El paso del Jordán

Sermones

El paso del Jordán

1 de agosto de 2010

 

Dios ha hecho grandes cosas en la vida de cada uno de sus hijos y algunas posesiones, algunos objetos, algunas personas y hasta algunas marcas en nuestro cuerpo nos lo recuerdan.

 

 

6Y habló Josué a los sacerdotes, diciendo: Tomad el arca del pacto, y pasad delante del pueblo. Y ellos tomaron el arca del pacto y fueron delante del pueblo.

7Entonces Jehová dijo a Josué: Desde este día comenzaré a engrandecerte delante de los ojos de todo Israel, para que entiendan que como estuve con Moisés, así estaré contigo.

8Tú, pues, mandarás a los sacerdotes que llevan el arca del pacto, diciendo: Cuando hayáis entrado hasta el borde del agua del Jordán, pararéis en el Jordán.

9Y Josué dijo a los hijos de Israel: Acercaos, y escuchad las palabras de Jehová vuestro Dios.

10Y añadió Josué: En esto conoceréis que el Dios viviente está en medio de vosotros, y que él echará de delante de vosotros al cananeo, al heteo, al heveo, al ferezeo, al gergeseo, al amorreo y al jebuseo.

11He aquí, el arca del pacto del Señor de toda la tierra pasará delante de vosotros en medio del Jordán. 12Tomad, pues, ahora doce hombres de las tribus de Israel, uno de cada tribu.

13Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Jehová, Señor de toda la tierra, se asienten en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se dividirán; porque las aguas que vienen de arriba se detendrán en un montón.

14Y aconteció cuando partió el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán, con los sacerdotes delante del pueblo llevando el arca del pacto,

15cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán, y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca fueron mojados a la orilla del agua (porque el Jordán suele desbordarse por todas sus orillas todo el tiempo de la siega),

16las aguas que venían de arriba se detuvieron como en un montón bien lejos de la ciudad de Adam, que está al lado de Saretán, y las que descendían al mar del Arabá, al Mar Salado, se acabaron, y fueron divididas; y el pueblo pasó en dirección de Jericó.

17Mas los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová, estuvieron en seco, firmes en medio del Jordán, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán; y todo Israel pasó en seco. Jos. 3:6-17

 

Para cuando ocurre el evento de este pasaje, han pasado ya cerca de cuarenta años desde que el pueblo de Israel salió de Egipto; han muerto ya casi todos los que vieron cómo se abrió el mar rojo y los más adiestrados en la guerra.

Por eso Josué convoca a todos los varones esforzados y valientes a encabezar el cruce del Jordán de oriente a occidente y conquistar la tierra prometida por Dios. Todos deberán ayudar en esta empresa y una vez, logrado el objetivo, cada uno regresará al territorio que tiene asignado. Los valientes responden a Josué: “Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adondequiera que nos mandes. De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti; solamente que Jehová tu Dios esté contigo, como estuvo con Moisés” (Jos. 1:16-17). En el capítulo 2 encontramos el pasaje donde una mujer de aquel lugar llamada Rahab protege a los espías que Josué mandó a inspeccionar la tierra, acción por la cual salva la vida. El reporte favorable de los dos espías aparece en Jos. 2:24; las condiciones son idóneas para conquistar la tierra prometida.

 

Al inicio del capítulo 3 vemos que (después de reposar Josué y los suyos), se dan las instrucciones para cruzar el río. Cuando ellos vean avanzar el arca del pacto (el pueblo), deberán ir tras ella como a una distancia de 900 metros. Josué anuncia que el día siguiente Dios hará maravillas (3:5). El arca simbolizaba la presencia de Dios que iba delante del pueblo.

 

Al inicio del pasaje que tenemos a la vista, vemos que Josué continúa con las instrucciones; el hecho de que los sacerdotes inicien la marcha, al ser los representantes de Dios, significa que lo que ocurrirá lo hará Dios y no el hombre.

