La higuera estéril

Sermones

La higuera estéril

28 de marzo de 2010

 

Cada uno de nosotros hemos sido creados por Dios y llamados a su servicio, en el que nos ha preparado para dar fruto. Ahora, a nosotros nos corresponde trabajar en todo lo que Él quiere, para que el fruto sea el que Él espera.

 

 

18Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre.

19Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera.

20Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó en seguida la higuera?

21Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho.

22Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis. Mat. 21:18-22

 

 

Por lo que dice Mat. 21:17, sabemos que el Señor Jesús, después que ha sido recibido por el pueblo en Jerusalén un primer día de la semana (el domingo) como Rey, al atardecer, se retira a Betania (aproximadamente a 3 km), para dormir allí (probablemente en casa de Lázaro, el que había sido resucitado por el poder de Jesús).

 

Como consecuencia de la lectura del versículo 18, entendemos que esto ocurre un día lunes (Mar. 11:12). Se relata que Jesús tuvo hambre, así como encontramos en otros pasajes que Jesús lloró, que se cansó, que se enojó, que tuvo sed, porque era el Dios hecho hombre, con el propósito de darnos eterna salvación (Jn. 1:14). Ya también mediante el hambre, el Señor Jesús había sido tentado por el enemigo al principio de su ministerio (Luc. 4:2,3 y Mt. 4:2,3).

 

Satisfacer el hambre es de vital importancia, o sea que, para cualquier humano, es un asunto de vida o muerte (Luc. 6:1-5). Ayudar a otros a satisfacer su hambre es algo muy bueno que podemos hacer y que a Dios agrada (Mt. 25:35-40, Ro. 12:20), esto incluye dar de comer al enemigo. Acerca de la importancia y prioridad que tiene satisfacer el hambre, recordamos el caso de los discípulos de Jesús que arrancaban espigas el día de reposo para comerlas y del rey David, que cuando tuvo hambre comió, junto con los que con él iban, los panes de la proposición que eran exclusivos para los sacerdotes (Mat. 12:1-4). En el relato de la parábola del hijo pródigo, vemos que el hambre fue lo que lo movió a regresar a casa (Lc. 15:14-17).

 

Por hambre, el hombre es capaz de hacer grandes cosas o de claudicar, esto nos hace pensar en la importancia del pan (el alimento diario), por el cual todos (tengamos mucho o poco), deben dar gracias a Dios diariamente (Mat. 6:11). Pero ni el hambre separará a los hijos de Dios de su camino (Ro. 8:35). Los apóstoles de Jesús (como su Maestro), al predicar el evangelio en todo el mundo, padecieron muchas veces grande necesidad y tuvieron hambre, este hecho nos debe poner a pensar en por qué los llamados “predicadores de la prosperidad” dicen que el cristiano que padece necesidad es porque está en pecado o no tiene fe; sería interesante saber de qué parte de la Biblia lo aprendieron. Una de las grandes pestes de los últimos tiempos será el hambre (Ap. 6:8). Pero en el cielo no habrá hambre (Ap. 7:16).

 

El Señor Jesús antes del hecho relatado aquí, ya se había presentado ante sus discípulos y muchos otros como el pan de vida que sacia el hambre para siempre (Jn. 6:36). Nosotros, antes de comer pan para saciar el hambre, sabemos que la palabra de Dios debe ser nuestro alimento diario (Mt. 4:4).

 

La higuera es uno de los árboles que dan fruto riquísimo en suelos áridos. Es un fruto energético utilizado desde la antigüedad para hacer dulce, tartas, pan y diversos fines terapéuticos. El Señor vino hacia la higuera no sólo para saciar su hambre, sino también para dejar grandes enseñanzas a sus discípulos, preparándolos para las horas que vendrían después (cuando el sería muerto en la cruz por nuestros pecados).

 

Halló en la higuera hojas solamente, porque no era tiempo de higos (Mr. 11:13); El ya lo sabía, pero aquí hay un gran propósito. Mar. 11:13 nos da la clave, dice que Jesús buscaba “hallar algo”. Resulta que muchos árboles frutales (como la higuera), dan pequeños frutos aislados en época en que supuestamente no corresponde. Ese tipo de frutos (fuera de temporada), no son tan dulces y a veces son ácidos y con poco jugo. El Señor solo encontró hojas y entonces maldijo a la higuera: “Nunca jamás nazca de ti fruto”; esta maldición significaba su muerte. Esa higuera no dio un poco más, solo dio lo que le correspondía; no dio siquiera un pequeño fruto fuera de temporada. Nos recuerda a los que dicen “¡ya di lo que tenía que dar” o “ ahora no estoy en horario de trabajo”; los que así actúan se constituyen (aunque se oiga fuerte), en inútiles o estériles (Luc. 17:10). La higuera es un ser vivo pero no humano. El que hizo la higuera la puede destruir cuando Él quiera, si ésta no cumple. El juicio pertenece a Dios. La higuera se secó de inmediato, pero los discípulos se dieron cuenta hasta el día siguiente (martes, Mr. 11:20,21). Fue un milagro de Dios que esa higuera haya nacido y un milagro que haya muerto. Los discípulos se maravillaron. Pedro fue quien se lo dijo a Jesús (Mr. 11:21).

 

La respuesta de Jesús de cómo lo hizo, es tener fe y no dudar para aun mover un monte. La expresión “quitar montes” es proverbial y significa hacer algo extremadamente difícil e incluso imposible (Mt. 17:20, Zac. 4:6,7, 1ª. Co. 13:2). Esta expresión se usaba siempre asociada a la fe. Para los días y horas que venían, los discípulos necesitarían mucha fe (serían probados). Estemos siempre listos para ser probados.

 

El Señor Jesús insta a sus discípulos (a nosotros), a apoyarnos en la fe en Él, utilizando el medio perfecto que es la oración. La oración con fe manifiesta el poder de Dios (Mt. 7:7-11, 18:19, Jn. 14:13-14, 15:7). Claro que si fuera necesario que se moviera un monte Dios lo haría; pero es necesario pedir conforme a la voluntad de Dios.

 

Jesús tuvo hambre, porque era humano. Demos gracias a Dios que sacia nuestra hambre. Alimentémonos también de la palabra de Dios. Estemos dispuestos a dar un poco mas de lo que nos corresponde. Estemos siempre listos para la hora de la prueba. Estemos siempre en comunicación con Dios, a través de la oración y pidiendo que se cumpla su voluntad, no la nuestra.