La fe y las obras

Sermones

La fe y las obras

14 de febrero de 2010

 

En cuanto creímos en Cristo Jesús iniciamos a recibir muchas más bendiciones de Dios, de las cuales las más trascendentes para nosotros son las espirituales. De manera semejante, nosotros debemos estar dispuestos a dar de gracia a nuestros semejantes, que significa dar ayuda espiritual y material a todos los que podamos.

 

 

14 Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?

15 Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día,

16 y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?

17 Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.

18 Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.

19 Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.

20 ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?

21 ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?

22 ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?

23 Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios.

24 Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.

25 Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino?

26 Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta. Stg. 2:14-26

 

En el Stg. 2:13 se habla de la importancia de la misericordia, anteponiéndola al juicio, que está circunscrito a la Ley. Es una enseñanza a los hijos de Dios para que no se circunscriban solo a lo legal (que no es malo), sin ir más allá y tener misericordia. Sin entonces peca el que se limita a la Ley, ¿qué condición tiene el que comete injusticia? La misericordia de Dios es infinita y nosotros hemos recibido su beneficio, desde el momento que Dios perdonó nuestros pecados por la fe en Cristo Jesús. Ya desde antes todo lo que teníamos venía de su mano y ahora siendo sus hijos comprendemos que Él nos bendice aun más. Las bendiciones de Dios que primero debemos anhelar son las espirituales y luego las materiales. Como consecuencia de lo que Dios ha hecho por nosotros, nosotros somos llamados también a ser misericordiosos, de tal manera que, teniendo en ocasiones la oportunidad de echar mano de la ley para cobrar alguna afrenta, será mejor echar mano de la misericordia, la cual nos hará perdonar y dar. La misericordia tiene estrecha relación con las buenas obras.

 

Por eso la pregunta de el versículo 14 nos da una clave en la que de manera semejante podemos preguntar si es posible que alguno tenga fe y no tenga obras. Si no tiene obras entonces supuestamente tiene fe, ¿le salvará esa supuesta fe?

 

Conforme a la enseñanza en este pasaje, las buenas obras reflejarán que hay fe. Para que haya buenas obras debe existir amor. La fe depositada en Jesús nos permitió entrar en el rango de los que aman a Dios, pero también al prójimo.

Ese amor se muestra en misericordia (en dar) y por lo tanto en buenas obras. La fe en Cristo Jesús produce buenas obras. No se puede dar lo que no se tiene.

 

Es importante no solo orar por los necesitados, sino estar dispuestos a hacer misericordia con ellos (cerciorándonos así, que somos buenos administradores de los bienes que hemos recibido de Dios). La fe se muestra en buenas acciones. Hacemos buenas obras porque somos salvos, no para ser salvos.

 

El que “dice que tiene fe”, pero no tiene obras, realmente no tiene fe. Estamos hablando de obras materiales, que son un reflejo de la fe. Éstas también tienen relación estrecha con el fruto del Espíritu, pues lo que se da en lo material, refleja lo que hay dentro del corazón. Por eso debemos procurar las obras o fruto del Espíritu (Gá. 5:22, 23, Ef. 5:9,11, 6:11) que no tienen límite. Entonces es imposible tener fe sin obras.

 

El creer en Dios va acompañado de creerle  a Dios. El que no le cree no ha creído en Él. No es lo mismo creer que Dios es uno que creerle a Él. Los versículos 20-26 nos dan una demostración espiritual de lo que se acaba de afirmar.

 

El versículo 21, que habla de la fe de Abraham, cuando ofreció a su hijo sobre el altar, aparenta estar en contradicción con lo que dice Pablo, de que somos justificados por la fe (Ro. 5:1) y algunos se han atrevido a decir que Santiago contradijo a Pablo, lo cual es imposible, pues cuando escribió Santiago, Pablo aún no había escrito a los romanos, pero no hay contradicción. El hecho de que Abraham estuvo dispuesto a realizar la obra que Dios le pidió (a un alto costo Gn. 22:1-14), sacrificando a su propio hijo, muestra la fe de Abraham, que había adquirido antes (Gn. 15:6). Aquí la palabra “justificado” habla de la comprobación de la fe, ¿por qué? Por lo que dicen los siguientes versículos (22-24); así no se ve contradicción alguna con Ro. 5:1, las obras son inherentes a la fe y una demostración de que éstas muestran a aquella. Además, por si se pensara que más adelante Pablo no enseñó lo mismo, véase lo que dice Ef. 2:8-10.

 

Otro ejemplo de fe con obras, es el de Rahab (Jos.2:1-21), donde se ve la existencia de la fe en las obras buenas.

Como vemos, la fe y las obras tienen una estrecha relación, por eso se hace un símil de esto en el versículo 26: cuando nuestro espíritu regrese a Dios (que lo dio), es que estaremos muertos (no existiremos en esta tierra); así, la fe sin obras no existe.

 

Efectivamente las obras no nos salvan y hay personas incrédulas que tienen buenas obras, pero el Señor Jesús les dio gran importancia para nuestra vida diaria. Es imposible que haya un cristiano que no tenga buenas obras, el que diga que lo es no las tiene, ¿será cristiano? No podemos ni debemos juzgarle, pero nos ceñiremos siempre a lo que dice la palabra de Dios.