Gracia y Libertad

Sermones

Gracia y libertad

7 de septiembre de 2008

 

Por la gracia de Dios somos salvos a través de Cristo Jesús, nuestro Señor, y si somos salvos, entonces somos libres, ¿por qué hemos de comportarnos aún como si no lo fuéramos?  Tenemos del poder de Dios para conducirnos en la verdadera libertad. 

 

Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive.

Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias;

ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.

Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.

¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera.

¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?

Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados;

y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.

Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia.

Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia.

¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte.

Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.

Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. Rom. 6: 10-23

 

Gracia.- Don o favor que se hace sin merecimiento particular; concesión gratuita.

 

La gracia de Dios fluye hacia nosotros continuamente (gracia sobre gracia) sin medida.

 

La muerte de Jesús en la cruz es una muerte eficaz (una sola vez). Su sangre derramada fue suficiente para hacernos salvos una sola vez y para siempre.

 

Debemos ejercer nuestra libertad conforme a la ley de la gracia, para que esa eficacia se muestre en nosotros, habiendo sido regenerados una sola vez y para siempre, para que nunca más nos dediquemos a pecar: muertos al pecado y vivos para Dios.

 

Pero no podemos andar medio muertos al pecado ni medio vivos para Dios.

 

No más como esclavos del pecado, sino como siervos de Dios. Instrumentos suyos para lo que Él quiera.

 

El oponernos a la esclavitud del pecado manifiesta que estamos aprovechando la abundancia de la gracia de Dios. Estar bajo la gracia es estar en el amor de Dios. Si estamos en su amor no haremos daño a nuestro prójimo.

 

Estar supeditado a lo que Dios disponga, es ser siervo de Dios (como lo son todos los creyentes), es el privilegio que solo tienen sus hijos. El que es siervo o esclavo de Dios, no será maltratado ni explotado; nada le faltará.

 

El Señor sabe quiénes han creído en Él, los cuales, por la libertad que gozan, pueden caer en pecado y cuando esto ha ocurrido, acuden a Jesucristo como su abogado delante del Padre (1ª. Jn. 2:1). La libertad puede hacernos caer en pecado, pero la abundante gracia de Dios asociada al perdón, nos permite nuevamente estar limpios. ¿Por eso seguiremos pecando?; el que está bajo la gracia no está pensando en pecar. El que piensa solo en pecar, no es de Dios. El que piensa que porque es salvo puede hacer lo que le plazca, no ha creído.

 

Si embargo, los que son aun esclavos del pecado, no están impedidos para escuchar el llamado de Dios para su salvación. Nada bueno deja ser esclavo del pecado, antes, trae aflicciones y tristeza. Pero algunos pretenden que pecando son felices. Eso aparentan solamente. Es infinitamente mejor ser siervo de Jesucristo que esclavo del pecado.

 

La naturaleza humana nunca nos abandona, aunque hayamos creído, pero que esa humana debilidad no nos arrastre a la carnalidad, ni siquiera de manera temporal, pues también tenemos el sello divino. El ímpetu que teníamos para hacer las cosas del mundo, ahora lo debemos usar para las cosas de Dios (santificación y justicia).

 

Antes no se nos podía demandar justicia, porque no éramos justos; ahora lo somos por la gracia de Dios.

 

Como siervos de Dios, caminamos con esperanza de vida eterna (pues antes era de condenación) y hay fruto de santificación, el cual se goza y desarrolla en un ambiente de libertad que hemos obtenido al creer en Cristo Jesús.

 

El gran contraste entre ser siervos del pecado y ser siervos de Dios, se muestra en que la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna.

 

· La gracia de Dios fluye sin medida para los que han creído y para que, con el poder de Dios, puedan gozarse en la libertad que han recibido.

· La gracia de Dios es producto de su amor por nosotros, sin que nosotros lo merezcamos.

· Cristo Jesús tuvo una muerte eficaz; nosotros debemos tener una vida eficaz.

· Si por la libertad (tan valiosa), hemos pecado, Abogado tenemos en Jesucristo.

Para los que todavía no son libres, el llamado de Dios se está hoy escuchando.