exclusivamente a orar por alguno (aparte del pastor). Al orar por un enfermo no quiere decir que ya no se necesitarán los medicamentos ni los médicos pues éstos son la bendición de Dios para la humanidad, pues tanto la ciencia médica como los médicos fueron puestos por Dios; no es falta de fe orar y utilizar medicamentos prescritos por los médicos, sino reconocer que todo lo bueno y saludable viene de Él. Había diversos tipos de aceite que constituían remedios para ciertas enfermedades (ver la parábola del buen samaritano, en Lc. 10:30-37), Is. 1:6, Mar. 6:13 y Ap. 3:18.

 

Como todas las oraciones están sujetas a la voluntad de Dios, debemos comprender que la oración no sana, sino Dios. Cuando se hace una oración de fe es porque se está hablando ante Dios con sinceridad y humildad, así es como muchas veces el enfermo ve el propósito de su enfermedad, cuando ésta le permite renovar su comunión con Dios. Sus pecados son perdonados porque oró con fe. El enfermo sana espiritualmente y físicamente.

 

Cuando en el vers. 15 leemos “si hubiere cometido pecados”, quiere decir que no toda enfermedad es a causa del pecado o por un pecado cometido, error de interpretación difundido por muchos sectarios, que presentan a Dios como si fuese retributivo; no les ha sido suficiente la enseñanza del Libro de Job.

 

Por lo pronto, para orar con fe, se debe antes perdonar a los demás. El que ora con fe alcanza a comprender la voluntad de Dios y someterse a ella (como Elías y como Pablo). El don de la oración (el regalo del medio para comunicarnos con Dios), lo tenemos todos los cristianos, pero no siempre lo aprovechamos.

 

Antes de orar piense en lo importante que es no tener algo contra otro.

Ore por que Dios quite los sufrimientos de otros (primeramente los que usted conoce).

Si alguno está alegre, dele gracias a Dios y alábelo por ello.

Pongamos todo tipo de preocupación, necesidad, enfermedad o sufrimiento en las manos de Dios.

Lo que Él decida acerca de lo que necesitamos, siempre será lo perfecto.