Jesús ha resucitado

Sermones

Jesús ha resucitado

4 de abril de 2010

 

Jesús ha roto ya las ligaduras de la muerte, una sola vez y para siempre, por eso para los cristianos morir es dormir; será un sueño reparador porque los muertos en Cristo serán despertados amorosamente por su Salvador cuando se escuche el sonido de su trompeta, para vivir con Él eternamente.

 

 

1El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas.

2Y hallaron removida la piedra del sepulcro;

3y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

4Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes;

5y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?

6No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea,

7diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día.

8Entonces ellas se acordaron de sus palabras,

9y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás.

10Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles.

11Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían.

12Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido. Luc. 24:1-12.

 

Debemos reconocer la fortaleza que en general las mujeres tienen, la cual va más allá de lo físico. Dejemos atrás el concepto de la debilidad de ellas. Las mujeres que reconocen a Jesús como su Señor y Salvador son las que llevan la delantera en la predicación del evangelio en sus casas, entre sus amistades y en la iglesia; las que se oponen a lo dicho por Él causan grandes estragos y divisiones en todas partes donde se mueven y en ocasiones solo pueden ser contenidas por otras mujeres. Algunas mujeres fueron elegidas por el Señor Jesús para que recibieran las primicias de su ministerio, su muerte y su resurrección; por eso será necesario que volvamos la vista hacia las mujeres seguidoras de Jesús que nos rodean y reconozcamos que son un gran instrumento de Dios utilizado con poder para la difusión de su palabra.

 

El versículo 1 de este pasaje se refiere a las mujeres que vinieron con Jesús desde Galilea (Luc. 23:55), que son María Magdalena, María la madre de Jacobo (vers. 10 y Mt. 28:1), Salomé (Mr. 16:1) y Juana (mujer de Chuza, intendente de Herodes (Luc. 8:3).

 

El hecho de que ellas se presenten un primer día de la semana para constatar que Jesús ha resucitado significa entre otras cosas que, ahora Jesús, que ha venido a hacer nuevas todas las cosas, quiere que sigamos celebrando siempre el primer día de la semana su resurrección, reuniéndonos como iglesia para alabar su nombre, como queda comprobado de las reuniones que celebraban los hermanos de la iglesia primitiva.

 

Se presentan ellas para preparar el cuerpo de Jesús para que no se corrompiera, pero una fuerza sobrenatural (celestial) rompió los sellos del sepulcro y removió la piedra (Mat. 28:2-4). Los guardias que habían sido apostados (Mt. 27:65,66), quedaron como muertos. No ver el cuerpo de Jesús donde antes había sido puesto provocó en ellas enorme sorpresa y espanto, ¿qué pasó?, ¿acaso robaron el cuerpo del Señor? (Mt. 27:62-64) ¿acaso se levantó de entre los muertos como lo había anunciado? (Mr. 8:31).

 

Entran al sepulcro y ven a dos ángeles (Mr. 16:5 menciona a uno, porque uno es el que habló); uno de ellos ha removido la gran piedra. Éstos tenían vestiduras resplandecientes semejantes a las que portará el cristiano en la presencia de Dios (Ap. 3:4).

 

¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? Es la pregunta que hicieron los ángeles y es la que seguimos haciendo a muchas personas que buscan a la deidad entre los muertos (como Buda y Mahoma), que buscan milagros en imágenes, en esculturas, en objetos y en tradiciones.

 

Para el creyente, el hecho de que Jesús vive demuestra que Él es el mismo y único Dios vivo y verdadero, que nuestra esperanza es segura, que hay quien nos escucha, que nos responde, que nos cuida, que es el Rey victorioso que ha roto las ligaduras de la muerte, pues se ha levantado por sí mismo de entre los muertos para no morir jamás, algo que ninguno otro ha hecho ni hará.

 

Entendemos que los que creemos en Él, somos también vencedores de la muerte, pues ésta no se enseñoreará de nosotros ni permaneceremos muertos, sino que así como Jesús se levantó de los muertos, todos los muertos en Cristo Jesús se levantarán para recibirle en las nubes cuando Él regrese, porque la resurrección de Jesús también nos recuerda que Él viene otra vez, ya no como Salvador, sino como Juez delante de toda la tierra. Por eso el tiempo para ser salvo es antes de que Jesús regrese, pero Él puede regresar hoy.

 

Al oír estas mujeres la noticia celestial de que Jesús había resucitado, creyeron de inmediato; ésta es la gran diferencia de ellas con los discípulos varones, para los cuales fueron necesarias más señales, pero ellas, fieles a Jesús, que tenían tiempo de escucharle, de creerle, de obedecerle y seguirle, se acordaron de sus palabras acerca de que resucitaría (Mt. 16:21, 17:22-23, 20:18-19, Mr. 8:31, 9:31, 10:33, Luc. 9:22 y 18:31-33).

 

Al  creer ellas de inmediato, como consecuencia, por convicción y obediencia, dieron aviso a los once y a los que estaban con ellos. Es muy interesante (y para muchos sigue siendo un misterio), que los apóstoles, que serían los encargados de difundir las buenas nuevas a todo el mundo tal como les enseñó Jesús, hayan recibido de las mujeres este anuncio (que Jesús las haya utilizado para avisarles a ellos). Esto habla de la importancia, de la relevancia y del papel que tiene la mujer en el ámbito cristiano hasta el día de hoy. Pero el versículo 11 nos devela parte de este misterio, pues en cuanto ellos reciben de ellas la noticia, les pareció locura y no lo creían (mientras que ellas ya habían creído).

 

El mensaje de ellas había sido dirigido en segunda instancia a Pedro, por mandato del Señor (Mr. 16:7), por eso Pedro corrió al sepulcro y entró, se cercioró de todo y se fue a su casa maravillado, pero ¡no estaba convencido!; Jn. 20:3-8 nos dice que después llegó Juan, que al principio no entró, pero que cuando entró creyó. Entonces, después de las mujeres que creyeron, creyó un varón joven, esto es ilustrativo también para nosotros hoy.

 

Es necesario que, en la difusión de este gran mensaje del que ahora todos los cristianos somos portadores, de que a Jesús no hay que buscarlo entre los muertos porque Él vive, reina y salva, cada uno asumamos la parte que nos corresponde, considerando en este importante ministerio a las mujeres y los jóvenes.