Jesús y la ley

18 de abril de 2010

El evangelio nos enseña a respetar en todos sus preceptos, la ley civil que nos rige como ciudadanos, pues esto es bueno delante de Dio; sin embargo, habrá ocasiones en que haciendo lo justo nos encontraremos fuera de la ley, pero agradando a Dios.

 

 

17No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. 18Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.

19De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.

20Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Mat. 5:17-20

 

El sermón del monte es la enseñanza de las normas éticas del reino al cual pertenecen ya los que han creído en Cristo Jesús, los cuales debemos tomar en serio estas normas éticas en nuestra vida diaria. En este pasaje Jesús proclamó su actitud hacia la ley de Moisés.

 

En el reino de los cielos, al que Jesús nos ha acercado, porque hemos creído en Él, no importa la posición social, la autoridad individual o el dinero, lo que importa es la obediencia fiel del corazón. Jesús desafía las prácticas legalistas de los fariseos de ese tiempo y los de ahora.

 

 

Aquí Jesús se refiere a la Ley de Moisés, que a  la vez es la Ley de Dios, entregada a Moisés en diez mandamientos de los cuales dependen estatutos, preceptos y decretos que encontramos sobre todo en el libro de Levítico. Esa Ley tenía tres categorías: la ceremonial, la civil y la moral, la Biblia se refiere a ellas en diversos pasajes.

 

La Ley ceremonial estaba relacionada a la adoración del pueblo de Israel (Lev. 1:2-3). Esta ley anunciaba a Jesucristo, cuando Él muere en la cruz y después cuando resucita; deja de estar en vigencia, porque ya tuvo su cumplimiento, pero sus principios prevalecen (su espíritu), que es amar y adorar a Dios, por la salvación dada a través de su hijo Jesucristo.

 

La Ley civil eran las normas del orden diario para el pueblo de Israel exclusivamente. El equivalente para nosotros son las leyes civiles que rigen nuestra nación, pero el espíritu de éstas es el mismo que el de aquellas.

 

La Ley moral (como los diez mandamientos), prevalece, pues representa lo que Dios quiere para el hombre.

 

Jesús nació y vivió bajo esa Ley (de Moisés), pero ninguno podía acusarlo de pecar contra ella (Jn. 8:46). Cuando en su ministerio se refirió a la Ley habló de lo central en ella (Mt. 22:35-40). Confirmó Él las promesas de Dios hechas en la Ley (Ro. 15:8). Jesús cumplió los tipos de la Ley e impuso un Nuevo Pacto hecho con su sangre (Heb. 9:11-15). Llevó sobre sí mismo, en lugar de nosotros, la maldición de la ley, a fin de que todos los que creyésemos pudieramos participar en las bendiciones del pacto concertado con Abraham (G. 3:13,14). Por su obra redentora, trasladó a todos los que creemos, del lugar de siervos de una ley, a la posición de hijos de Dios (Gá. 4:1-7). Jesús estableció la “Ley de Cristo” en nuestro corazón (Gá. 6:2), cuyos preceptos son más elevados que los de la ley mosaica y su práctica se hace posible cuando se tiene al Espíritu Santo. Jesús cumplió la ley en cuanto Él nació como humano, desarrolló su ministerio, murió en la cruz y resucitó al tercer día (Mt. 11:13). Jesús cumplió la ley en su esencia, el amor (Mt. 22:36-40, Luc 10:25-28, Jn. 1:45, 15:25 Luc 24:44) y todo eso había anunciado la Ley. Él manifestó que lo más importante de la ley es la justicia, la misericordia y la fe (Mt. 23:23).

 

Todos los cristianos debemos obedecer el espíritu de la ley. Pero si nos quedásemos al nivel de la letra de la ley (si judaizáramos), estaríamos actuando como si Jesús no hubiese venido. Hay un “hasta aquí” no al espíritu de la ley, sino a la letra (Jn. 1:17). El evangelio es superior (Hch. 13:39), cumpliéndolo, cumplimos más que la ley (Ro. 2:15, 25-27, 3:3). Ni siquiera los apóstoles impusieron la ley a los que no eran judíos, sino que les enseñaron el evangelio (Hch. 15:19-21, 28-29, Ro. 3:19-20).

 

Pablo, por ser judío (aunque cristiano), estaba obligado a cumplir la ley (Hch. 21:20-26), pues para él seguía siendo ley civil. Pero en cualquier parte del mundo, un judío de hoy no está obligado a seguir los diversos rituales de la antigua Ley y si los sigue, es porque él considera que es correcto y, en todo caso realiza sólo algunos que cree más importantes o que puede realizar. A partir de esto, consideremos cuán errados están algunos cristianos que, no siendo judíos, tratan de seguir la letra de la antigua Ley de Moisés. Los que hacen esto es como si dijeran que el Mesías anunciado por la Ley, no ha venido. Nosotros estamos bajo el evangelio (Ro. 3:27, 28). Estamos bajo la gracia (Ro. 6:14).

