Jesús anda sobre el mar

Sermones

Jesús anda sobre el mar

29 de agosto de 2010

Todos los cristianos llegamos a pasar por alguna tormenta en nuestra vida y en esos momentos, lo que se oye es el estruendo de la misma y podemos sentir que desfallecemos, pero en esas horas aciagas, pongamos atención en que Jesús siempre está presente y nos anima.

 

 

22 En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud.

23 Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo.

24 Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario.

25 Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar.

26 Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: !Un fantasma! Y dieron voces de miedo.

27 Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: !Tened ánimo; yo soy, no temáis!

28 Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.

29 Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.

30 Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: !Señor, sálvame!

31 Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: !Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?

32 Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento.

33 Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.

Mat. 14: 22-33

Pasajes paralelos Mar. 6:45-52 y Jn. 6:16-21

 

En el pasaje anterior a éste, leemos que los discípulos han visto que Jesús milagrosamente ha alimentado a cinco mil personas con cinco panes y dos peces. Este milagro fue hecho delante de miles, pero algunos no creían (Mr. 6:52). Sin embargo, la mayoría de aquellos testigos no quería perder la vista a Jesús, pues estaban maravillados (Jn. 6:22-26). Los milagros hechos por Jesús que veremos en este pasaje, son de testimonio para los discípulos cercanos (los doce), pues aquellos miles no están presentes.

 

Después del milagro de la multiplicación de los panes y los peces, muchas personas, no entendiendo el origen divino de Jesús ni su misión, pero viendo su poder, querían hacerle rey (en oposición a los romanos), desvirtuando el propósito de Dios (Jn. 6:15). Jesús no lo permite, por eso decide retirarse aparte y envía por delante a sus discípulos, que crucen solos el mar de Galilea (o mar de Tiberias, pues según donde vivieran así le llamaban, como dice Jn. 6:1), mientras Él despide a la multitud. También, Jesús tenía el propósito de orar solo (y así le llegó la noche), apartándose de aquella multitud.

 

Los discípulos irán en una barca de Galilea a Capernaum (según Jn. 6:17) o hacia Betsaida (según Mar. 6:45); de todas maneras, Capernaum y Betsaida estaban muy cerca una de la otra. Un gran viento soplaba (Jn. 6:18). A los discípulos les tocó enfrentarse con una tormenta a esa misma hora de la noche, pues el viento era contrario a su avance.

 

Como sabemos, la tormenta es un fenómeno meteorológico. En otros términos, para el cristiano, una tormenta es un problema agudo, una crisis o un temporal que provoca expectación y espanto, pues en la tormenta ocurren cosas que están fuera del control de uno, aunque pudieron haber sido provocados por uno mismo. Las tormentas pueden ser de carácter familiar, matrimonial, laboral, de necesidad económica o espiritual, de enfermedad, etc.

 

Cuando habían los discípulos avanzado entre 25 y 30 estadios (entre 5 y 6 km), como dice Jn. 6:19, vieron a Jesús andando sobre el mar (o la mar), a la cuarta vigilia de la noche, que son las tres horas previas a que salga el sol; dice Mar. 6:48 que se quería adelantar. Jesús camina sobre el mar, porque Él lo hizo y el tiene todo el poder, era necesario que los discípulos vieran que aparte de multiplicar los alimentos y sanar todo tipo de enfermedades, Él puede dominar a todos los elementos que inciden sobre la tierra y todo el universo. El hecho de que Jesús camine sobre el mar constituye un primer milagro o maravilla de este pasaje.

 

Los discípulos creyeron que era un fantasma (Mar. 6:49); las consejas sobre fantasmas siempre han existido, pero los fantasmas no. De momento ellos creyeron que siempre sí existían los fantasmas. Afirmar que hay fantasmas es ir en contra de lo que la Biblia enseña, pues no da lugar a ello (y tampoco ninguno lo ha podido demostrar); Job 4:16 habla de un fantasma, pero 4:13 nos dice que era producto de la imaginación. El Diccionario de la Real Academia Española reconoce a los fantasmas como creaciones de los sueños y como producto de la fantasía (esta palabra da origen a la palabra fantasma). En todo caso los espíritus malignos influyen en personas vivas, no en muertos. La imaginación sí existe. Un cristiano no debe andar en ningún tipo de conseja.

 

Cuando estemos en medio de alguna tormenta (a pesar del estruendo de la misma), tratemos de distinguir (de manera espiritual), la voz de Jesús (la voz de Dios), que nos dice: “tened ánimo”; esa tormenta la controla Él.

Entonces, en vez de desfallecer en la tormenta, capitalicémosla, cobrando nuevos ánimos. El que no está en Jesús, siente una gran soledad en la tormenta, pero las palabras de Él erradican el miedo.

 

No es un capricho de Pedro ir sobre las aguas emulando a su Maestro, sino que este hombre (pescador), todavía duda que sea Jesús, pues sabe que solo Él puede hacerlo. El Señor accede y Pedro logra caminar sobre las aguas, lo cual constituye un segundo milagro en este pasaje. Es un milagro en el que Jesús pone a prueba la fe de Pedro, pero éste no tuvo la fe suficiente. Aunque seguramente sabía nadar, sentía que perecía por el fuerte viento que levantaba las olas que lo hundían (tal vez Pedro quería caminar sin tormenta).

 

El que no confía en medio de la tormenta, tampoco lo hará en medio de la calma. Las tormentas nos sirven para acrecentar nuestra fe. La tormenta se calmó en cuanto subieron a la barca y representó el tercer milagro. Confiemos en Jesús siempre, sin necesidad de que haya tormenta.