El paralítico de Capernaum

Sermones

El paralítico de Capernaum

25 de julio 2010

 

Actualmente muchas personas, cuando tienen una gran enfermedad ellos o los más amados por ellos, se acuerdan de Jesús y le buscan para que les sane, eso es bueno, pero es mejor primero buscar a Jesús para obtener la salvación del alma; procuremos la salud espiritual antes que la salud del cuerpo.

 

 

1  Entonces, entrando Jesús en la barca, pasó al otro lado y vino a su ciudad.

2 Y sucedió que le trajeron un paralítico, tendido sobre una cama; y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados.

3 Entonces algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema.

4 Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?

5 Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda?

6 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa.

7 Entonces él se levantó y se fue a su casa.

8 Y la gente, al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres. Mat. 9:1-8

 

Ligando Mat. 8:34 con 9:1, vemos que Jesús, después de sanar a unos endemoniados gadarenos, cruza el  mar de Galilea y llega a Capernaum (conocida como su ciudad), pues los de Gadara le habían pedido que saliera de sus contornos; probablemente el miedo les había invadido.

 

En Capernaum, un paralítico es traído a Jesús, cargado por sus amigos o parientes. Jesús observa que aquellos que le traen tienen fe. Él ve la fe y la necesidad de los creyentes. Si tenemos fe el Señor hará algo maravilloso acerca de lo que le estamos pidiendo, pero no sabemos lo que hará. La fe se manifiesta en creer en Cristo Jesús absolutamente. Esa fe es lo que Jesús vio en aquellas personas.

 

Jesús le dice: “Ten ánimo”. Tener ánimo significa que se avive el alma (que se abandone la tristeza, la frustración, los complejos); tener ánimo es disfrutar la vida y tomar nuevas fuerzas. Son las dulces palabras de Cristo Jesús a todo aquel que se acerca a Él con fe. Ciertamente siempre queremos estar sanos, pero como cristianos hemos llegado a aprender que es primero tener ánimo y ése ánimo nos lo otorga la comunión con Dios y tiene su origen en la vida eterna que Él nos ha dado desde que creímos en Él.

 

Pero el Señor Jesús también le dice: “hijo”. ¡Con cuánto amor habló a aquel paralítico! No a cualquiera se le dice padre o madre ni a cualquiera se dice hijo. Somos hijos de Dios, cuando aceptamos a Jesús como nuestro Salvador.

 

Y Jesús termina la oración diciendo: “tus pecados te son perdonados”. Cuando dijo estas palabras al paralítico, éste no se movió, sin embargo en ese momento había obtenido lo que deseaba, pues ya estaba bien, nada le faltaba. Seguramente sintió un alivio indescriptible en su alma y, aunque suene increíble (pero no lo es), la enfermedad pasaba a un segundo término. Lo más importante a lo que el hombre puede y debe aspirar es a que el Señor perdone sus pecados; si eso ocurre, se ha obtenido lo más importante.

 

Hay muchos cristianos enfermos (algunos con enfermedades incurables), pero se sienten en plenitud porque aman a Dios y son ellos de edificación para muchos, porque saben que su paso por este mundo no es en vano. Es mejor (es primero), la salud espiritual que la física.

 

“Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados” es una frase perfecta, llena de amor, gozo y salvación. Solo hay uno que puede decir esto, Cristo Jesús (el Dios humanado). Solo Él y ninguno más puede perdonar pecados. Esto lo sabían los escribas judíos, por eso creyeron que blasfemaba, porque sabían que sólo Dios perdona los pecados. Pero no sabían o no querían entender que Jesús es Dios en la persona del Hijo.

 

Jesús conoce, los pensamientos de todos. Él sabe lo que ahora usted está pensando. Aquellos escribas pensaban que cualquiera que no tuviera temor de Dios podría decir estas palabras, y así es, pero solo Jesús tiene autoridad para decirlo y hacerlo. Por eso el Señor les pregunta “¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda?” ¿Qué es más fácil? Para los incrédulos será más fácil decir “tus pecados te son perdonados”, porque cualquiera lo puede decir. Pero esta frase refleja que quien la dice es “el mismo Dios”, el único que puede perdonar y salvar.

 

Era necesario que supiesen que Jesús es el Hijo de Dios y el Dios mismo y que tiene poder para perdonar pecados, por eso en seguida otorga también la sanidad al paralítico y muestra que, antes que Jesús sana, Jesús perdona los pecados (no importa cuales sean estos). Aquel hombre que un momento antes paralítico, a la orden del Señor, se levantó y se fue a su casa.

 

Muchas personas enfermas se acercan a las iglesias para ser sanados, pero deben acercarse primero para ser perdonados por Dios. Lo más importante es ser perdonado. La salud espiritual es primero. Dios tiene poder para perdonar y tiene poder para sanar.

 

No todos los que fueron testigos de este milagro creyeron; algunos (aunque se maravillaron), siguieron teniendo el concepto de Jesús sólo como un hombre con grandes poderes, pero a todos nos quedar bien claro que Jesús es el Hijo Unigénito de Dios y que sólo por medio de Él obtenemos salud espiritual para el alma y la seguridad absoluta de que, si creemos en Él, somos salvos.

 

Aquel hombre estaba paralizado físicamente, pero hoy en día hay gente que se encuentra paralizada por el pecado, por los compromisos, por los negocios; no se puede mover hacia Dios. Es necesario abandonar la parálisis, levantarse y caminar hacia Jesús. Sólo Él lo puede levantar de la parálisis; levántese y camine.