 

Ninguna parte de la enseñanza de Dios debe minimizarse, aunque sea una “jota o una tilde”(los rasgos más pequeños en la escritura hebrea), el que así enseñe, impactará poco en la iglesia (no quiere decir que acudan pocos, sino que los congregantes, aunque sean muchos, no verán su vida impactada por las enseñanzas). El Señor Jesús (el Dios encarnado), dio pleno cumplimiento a todo lo que la Ley y los profetas habían anunciado de Él, desde su nacimiento, con su ministerio, su muerte en la cruz y su resurrección. Nos debemos siempre deleitar en la lectura de la Ley, pues debemos seguir su esencia, sabiendo que toda ella habla de nuestro Salvador.

 

Vivamos el evangelio, pongamos atención a la ética del Sermón del Monte, que se ha dejado de enseñar en las iglesias (en muchas) y representa las bases de la vida cristiana.

 

Si somos evangélicos, pensemos en la justicia, que es inherente al evangelio; también era parte de la ley pero los fariseos se encargaron de dejarla fuera. En nuestros días hemos escuchado frases como “encima de la ley, nada”, o “todo dentro del marco de la ley” o “apegados a la legalidad”, que normalmente las dicen quienes no practican la justicia. En algunas naciones se impulsan leyes injustas (como la del aborto, la de incrementar el impuesto a los pobres, la que justifica los monopolios de comunicación y otras); se supone que obedecerlas es estar dentro de la ley; hagamos siempre nosotros lo que agrade a Dios.

 

Ya en la Biblia, vemos que los fariseos se apegaban “a la legalidad”. Muchas veces, si sólo nos circunscribimos a la ley, no agradamos a Dios. Jesús agravió a los legalistas al sanar enfermos en sábado (Luc. 14:1-4). Pedro y Juan desacataron la ley impuesta cuando no obedecieron a las autoridades que les impedían hablar del evangelio (Hechos, caps. 4 y 5). Tengamos el evangelio escrito en nuestro corazón.

 

El Señor Jesús en su advenimiento dio cumplimiento a todo lo que estaba escrito acerca de Él y lo que falta (su segunda venida), también se cumplirá. El hecho de que el cielo y la tierra (éstos), pasarán, ya está escrito. La palabra de Dios se cumplirá en su totalidad. Cumplamos la ley de Dios en nuestro corazón y en la práctica diaria.

Sermones

Jesús y la ley

18 de abril de 2010

El evangelio nos enseña a respetar en todos sus preceptos, la ley civil que nos rige como ciudadanos, pues esto es bueno delante de Dio; sin embargo, habrá ocasiones en que haciendo lo justo nos encontraremos fuera de la ley, pero agradando a Dios.

 

 

17No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. 18Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.

19De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.

20Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Mat. 5:17-20

 

El sermón del monte es la enseñanza de las normas éticas del reino al cual pertenecen ya los que han creído en Cristo Jesús, los cuales debemos tomar en serio estas normas éticas en nuestra vida diaria. En este pasaje Jesús proclamó su actitud hacia la ley de Moisés.

 

En el reino de los cielos, al que Jesús nos ha acercado, porque hemos creído en Él, no importa la posición social, la autoridad individual o el dinero, lo que importa es la obediencia fiel del corazón. Jesús desafía las prácticas legalistas de los fariseos de ese tiempo y los de ahora.

 

 

Aquí Jesús se refiere a la Ley de Moisés, que a  la vez es la Ley de Dios, entregada a Moisés en diez mandamientos de los cuales dependen estatutos, preceptos y decretos que encontramos sobre todo en el libro de Levítico. Esa Ley tenía tres categorías: la ceremonial, la civil y la moral, la Biblia se refiere a ellas en diversos pasajes.

 

La Ley ceremonial estaba relacionada a la adoración del pueblo de Israel (Lev. 1:2-3). Esta ley anunciaba a Jesucristo, cuando Él muere en la cruz y después cuando resucita; deja de estar en vigencia, porque ya tuvo su cumplimiento, pero sus principios prevalecen (su espíritu), que es amar y adorar a Dios, por la salvación dada a través de su hijo Jesucristo.

 

La Ley civil eran las normas del orden diario para el pueblo de Israel exclusivamente. El equivalente para nosotros son las leyes civiles que rigen nuestra nación, pero el espíritu de éstas es el mismo que el de aquellas.

 

La Ley moral (como los diez mandamientos), prevalece, pues representa lo que Dios quiere para el hombre.

