Implicaciones de nuestro compromiso

Sermones

2 de enero 2011

 

Hay muchos compromisos que podemos asumir de inmediato o que podemos posponer (y en muchos casos así conviene), pero para comprometerse con Dios no hay mucho tiempo; si verdaderamente hemos creído en Cristo Jesús, debemos decidirnos hoy.

 

1 Así,  pues,  nosotros,  como colaboradores suyos,  os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios.

2Porque dice:

 En tiempo aceptable te he oído,

 Y en día de salvación te he socorrido.

 He aquí ahora el tiempo aceptable;  he aquí ahora el día de salvación.

3No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo,  para que nuestro ministerio no sea vituperado;

4 antes bien,  nos recomendamos en todo como ministros de Dios,  en mucha paciencia,  en tribulaciones,  en necesidades,  en angustias;

5 en azotes,  en cárceles,  en tumultos,  en trabajos,  en desvelos,  en ayunos;

6 en pureza,  en ciencia,  en longanimidad,  en bondad,  en el Espíritu Santo,  en amor sincero,

7 en palabra de verdad,  en poder de Dios,  con armas de justicia a diestra y a siniestra;

8 por honra y por deshonra,  por mala fama y por buena fama;  como engañadores,  pero veraces;

9 como desconocidos,  pero bien conocidos;  como moribundos,  mas he aquí vivimos;  como castigados,  mas no muertos;

1  como entristecidos,  mas siempre gozosos;  como pobres,  mas enriqueciendo a muchos;  como no teniendo nada,  mas poseyéndolo todo. 2ª. Co. 6:1-10

 

 

Después de que es enviada por Pablo a los hermanos de Corinto una dura carta, a través de Tito su colaborador  (la que conocemos como Primera a los Corintios), él obtiene después de un tiempo la respuesta que le lleva Tito (2:12-14), de que la iglesia ha corregido el rumbo y esto es lo maravilloso de las cartas a los corintios (que aquellos hermanos se arrepintieron de sus excesos). Después, el apóstol (junto con Timoteo), procede a enviar esta carta (la conocida como Segunda a los Corintios), muy diferente a la primera; ahora con palabras de aliento, de gozo y del propósito de compartir su experiencia para que aquellos hermanos no vuelvan a caer en lo mismo.

 

En este pasaje, Pablo y Timoteo exhortan a los hermanos de Corinto a que actúen en consecuencia, conforme a lo que han creído y lo que son. Las exhortaciones no son regaños, sino llamados que Dios hace a través de algunas personas, para que otras no se desvíen de su camino. Pablo hace referencia a las palabras del profeta Isaías (49:8), cuando habla del período de la gracia, del tiempo aceptable que Dios ha dispuesto para salvación. Ese tiempo de salvación es hoy. Es el tiempo de seguir a Dios, de comprometerse en su servicio, de ser fieles; de obedecerle en todo.

 

Para cumplir así se necesita ser decidido, abandonar por ejemplo la idea de que “estaría bien”, de que “lo voy a pensar”, de “me gusta la idea”, de “sería bonito”. Es tiempo de poner atención a lo que Dios quiere y quitar un poco de atenciones hacia nosotros mismos.

 

Pablo y Timoteo (que escribieron esto), eran congruentes, pues no daban ocasión de tropiezo; por eso lo afirman con autoridad y responsabilidad moral, no con jactancia, para que el evangelio no sea vituperado. Ellos eran aprobados por Dios y por los hermanos de Corinto como “colaboradores de Dios”. Escribían sin arrogancia lo que era real y de lo que los receptores de la carta eran testigos. Estaban comprometidos en la predicación del evangelio y eso implicaba muchos esfuerzos, pero también grande gozo, como ocurre a todo aquel que se involucra en el servicio a Dios.

 

En su servicio fiel esforzado, ellos tuvieron que hacer acopio de paciencia, que es necesaria cuando se esperan resultados, pues pasaron por tribulaciones, lo cual puede significar congojas, penas o tormentos, pero sobre todo en aquel tiempo, persecuciones. Sufrieron necesidades, al grado de en ocasiones no tener para comer o para vestir o dónde pasar la noche. Pasaron por angustias; aflicciones que en el evangelio se sufren sobre todo por otros. Fueron azotados, estuvieron presos (Hch, 22:24), estuvieron enmedio de tumultos las veces que les quisieron linchar (Hch. 21:27-36). Pasaron por trabajos; las acciones que deben hacerse para llevar el evangelio y usar las manos para allegarse recursos y no ser gravoso. Soportaron desvelos y ayunos, tanto obligados como voluntarios. ¿Qué estoy dispuesto a dar en mi compromiso con Dios?

 

También en el servicio fiel, hay deleites espirituales, aquí se mencionan algunos que experimentan los que están comprometidos en la difusión del evangelio, el primero es la pureza, preciosa experiencia de no estar contaminado y no jactarse. Ciencia, el privilegio de tener conocimientos a los cuales otros no tienen acceso.

Longanimidad, grandeza y constancia de ánimo en las adversidades. Bondad, que se disfruta  al ejercerla. Haciendo las cosas en el Espíritu Santo, sabiendo y sintiendo que todo es impulsado por Él. En amor sincero, recibido de muchos. En palabra de verdad, o sea, experimentando ser portavoz de la verdad. En el poder de Dios, que se manifiesta en la predicación y la oración. Cuando aquí se mencionan las armas de justicia a diestra y siniestra, se refiere a la armadura de Dios (Ef. 6:11-17).

 

Son los contrastes que se enfrentan en este gran compromiso, recibir honra y deshonra. Algunos se enorgullecen de ser nuestros amigos, mientras otros se afrentan. A veces se tiene mala y buena fama, si somos fieles, la mala fama es porque a veces somos difamados. Podemos quedar como engañadores o como veraces, como falsos y como auténticos, como desconocidos y muy conocidos. Como moribundos y vivos. Castigados pero no muertos.

Entristecidos, pero más veces gozosos. Como pobres, pero enriqueciendo a otros. En fin, sin posesiones, pero siendo herederos del reino. Y a todo esto, ¿hasta dónde hemos llegado?

 

Si hemos creído, estamos en el evangelio y no hay marcha atrás, pero puede haber es un estancamiento si no nos esforzamos. Caminemos hacia adelante en nuestro compromiso con Dios, sin prisas, pero sin detenernos.