La oración de sinceridad

Sermones

27 de febrero de 2011

 

Tengamos bien presente que Dios siempre quiere lo mejor para nosotros, aunque a veces pareciera que no es así porque no recibimos lo que esperamos, ¿no será que nos falta orar con mayor sinceridad?

 

 

11  Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros,  dice Jehová,  pensamientos de paz,  y no de mal,  para daros el fin que esperáis.

12  Entonces me invocaréis,  y vendréis y oraréis a mí,  y yo os oiré;

13  y me buscaréis y me hallaréis,  porque me buscaréis de todo vuestro corazón.

14  Y seré hallado por vosotros,  dice Jehová,  y haré volver vuestra cautividad, y os reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde os arrojé,  dice Jehová;  y os haré volver al lugar de donde os hice llevar.  Jer. 29:11-14.

 

El profeta Jeremías fue llamado al sacerdocio en aproximadamente 627 a. C. (tenía 20 años), inició su ministerio en el tiempo del rey Josías en Judá; y sirvió en el mismo durante 50 años. Cuando profetizó Jeremía el Reino del Norte ya había caído y el del Sur (Judá), estaba en decadencia. El profeta sobrevivió en Jerusalén a la invasión de Nabucodonosor, vio la caída de su ciudad y tiempo después fue obligado a huir a Egipto (caps. 43, 44). Se cree que cuando después los babilonios invaden Egipto, él fue llevado cautivo a Babilonia (murió cuando tenía cerca de 90 años). Jeremías predijo los 70 años de cautiverio de su pueblo en Judá. Él consideró que no se puede separar la fe en Dios de una fiel obediencia. Al principio de este capítulo 29 (vers. 1-10), leemos que Jeremías envía una carta desde Jerusalén hasta Babilonia, para decir a los que están allí que están más seguros en Babilonia, pues Jerusalén será destruida y ellos regresarán en su tiempo a Jerusalén (el tiempo de Dios); en el tiempo de Esdras y Nehemías.

 

A veces anhelamos el cumplimiento de ciertas cosas o el cambio de una situación o de ciertas condiciones, cuando estamos padeciendo algo, como hijos de Dios debemos estar seguros que todo depende de Dios si hemos realizado la parte que nos corresponde, no desesperemos. Nosotros no conocemos los pensamientos de Dios (no procuremos saberlos), pero Él tiene para nosotros pensamientos de paz, la cual tendremos cuando alcancemos lo que anhelamos, que es lo que Dios quiere (y será como Él quiera y no como nosotros). Los judíos cautivos en Babilonia querían regresar a Jerusalén, pero tendrían que pasar setenta años.

 

Hay cosas que no hemos pronunciado en la oración y Dios ya nos las concedió, pero hay otras que le hemos pedido y tendrá que pasar un tiempo (en ocasiones largo) para que se cumplan. Pongamos nuestras peticiones delante de Dios, perseveremos en ello y estemos tranquilos, porque Él siempre hará lo mejor para nosotros. Tengamos paciencia y seguridad; Él ha tomado nuestras peticiones; a su tiempo nos responderá y tal vez nos dará lo que pedimos. Los pensamientos de paz de Dios son sus bendiciones y preciosos deseos para nosotros.

 

Cuando leemos en el versículo 12 que Dios dice “y os oiré”, refiriéndose a la oración, no quiere decir que no nos oiga ni que no nos responda; Él siempre oye la oración sincera (del corazón) del creyente y siempre responde, pero mientras el creyente no obtenga lo que desea, considera que no ha sido oído por Dios; la paciencia necesaria nos muestra que pasa un tiempo en el que (a la mirada del creyente o de cualquier testigo), no pasa nada. Cuando Dios dice “y os oiré”, lo hace para que el hombre lo asocie al día en que llega el cumplimiento de lo anhelado. Ese día sentiremos una comunicación efectiva con Dios (el tiempo de la espera habrá pasado), porque se orará (aunque nunca se haya dejado de hacerlo), de todo corazón; es decir, con toda sinceridad, con toda humildad y en el Espíritu de Dios, que nos guía en la oración. Cuando oramos con sinceridad es cuando estamos dispuestos a acompañar la oración con nuestra obediencia a Dios.

 

También esto se refiere a un tiempo en que el creyente, después de diversos padecimientos por su desobediencia, se rinde al Señor y reconoce que no puede andar lejos de su camino (eso le ocurrió al pueblo de Judá, que por el momento no quisieron oír las palabras de Dios dadas a Jeremías, pero después cuando 70 años después algunos regresaron a Jerusalén, se rindieron a Dios sinceramente. Llegará un día en que veremos las respuestas que habíamos esperado en horas aciagas, por  muchos días, meses o años. Dios regresará a sus hijos alegrías que se fueron, compañías que se habían perdido, recursos que se habían diluido, afectos que se tenían y la salud que tenían, pero sobre todas estas cosas, la comunión plena que alegra el rostro. Hoy y aquí, si buscamos  a Dios de todo  corazón, lo hallamos. Es importante orar con sinceridad y esperar pacientemente.

 

A la vez, el versículo 14 hace referencia a la profecía cuando Jesús a su regreso, reúna a sus escogidos que están esparcidos en todas las naciones (Dn. 7:14, 27 y 12:3).

 

La fe que tenemos en Dios se ve en la obediencia que le damos.

A veces nos cuesta trabajo entender que estamos mejor en la situación difícil que Dios nos ha puesto, que en la situación ideal que queremos.

En algunas cosas que esperamos todavía tendrá que pasar un tiempo que Dios ha dispuesto por nuestro bien; mientras tanto tengamos confianza, paciencia y seguridad, pues Él nunca se equivoca.

Dios siempre tiene buenos pensamientos para nosotros, que se traducen en bendiciones.

Desde hoy oremos siempre con sinceridad, conforme al corazón de Dios.