La curación de Ezequías

Sermones

La curación de Ezequías

 

15 de agosto de 2010

Hay algunas enfermedades que nos pueden quitar el sueño y otras pueden minar nuestra vida, pero ninguna debe alejarnos de Dios sino al contrario, recordarnos que debemos depender de Él.

 

 

1 En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás.

2 Entonces él volvió su rostro a la pared, y oró a Jehová y dijo:

3 Te ruego, oh Jehová, te ruego que hagas memoria de que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho las cosas que te agradan. Y lloró Ezequías con gran lloro.

4 Y antes que Isaías saliese hasta la mitad del patio, vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo:

5 Vuelve, y di a Ezequías, príncipe de mi pueblo: Así dice Jehová, el Dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano; al tercer día subirás a la casa de Jehová.

6 Y añadiré a tus días quince años, y te libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo.

7 Y dijo Isaías: Tomad masa de higos. Y tomándola, la pusieron sobre la llaga, y sanó.

8 Y Ezequías había dicho a Isaías: ¿Qué señal tendré de que Jehová me sanará, y que subiré a la casa de Jehová al tercer día?

9 Respondió Isaías: Esta señal tendrás de Jehová, de que hará Jehová esto que ha dicho: ¿Avanzará la sombra diez grados, o retrocederá diez grados?

10 Y Ezequías respondió: Fácil cosa es que la sombra decline diez grados; pero no que la sombra vuelva atrás diez grados.

11 Entonces el profeta Isaías clamó a Jehová; e hizo volver la sombra por los grados que había descendido en el reloj de Acaz, diez grados atrás. 2º. Re. 20:1-11 (pasaje paralelo Is. 38:1-22, ver 2º. Cró. 32:24).

 

Ezequías fue contemporáneo de los profetas Isaías, Oseas y Miqueas. Fue un rey de Judá (el reino del Sur), en el tiempo de los reinos divididos y le tocó en su reinado ver cómo los asirios se llevaron cautivos a los israelitas de Samaria (2° Re. 18:9-12). Fue un buen rey (18:3-7). 2º. Re. 18:5 dice de él: En Jehová Dios de Israel puso su esperanza; ni después ni antes de él hubo otro como él entre todos los reyes de Judá”, esto lo describe muy bien; sería un buen epitafio para un cristiano fiel. El rey de Asiria, Senaquerib, le había amenazado con llevarlo también cautivo, con su pueblo (18:28-30), lo cual le infundió temor (19:1-3), pero él dejó todo en las manos de Dios (19:15-19) y Él los libró (19:35-37); la amenaza prevalecía, pero al rey de Asiria Dios no le permitió llevarse a su pueblo, se lo permitiría mucho tiempo después al de Babilonia.

 

Pero el miedo a veces enferma. La tensión extrema en el cuerpo, hace que se consuman prontamente algunas defensas. No sabemos si por lo que había vivido o por otras causas, Ezequías enfermó de muerte. Tampoco sabemos su enfermedad, pero podría ser una relacionada con los huesos (Is. 38:13) y tenía una notoria llaga (2º. Re. 20:7).

 

Ezequías tuvo estrecha relación con el profeta Isaías, el cual probablemente influyó en su vida en las grandes decisiones que tuvo. No era cualquier cosa conocer al profeta mesiánico por excelencia. Aparte de que Ezequías ha constatado su enfermedad; le es enviado Isaías (por Dios), para avisarle que debe dejar todo en orden, pues morirá ya. El rey tenía unos 39 años.

 

El rey Ezequías se distinguía por ser un hombre de ferviente oración. Volvió su rostro hacia la pared tal vez para concentrarse y (delante del profeta), oró solicitando a Dios recordara que él se había esforzado en serle fiel. Lloró. Isaías entonces se dispuso a retirarse y, apenas llegó a la mitad del patio, Dios le habló nuevamente, le pide regresar con Ezequías y decirle que su oración ha sido escuchada y es sanado (al tercer día podrá ir al templo). Dios concederá a Ezequías vivir otros quince años y librará a él y a su pueblo de los asirios. Se entiende que Isaías hizo saber esto al rey.

 

La salud vino de inmediato, Isaías dio un remedio a base de masa de higos; aunque éstos son útiles para combatir diversas enfermedades, eso no hubiera sido suficiente si no interviene la mano de Dios. La curación fue un milagro de Dios a través del profeta.

 

Ezequías había dicho (antes de ser sanado): “¿Qué señal tendré?” Dios no tomaba a mal que sus escogidos le solicitaran señales; su revelación estaba fluyendo. Además la señal anunciaba un milagro. Es muy diferente a la ocasión cuando los fariseos (por su incredulidad), piden señal a Jesús (Mat. 16:1-4). Dios da la señal. Ezequías escoge la opción aparentemente más difícil o portentosa. Isaías oró y el sol retrocedió diez grados (la sombra regresó). Nuevamente se ve esa faceta del profeta Isaías haciendo milagros. ¿Qué es mayor maravilla, que desaparezca la enfermedad de Ezequías o que el sol retroceda? Este es un evento astronómico registrado en los anales del folklore de muchos pueblos antiguos (Velikovsky). Lo que se ve, es el poder de Dios (que hizo el sol). Los relojes de sol se construían en forma de escaleras (pequeños monumentos), para que la sombra del sol recorriera los peldaños.

 

Ezequías fue uno de los reyes más queridos por su pueblo, junto con David y Salomón. Es uno de los reyes más citados en la Biblia. Era un hombre de oración; cuando estaba enfermo, Isaías atestigua que dijo: He aquí, amargura grande me sobrevino en la paz, mas a ti agradó librar mi vida del hoyo de corrupción; porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados” (Is. 38:17).

Era un gran estadista, un gran constructor, un gran reformador. Si alguna vez somos amenazados por alguno; pongamos el asunto en las manos de Dios. No nos dejemos dominar por la tensión de estos tiempos, pidamos ayuda a Dios. Tengamos estrecha relación con Dios. Tengamos toda nuestra vida en orden; estemos siempre preparados para partir. Seamos hombres y mujeres de oración; todas las oraciones son oídas por Dios. Él, que hizo nuestro cuerpo, nos puede sanar de cualquier enfermedad (si Él quiere). No pidamos señales a Dios, solo debemos obedezcámosle; Él hace siempre grandes maravillas; si hizo retroceder al sol. ¿por qué a veces dudamos de su poder?.

 

 

 

 

 

 

 

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