Job, un varón perfecto

Sermones

Job, un varón perfecto

21 de junio 2010

 

Procuremos nunca cuestionar las que cosas que Dios, en su perfecta soberanía hace, aunque a veces no comprendamos por qué a nosotros, sus hijos, nos ocurren cosas difíciles de asimilar, mejor examinémonos y démosle honra y gloria.

 

 

Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Job 1:1 Lect. Bíblica, Job 1:1 a 2:13 y 42:7-17

 

Si alguno se precia de amar a Dios, no debe dejar de leer en su Biblia todo el libro de Job. Este libro figura entre las grandes obras de la literatura universal. Es un poema dramático. El autor no sabemos quién fue, pero pudo haber sido Moisés. Es un libro profundo, derrocha sabiduría que el escritor solo pudo haberla recibido directamente de Dios; habla de los misterios de la creación, de la filosofía del tiempo de Job, de las enseñanzas de Dios y del futuro de redención del creyente. Probablemente es el más antiguo de los libros de la Biblia y corresponde a la era de los patriarcas pero en un lugar donde éstos no estaban, pero donde se conocía del Único Dios, pues se había conservado esta comunión de generación en generación.

 

El libro es una pieza doctrinal sobre el problema del sufrimiento de los justos. Se opone a la creencia de que todos los sufrimientos del hombre son la reparación y el castigo por sus pecados. Tal es el marco del libro. La extensa parte central está formada por “alegatos” de tres amigos de Job que sostienen que los padecimientos de éste son el castigo por sus pecados y crímenes. La mitología aquí derrumbada es la enseñanza que algunos han dado de que cualquier enfermedad es producto del pecado, en el cual el enfermo se encuentra. Job se revuelve contra semejante esquematismo de la retribución y defiende una grandeza de Dios que otros intentan mermar con esa doctrina mezquina y estrecha.

 

Para nosotros los cristianos, el someternos a la voluntad de Dios sea cual fuere, es la muestra más grande de fe después de la manifestada al haber creído en Jesucristo como el Hijo de Dios y Único Salvador.

 

¿Quién era Job? Job era un personaje real; las citas de otros libros así lo confirman (Stg. 5:11), por lo tanto los eventos aquí narrados son históricos. Job era un personaje histórico probablemente del segundo milenio a. C. (léase Gén. 36, y obsérvese mayor detalle en los versículos 4, 10, 11, 12-15, 28, 33 y 34 donde se ve mucha “coincidencia” en que aparezcan nombres como los de los amigos de Job y probablemente el del mismo Job como “Jobab” en el versículo 33; todos descendientes de Esaú, que es lo mismo que Edom). Está certificado fuera de la Biblia (por ejemplo, en las cartas de Tell Amarna, siglo XIV a. C., de un rey de Transjordania que se llama Aja-ab). Lo cual hace más verosímil la hipótesis de que Job haya sido un personaje real. Los relatos populares sabían de un Job, relatos que implícitamente había citado Ezequiel en su lucha contra la doctrina esquematizada de la retribución (Ez. 14:20). Ello quiere decir que el libro de Job ya estaba en cierto modo canonizado de antemano por los profetas.

 

Sin embargo, en los largos diálogos de los amigos de Job no se vislumbra que conocieran la Ley de Moisés, puesto que siendo éstos tan sabios y conocedores de Dios era imposible que no la mencionaran si existiera. Lo anterior quiere decir que la historia de Job se desarrolla mucho antes que los acontecimientos del Éxodo. El nombre de Job significa más o menos “el acosado” o perseguido.

 

La tierra de Uz, que no conocemos por otras fuentes, habría que buscarla así mismo en Transjordania (Siria, Edom o Arabia). Señala Job 1:3 “Era aquel varón más grande que todos los orientales”. Para los israelitas los habitantes o hijos de Oriente son los pueblos que están al este del Jordán. El árbol genealógico de los hijos de Noé menciona un Uz entre los hijos de Aram (Gen. 10:23). Job no es, pues, un personaje israelita. ¿Qué le ocurrió a Job?

 

13Y un día aconteció que sus hijos e hijas comían y bebían vino en casa de su hermano el primogénito,

14y vino un mensajero a Job, y le dijo: Estaban arando los bueyes, y las asnas paciendo cerca de ellos,

15y acometieron los sabeos y los tomaron, y mataron a los criados a filo de espada; solamente escapé yo para darte la noticia.

16Aún estaba éste hablando, cuando vino otro que dijo: Fuego de Dios cayó del cielo, que quemó las ovejas y a los pastores, y los consumió; solamente escapé yo para darte la noticia.

17Todavía estaba éste hablando, y vino otro que dijo: Los caldeos hicieron tres escuadrones, y arremetieron contra los camellos y se los llevaron, y mataron a los criados a filo de espada; y solamente escapé yo para darte la noticia.

18Entre tanto que éste hablaba, vino otro que dijo: Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito;

19y un gran viento vino del lado del desierto y azotó las cuatro esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, y murieron; y solamente escapé yo para darte la noticia. Job. 1: 6-19

 

El núcleo de la historia narra que a Job le llegan cuatro mensajes de desgracia: en una fiesta de sus hijos, los sabeos aniquilan una parte de los ganados de Job y matan a sus criados; la otra parte del ganado es abrasada por el rayo (“fuego de Dios cayó del cielo”); los caldeos cayeron sobre sus camellos y se los llevaron; un fuerte vendaval del desierto derribó la casa del hijo primogénito, en que los otros hijos de Job celebraban un banquete, pereciendo todos. Pese a todo, no bastaría con centrarse en esa acumulación de desgracias; el lenguaje apunta a algo más. La incursión de los sabeos y caldeos nos recuerda que, según la creencia israelita, los pueblos no hacen sino lo que Dios quiere. También el fuego del cielo y el viento de la tormenta son signos de lo que Dios hace. Se hace  hincapié en que tales desgracias han sido permitidas por Dios.