 

Jesús nació y vivió bajo esa Ley (de Moisés), pero ninguno podía acusarlo de pecar contra ella (Jn. 8:46). Cuando en su ministerio se refirió a la Ley habló de lo central en ella (Mt. 22:35-40). Confirmó Él las promesas de Dios hechas en la Ley (Ro. 15:8). Jesús cumplió los tipos de la Ley e impuso un Nuevo Pacto hecho con su sangre (Heb. 9:11-15). Llevó sobre sí mismo, en lugar de nosotros, la maldición de la ley, a fin de que todos los que creyésemos pudieramos participar en las bendiciones del pacto concertado con Abraham (G. 3:13,14). Por su obra redentora, trasladó a todos los que creemos, del lugar de siervos de una ley, a la posición de hijos de Dios (Gá. 4:1-7). Jesús estableció la “Ley de Cristo” en nuestro corazón (Gá. 6:2), cuyos preceptos son más elevados que los de la ley mosaica y su práctica se hace posible cuando se tiene al Espíritu Santo. Jesús cumplió la ley en cuanto Él nació como humano, desarrolló su ministerio, murió en la cruz y resucitó al tercer día (Mt. 11:13). Jesús cumplió la ley en su esencia, el amor (Mt. 22:36-40, Luc 10:25-28, Jn. 1:45, 15:25 Luc 24:44) y todo eso había anunciado la Ley. Él manifestó que lo más importante de la ley es la justicia, la misericordia y la fe (Mt. 23:23).

 

Todos los cristianos debemos obedecer el espíritu de la ley. Pero si nos quedásemos al nivel de la letra de la ley (si judaizáramos), estaríamos actuando como si Jesús no hubiese venido. Hay un “hasta aquí” no al espíritu de la ley, sino a la letra (Jn. 1:17). El evangelio es superior (Hch. 13:39), cumpliéndolo, cumplimos más que la ley (Ro. 2:15, 25-27, 3:3). Ni siquiera los apóstoles impusieron la ley a los que no eran judíos, sino que les enseñaron el evangelio (Hch. 15:19-21, 28-29, Ro. 3:19-20).

 

Pablo, por ser judío (aunque cristiano), estaba obligado a cumplir la ley (Hch. 21:20-26), pues para él seguía siendo ley civil. Pero en cualquier parte del mundo, un judío de hoy no está obligado a seguir los diversos rituales de la antigua Ley y si los sigue, es porque él considera que es correcto y, en todo caso realiza sólo algunos que cree más importantes o que puede realizar. A partir de esto, consideremos cuán errados están algunos cristianos que, no siendo judíos, tratan de seguir la letra de la antigua Ley de Moisés. Los que hacen esto es como si dijeran que el Mesías anunciado por la Ley, no ha venido. Nosotros estamos bajo el evangelio (Ro. 3:27, 28). Estamos bajo la gracia (Ro. 6:14).

 

Ninguna parte de la enseñanza de Dios debe minimizarse, aunque sea una “jota o una tilde”(los rasgos más pequeños en la escritura hebrea), el que así enseñe, impactará poco en la iglesia (no quiere decir que acudan pocos, sino que los congregantes, aunque sean muchos, no verán su vida impactada por las enseñanzas). El Señor Jesús (el Dios encarnado), dio pleno cumplimiento a todo lo que la Ley y los profetas habían anunciado de Él, desde su nacimiento, con su ministerio, su muerte en la cruz y su resurrección. Nos debemos siempre deleitar en la lectura de la Ley, pues debemos seguir su esencia, sabiendo que toda ella habla de nuestro Salvador.

 

Vivamos el evangelio, pongamos atención a la ética del Sermón del Monte, que se ha dejado de enseñar en las iglesias (en muchas) y representa las bases de la vida cristiana.

 

Si somos evangélicos, pensemos en la justicia, que es inherente al evangelio; también era parte de la ley pero los fariseos se encargaron de dejarla fuera. En nuestros días hemos escuchado frases como “encima de la ley, nada”, o “todo dentro del marco de la ley” o “apegados a la legalidad”, que normalmente las dicen quienes no practican la justicia. En algunas naciones se impulsan leyes injustas (como la del aborto, la de incrementar el impuesto a los pobres, la que justifica los monopolios de comunicación y otras); se supone que obedecerlas es estar dentro de la ley; hagamos siempre nosotros lo que agrade a Dios.

 

Ya en la Biblia, vemos que los fariseos se apegaban “a la legalidad”. Muchas veces, si sólo nos circunscribimos a la ley, no agradamos a Dios. Jesús agravió a los legalistas al sanar enfermos en sábado (Luc. 14:1-4). Pedro y Juan desacataron la ley impuesta cuando no obedecieron a las autoridades que les impedían hablar del evangelio (Hechos, caps. 4 y 5). Tengamos el evangelio escrito en nuestro corazón.

 

El Señor Jesús en su advenimiento dio cumplimiento a todo lo que estaba escrito acerca de Él y lo que falta (su segunda venida), también se cumplirá. El hecho de que el cielo y la tierra (éstos), pasarán, ya está escrito. La palabra de Dios se cumplirá en su totalidad. Cumplamos la ley de Dios en nuestro corazón y en la práctica diaria.