Entera consagración

Sermones

Entera consagración

17 de enero de 2010

 

Uno de los resultados de una mayor consagración  a Dios, es poder discernir su voluntad para nuestra vida y platicar con Él varias veces al día.

 

 

1Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.

2No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Ro. 12:1-2

 

Consagrarse es dedicarse a Dios en espíritu, alma y cuerpo, para que seamos utilizados por Él para el  extendimiento de su reino en esta tierra. Una mayor consagración nuestra se va a traducirse en un mejor testimonio en todas las áreas de nuestra vida y en nuestra mejor relación con todas las personas con las que tratamos.

 

Somos motivados a una mayor consagración, conforme entendemos que de Dios proceden todas las cosas y nosotros somos de Él, por lo tanto debemos entregarnos a glorificarlo con nuestra vida (Ro. 11:36).

 

Ro. 12:1 dice “Así que” y quiere decir (por lo anterior). El término “hermanos” muestra que esta dirigido a cristianos. “Os ruego” (o suplico) indica que siendo  cristianos pudiésemos no estar en buena consagración a Dios (por el libre albedrío). La súplica es “por las misericordias de Dios” que incluyen su amor (Ro. 1:7, 5:5 8:35,39), su gracia (Ro. 1:6,7, 3:24, 5:2,21, 6:14-15), su justicia (Ro. 1:17, 3:21-22, 4:5-6, 22-25, 5:17-19) y el don de fe (Ro. 1:5,17, 3:26, 4:13, 5:1). Las misericordias de Dios nos mueven (Sal. 136:1-4) a darle la honra en todos los ámbitos de nuestra vida, llegando al hecho de “que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo”.

 

En el Antiguo Testamento el sacrificio es todo aquello que es dedicado a Dios y que por lo tanto no puede ya ser reclamado. El sacrificio significa muchas veces el acto de muerte, ya que la caída en el pecado implica muerte y solo podemos allegarnos a Dios a través de la muerte de un sustituto sin pecado (Heb. 10:1-14). Bajo el antiguo pacto, Dios aceptó sacrificios de animales muertos, pero a causa del sacrificio de Cristo, los sacrificios del A. T. carecen de efecto (Jn. 1:29, Heb, 9:11, 12), pues el sacrificio de Cristo es suficiente. Hoy, el único sacrificio de muerte válido delante de Dios es cuando damos muerte al pecado en nosotros.

 

Así, por definición de sacrificio, es una aparente contradicción pensar en un sacrifico vivo. El sacrificio vivo a Dios, es presentar nuestro cuerpo en vida (no el de animales muertos), para su servicio. A Dios debemos entregar nuestra vida (antes que nuestra muerte). Es ofrecerse a sí mismo por completo a Dios, para ser instrumento de justicia y rectitud, es consagrarnos completamente a Él. Hagamos en esta vida lo que Dios manda. No ofrezcamos a Dios la ofrenda de un animal muerto, sino presentémonos nosotros mismos, con nuestro cuerpo vivo para el servicio a Dios.

 

Por otra parte, un sacrifico “santo” es una vida que incluye todas aquellas cosas que tienen relación con el culto exclusivo para Dios. Un sacrificio “agradable” es una vida en la que se hacen cosas de acuerdo a la voluntad de Dios. (Ro. 6:13, 19, 1ª. Pe. 2:5). Un sacrifico vivo, santo y agradable a Dios, es un sacrificio espiritual.

 

En cuanto al “culto racional”, la palabra “racional” viene en primer lugar de “ración” o “porción” (o sea “parte” de un todo). Esto se ve en las ofrendas del A. T., como la que se hacía en el Día de la Expiación (Lv. 16) o en Ex. 29:26,28, en Lv. 6:17 y 7:33. Algunos tenían una porción específica del cuerpo del animal que ofrecían a Dios en sacrificio, pero ahora nos hay una porción o ración que debamos consagrar a Dios, sino que nuestra porción a ofrendar es todo nuestro cuerpo, por cuanto a la vez Dios es nuestra porción (Sal. 73:26, 119:57 y 142:5), porque Él dio a su Hijo completamente por nosotros (no una parte del mismo).

 

A la vez, en segundo lugar, “racional” viene de la misma raíz de la palabra “lógica” y de la palabra “razón” e indica que por consecuencia, el servicio a Dios es voluntario y en éste entregamos todo nuestro ser; usando toda la inteligencia y entendimiento para ponerlos al servicio de Dios (Sal 103:1). Es una entrega integral porque incluye el espíritu, el alma y el cuerpo del cristiano. Nos habla este término de que nuestro culto a Dios debe ser inteligente (el espíritu del hombre se comunica en adoración con el Espíritu de Dios). Todo lo anterior hace una gran diferencia de vida de los que siguen a Cristo Jesús con los que no le siguen. Nuestra mente debe estar siempre dispuesta a ver que la vida que Dios ofrece es la mejor.

 

Debemos entregar a Dios nuestra fuerza de trabajo, la cual incluye todas nuestras habilidades, entreguémosle toda nuestra inteligencia, para que seamos entendidos de su voluntad y entreguémosle toda nuestra capacidad de amar, para que los más nobles pensamientos y una inagotable gratitud estén dirigidos a Él.

 

No conformarse a este siglo indica no adaptarse, no adecuarse, no encuadrarse a la sociedad que nos rodea, pues el servicio a Dios debe darse sin contaminación. No debemos sentirnos obligados o atraídos a hacer lo que muchos hacen y que es contrario a la voluntad de Dios; no debe preocuparnos si piensan que somos inadaptados. En vez de conformarnos debemos renovar nuestro entendimiento, que es algo que debe ocurrir continuamente en nosotros cuando tomamos las instrucciones de Dios para nuestra vida (que siempre son nuevas). No sabemos todas las cosas que Dios quiere de nosotros de una sola vez, sino que debemos estar en comunión con Él para recibir sus directrices.

 

Debemos ser entendidos en todas las cosas de Dios y para eso debemos poner a su servicio la inteligencia que nos dio. El que es entendido hace bien las cosas. El que ha sido transformado por Dios es totalmente diferente del que sirve a su propio yo.

 

El propósito de estar consagrados a Dios trae como consecuencia discernir, distinguir o descubrir cuál es la voluntad de Dios (que siempre es buena), que es agradable (porque nos hace sentir gozosos y perfecta, porque es precisamente lo que necesitamos saber).

 

La palabra de Dios en este pasaje, nos habla de una súplica que, inspirado por Él hace el apóstol Pablo para que nos consagremos enteramente a Dios. Tenemos la responsabilidad de ser luminares en este mundo de tinieblas. Es imprescindible que sepamos lo que Dios quiere para cada uno de nosotros y lo hagamos así.