 

No obstante que todo el pueblo conocía a Josué, a Dios le era importante mostrar al pueblo que toda la confianza que había depositado en Moisés ahora residía en Josué, pues se necesitaba un guía seguro en la confianza del pueblo. Sin embargo, al pueblo se le habían olvidado muchas maravillas que Dios había hecho con ellos, por eso Josué deberá indicar una pausa para que el pueblo ponga atención en lo que a continuación Dios hará y que nunca lo olviden. Es un acto solemne. Les dice que se acerquen y escuchen las palabras de Dios mientras los sacerdotes están a punto de mojar sus pies en el Jordán. Esta maravilla indicará que Dios está con ellos; el arca pasará primero (Dios va delante). Al mismo tiempo, se escogen doce hombres cuya función se verá adelante. En cuanto las plantas de los pies de los sacerdotes se asienten en el Jordán, las aguas se dividirán. Hasta aquí son las instrucciones de Josué y el anuncio de lo que Dios hará.

 

Los sacerdotes ya están listos y ahora el pueblo inicia la marcha. Efectivamente, en cuanto los pies de los sacerdotes se mojaron en el río Jordán, que corre de Norte a Sur; Dios detuvo las aguas al norte de Jericó cuando menos a unos 24 km, en un montón (Ex. 15:8, Sal. 78:13), algo semejante sólo a lo que Dios había hecho en el mar rojo cuando el pueblo que huía de Egipto lo cruzó como por tierra seca (Ex. 14). Al ya no fluir las aguas del Norte, las que restaban se fueron disipando para descargarse en el Mar Salado (Mar Muerto). Cuando el río quedó seco, el pueblo pudo ver una gran extensión (todo lo que abarcaba su vista), sin agua, algo que sólo Dios puede hacer. Era el tiempo de la cosecha (abril o mayo), así que el agua que había estado hasta en las riberas del río se retiró toda. En tiempo normal el río tendría un ancho de entre 50 y 60 m, pero en el tiempo de la cosecha su ancho era el doble. Así el pueblo cruzó el río hacia Jericó, mientras los sacerdotes se quedaron a la mitad del río esperando que todos cruzasen. Fue importante la presencia de los sacerdotes, la de Josué y la del arca, pero la más importante fue la de Dios, como debe ser en nuestra vida.

 

Ya en el capítulo 4, leemos que se tomaron doce piedras de en medio del río como recordatorio de este hecho portentoso y erigieron con ellas un monumento en Gilgal (que significa “fidelidad”), donde pasaron la noche. A la vez, Josué erigió doce piedras en el Jordán, en el lugar donde estuvieron los sacerdotes cuando esperaban al pueblo que cruzaba. Era necesario que hubiese testimonio para las generaciones posteriores. El propósito es: “para que todos los pueblos de la tierra conozcan que la mano de Jehová es poderosa; para que temáis a Jehová vuestro Dios todos los días.” (Jos. 4:24). Después de esto, las aguas del Jordán volvieron a su cauce. Hasta el día de hoy, una cosa es el poniente del río y otra el oriente. Pero no fue la única vez que se dividió el Jordán, más adelante Dios lo volvió a abrir dos veces en tiempos de Elías y Eliseo (2ª. Re. 2:6-8, 14-15).

 

El Jordán (como todo río), es una bendición para todos lo que habitan a sus orillas. Muchas más historias bíblicas hay alrededor del Jordán. ¡Que importantes son los ríos! Pero también a veces, qué grandes obstáculos y guerras representan en muchas naciones. Los mexicanos lo vemos con el río Bravo, que parece representar un límite a la voracidad de quienes querían adueñarse de todo el territorio mexicano, pero también representa un accidente geográfico insalvable para muchos inmigrantes que sueñan con recursos suficientes para sobrevivir.

 

Nosotros, como cristianos y ciudadanos del reino celestial, tenemos la seguridad de que llegaremos un día al río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que sale del trono de Dios y del Cordero (Ap. 22:1).

 

Siempre debemos poner atención a la palabra de Dios; así sabremos lo que Él hace y hará. De cuándo en cuándo digamos a nuestros descendientes las maravillas  que Dios ha hecho con nosotros. Todavía tenemos que cruzar algunos ríos en esta vida, con la ayuda de nuestro Dios y tenemos que dejar testimonio de ello.