 

20Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró,

21y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.

22En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno. Job.1:20-22

 

Ante todo, observamos que Dios nunca abandona al justo (2:1-6). “Piel por piel” (2:4), le dice satanás a Dios, refiriéndose a Job. Se trata evidentemente de un proverbio (2:4), cuyo sentido se desprende del contexto, pero que en sí mismo resulta difícil de explicar. Quiere decir que Job entrega su piel (es decir, sus propiedades), y no se rebela con tal de conservar su piel (su vida). Con otras palabras, Job se somete a Dios en un sentimiento de temor reverente. Por si fuera poco, el justo Job es afligido con úlceras (2:7-10); si la historia se hubiera desarrollado entre los israelitas, habría que decir que estaba levíticamente impuro, por lo que hubiera sido expulsado de la sociedad. Sólo entonces es realmente pobre. La respuesta que Job da a su mujer cuando ésta le lanza al rostro la recriminación de “¡Maldice a Dios y muérete! (2:9), viene a ser en cierto modo una primera respuesta al problema: Job le dice “Si aceptamos la dicha que Dios nos envía, ¿por qué no aceptar la desgracia?” (2:10). Dios aflige también a los piadosos, únicamente para su alabanza. Está escrito para nuestro consuelo que Dios permite que sus grandes santos tropiecen, especialmente en la desgracia. ¿Qué hizo Job?- adoró a Dios (1:20). No pecó en esto.

 

Más adelante, en medio de sus padecimientos, declara “Yo sé que mi Redentor vive,…”  19:25-27 y muestra así una visión profunda inclusive de Jesucristo y su segunda venida, miles de años antes de que ocurra su nacimiento. ¿Cómo terminó esta historia?

 

10Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job.

11Y vinieron a él todos sus hermanos y todas sus hermanas, y todos los que antes le habían conocido, y comieron con él pan en su casa, y se condolieron de él, y le consolaron de todo aquel mal que Jehová había traído sobre él; y cada uno de ellos le dio una pieza de dinero y un anillo de oro.

12Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero; porque tuvo catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas,

13y tuvo siete hijos y tres hijas.

14Llamó el nombre de la primera, Jemima, el de la segunda, Cesia, y el de la tercera, Keren-hapuc.

15Y no había mujeres tan hermosas como las hijas de Job en toda la tierra; y les dio su padre herencia entre sus hermanos.

16Después de esto vivió Job ciento cuarenta años, y vio a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación.

17Y murió Job viejo y lleno de días. Job. 42:10-17

 

¿Cómo era Job?-Job 1:1 y 9:20 nos dicen que era perfecto (Ez. 14:14, Stg. 5:11). Quiere decir que tenía el mayor grado posible de bondad o excelencia en su línea. Que poseía el grado máximo de una determinada cualidad. En la Biblia, se dice perfecto a quien no se contaminó del mundo (Dt. 18:13). Existen muchos pasajes en N. T. que hablan de que el cristiano debe ser perfecto, entre ellos, Col. 1:28, 4:12, Stg. 1:4, etc. Pero esa perfección, si la tenemos, no  nos toca mencionarla de nosotros mismos (Fil. 3:12-14). En Mt. 5:48 Jesús dice: “Sed, pues, perfectos como vuestro Padre…”, al joven rico Jesús le dijo “Si quieres ser perfecto…”, el Señor Jesucristo ora por la perfección de sus discípulos en la unidad (Jn. 17:23). Entonces podemos comprender Ef. 4:13: “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto…”. Los pensamientos e intenciones del cristiano perfecto son acordes o en consonancia con la voluntad de Dios. Se cometen errores por equivocación no por mala intención. Tropieza, pero se vuelve a levantar.

 

Asimismo, encontramos en Job 1:1, que este varón era recto, o sea, que no se inclinaba a un lado ni a otro. Que va sin desviarse al punto donde se dirige. Que es justo, severo e intachable en su conducta. Dt. 6:18 dice: “Haz lo recto y bueno ante los ojos de Jehová, para que te vaya bien…”. Hagamos lo que Dios quiere, lo que sabemos le es agradable; obedezcamos.

 

El mismo texto afirma que Job era temeroso de Dios. Observaba lo que hacía y lo cotejaba con lo que Dios quería, corrigiendo lo necesario. Le era muy importante la opinión de Dios manifestada en las circunstancias que Él le pone enfrente. Respeta a Dios y le prodiga toda la alabanza sólo a Él.

 

También Job era apartado del mal (1:1). No toma los caminos que evidentemente son contrarios a Dios. No se acomoda a las cosas del siglo ni de este mundo (Pr. 16:17, Ro. 12:1,2).

 

Job era un personaje real, el cual padeció de una manera tan grande que nunca pensaríamos le pudiese ocurrir a un justo; en un solo día se ve disminuido de ser un personaje poderoso a ser un pobre y despreciado el cual pierde todo y hasta sus mejores amigos le recriminan pensando que ha cometido un gran pecado. Pero enfermo y a punto de desfallecer no peca contra Dios. Finalmente reconoce que le falta humildad y recupera el doble de lo que había perdido y vuelve a ser un hombre poderoso en la tierra y muere feliz en el Señor.

 

Si aceptamos la dicha que Dios nos envía, ¿por qué no aceptar la desgracia? Dios aflige también a los piadosos, únicamente para su alabanza. Dios permite que sus grandes santos tropiecen. Debemos estar listos para no pecar y ser perfectos, rectos, temerosos de Dios y apartados del mal.