Justificados por la fe

Sermones

Justificados por la fe

28 de febrero de 2010

 

El hecho de saber (por cuanto hemos creído en Jesús), que somos constituidos en justos, nos deja maravillados del poder de Dios que actuó en nosotros para borrar los más horrendos pecados.

 

 

1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;

2 por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

3 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia;

y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza;

5 y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Ro. 5:1-5

 

El regalo de Dios para nosotros, que es la fe, nos lleva a creer en Cristo (que es lo primero a lo que nos orienta), como dice Ef. 2:8. Creer en Cristo es aceptar que Él es el Hijo Unigénito de Dios, que Él es el único Mediador entre Dios y el hombre, que Él es nuestro Salvador (que nos da vida eterna) y que es nuestro Señor (a quien debemos obedecer). Así, cuando creemos en Él somos salvos y hemos sido transformados, pues nuestros pecados han sido borrados. Creer en Cristo Jesús es tener esperanza.

 

En Ro. 5:1, el término “justificados” significa “hechos justos” y nos lleva a pensar en justificación y en justicia. La justificación es el hecho mediante el cual el pecador que cree en Cristo Jesús viene a ser justo y aceptable ante Dios. Mediante la justificación, los que hemos creído somos hechos limpios y por lo tanto aptos para estar en la presencia de Dios en su reino. La fe manifiesta la gracia de Dios; las obras buenas son consecuencia de la fe, no la causa. Por cuanto fuimos justificados somos llamados a actuar con justicia, la cual nos llevará a estadios superiores a los de la sola Ley.

 

En Ro. 3:26-28 encontramos una mayor explicación de estos términos. Somos hechos justos por el poder de Dios (por nosotros mismos es imposible). El término “justicia de la fe” (Ro. 4:13), indica una garantía de la fe en Jesús, que se concreta en promesas cumplidas y seguridad de la salvación. La fe manifiesta el poder de Dios que hace justo a todo aquel que la ejerce, el cual obtiene victoria sobre el pecado, que por ningún otro medio se puede lograr.

 

La salvación es por fe en Cristo Jesús, y si es por fe, es por gracia y si es por gracia es por la misericordia de Dios y no hay de qué jactarnos, sino de gloriarnos en Dios (4:16). Por eso “abrazar la fe” es adherirse a la fe que Dios ha dado para que el hombre se acerque a Él, por los méritos de Jesús en la cruz del Calvario.

 

Como la fe es real y la sentimos, así disfrutamos del perdón de Dios y su salvación. Al ser justificados, tenemos seguro un lugar en el cielo y aquí en la tierra tener paz para con Dios, que significa estar reconciliados con Él (no estar con Él enojados), pues el pecado es como un abismo que separa al hombre de Dios. Cuando somos justificados somos también perdonados (Sal 103:8-13). Todos debemos estar en paz con Dios (Ef. 2:14-17, Jn. 14:27).

 

Estar en la gracia es también estar en el camino de la fe y en el de la salvación (en la cual estamos firmes, es decir, no caeremos de ella, pues se obtiene con el poder de Dios y no se puede sostenerse por el poder del hombre (las obras). Entender esto hace que no seamos jactanciosos, sino demos la gloria a Dios. La fe nos hace entender que estamos seguros. Estar en la gracia es estar en victoria, aunque a veces no lo parezca, pero todas las cosas que ocurren a los hijos de Dios son para su bien (Ro. 8:28).

 

La enseñanza de las cosas de Dios es diferente a la de cualquier otra cosa; lo normal es pensar que la tribulación o sufrimiento produce desesperación, pero aquí dice que produce paciencia y el que está enseñado en la paciencia es sometido a prueba. El resultado de salir airoso de la prueba es renovar nuestra esperanza. Y en la esperanza nos gloriamos, porque manifiesta el amor de Dios en nosotros, desde que creímos (el día que el Espíritu Santo fue derramado en nosotros) y entonces somos bienaventurados aun enmedio de aflicción.

 

La fe en el Señor Jesucristo, por su sacrificio en la cruz, nos ha permitido entrar a esa gracia o favor de Dios. Esta fe demuestra el poder de Dios, pues reúne a un grupo de personas disímbolas y los hace como una familia; nos permite caminar seguros, soportar, perdonar y dormir bien, sabiendo que nada debemos en cuanto a pecados. Cuando decimos que nos gloriamos en las tribulaciones, damos a entender la alegría que tenemos al saber que no estamos apoyados en nuestras fuerzas, sino en el poder de Dios (2ª. Co. 10:17).

 

Como consecuencia, los que hemos sido justificados somos llamados a andar en vida nueva (a abandonar los caminos del viejo hombre). Debemos vivir por fe en todos los aspectos de nuestra vida, continuamente (Ro. 1:17).

 

Por lo tanto, este mensaje es un llamado a  la salvación por medio de Cristo Jesús a todo aquel que no le haya entregado todo su ser. Es también un mensaje que habla de la eficacia de la fe. Es el mensaje de la seguridad de la salvación y de la justificación por fe, que indica que, si ya hemos creído estamos listos para estar con el Señor (Fil. 1:21,22). Es un mensaje que nos recuerda la paz que Dios da, la cual rebasa todo entendimiento.