El matrimonio que Dios creó

Sermones

13 de marzo de 2011

                                                                            

En el matrimonio, si ambos se han sometido a Dios, serán fácilmente capaces de someterse uno al otro.

 

 

18  Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo;  le haré ayuda idónea para él.

19  Jehová Dios formó,  pues,  de la tierra toda bestia del campo,  y toda ave de los cielos,  y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar;  y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes,  ese es su nombre.

20  Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo;  mas para Adán no se halló ayuda idónea para él.

21  Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán,  y mientras éste dormía,  tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar.

22  Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer,  y la trajo al hombre.

23  Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona,  porque del varón fue tomada.

24  Por tanto,  dejará el hombre a su padre y a su madre,  y se unirá a su mujer,  y serán una sola carne.

25  Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.  Gen 2:18-25

 

Los capítulos 1 y 2 del libro de Génesis nos enseñan cómo fue que Dios hizo todas las cosas que nos rodean (la creación). Después que fueron terminados y adornados los cielos y la tierra, Dios hizo al hombre en el sexto día, a su imagen y semejanza, para que señoree en toda su creación (Gn.1:26). Evidentemente, cuando la Biblia dice que Dios creó al hombre, se refiere a varón y hembra, no solo al género masculino (Gen 1:27). Por lo tanto, ambos fueron bendecidos por Él y las instrucciones de fructificar, multiplicarse, llenar la tierra, someterla y señorear en toda la creación son para varón y hembra (Gen 1:28). Asimismo, a ambos los hizo responsables de todo lo que puso a su cuidado (Gen 1:29-31). En todo esto, tengamos muy presente, que para Dios varón y hembra somos iguales; es decir, tenemos el mismo valor (Gen 1:27 y 55).

 

Ahora, en el capítulo 2, versículos 7, 8, y 15 a 17, el libro del Génesis nos da el detalle de la creación del hombre (mencionada en el cap. 1) y allí, en esos versículos sí se refiere solo al hombre como “varón”. Quiere decir que el varón fue creado primero y esto tiene repercusiones para su vida.

 

En el pasaje que hoy nos ocupa, en Génesis 2:18, aprendemos que Dios vio la necesidad de que el varón tuviese una ayuda idónea. Una ayuda idónea es una ayuda precisa y acorde para coadyuvar y suplir en cualquier momento. Una ayuda para empujar juntos. En toda la perfección de la creación de Dios no se encontró quien pudiera ser esa ayuda idónea para el varón hecho a imagen y semejanza de Dios. Entonces Dios procedió a crear esa ayuda idónea la cual, para que estuviese acorde a la naturaleza del varón, la crea del mismo (pues no había otro ser vivo con las características que Dios deseaba para esa ayuda idónea.

 

El hecho de que, de la parte media del cuerpo del hombre (o varón) Dios haya creado a la mujer (mientras éste hombre estaba dormido), muestra la igualdad entre ambos, ya manifestada en Gen 1:27, donde se ve que los dos están hechos a imagen y semejanza suya. El varón no interviene en la creación de la hembra (sino solo Dios).

“Dios la trajo al hombre”; esta frase significa la necesidad de que de allí en adelante, deben formarse parejas de varón y hembra para que atiendan todo lo que Dios pida de ellos y cumplan juntos las tareas manifestadas en Gen 1:28-30. Cualquier formación de pareja matrimonial o de ayuntamiento diferente a lo que manifiesta la palabra de Dios, es pecado y por lo tanto rebeldía contra Él.

 

La definición de mujer es simplemente “persona del sexo femenino”, pero proviene de una raíz que significa “suave”. La expresión de Adán “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona,  porque del varón fue tomada.”, demuestra su entendimiento de que aquella mujer no solo es una compañía, sino es parte de él y una ayuda idónea; quiere decir que ninguna criatura como ella para estar con el hombre, pues no es bueno que esté solo (Gen 2:18). La primera mujer es llamada Varona, porque proviene del varón (Ish-Isha).

 

La instrucción de Dios: “dejará el hombre a su padre y a su madre,  y se unirá a su mujer,  y serán una sola carne.”, implica la institución del matrimonio y el Señor Jesús hace referencia a esto en Mat. 19:5,6 y Pablo en Ef. 5:31. Lo natural, necesario y deseable es que el varón se case y forme un matrimonio. El matrimonio es instituido por Dios, como un acuerdo mutuo, un enlace indisoluble, la suma de dos que resulta uno, un pacto único, un compromiso a cumplir, una sociedad con propósito, un contrato social. Es además la base de la familia, de la sociedad y la nación.

 

Gracias a Dios que el matrimonio puede celebrarse en todas partes en términos de la ley. El único matrimonio válido es el civil, que está atestiguado por un juez. La iglesia y los pastores no tienen por qué casar a alguno; no están facultados para ello, pero sí para celebrarlos, poniéndolos en las manos de Dios. Por todo lo anterior, los que se piensan casar o los que ya estamos casados debemos procurar un buen matrimonio con la ayuda de Dios; recordemos sobre esto algunas cosas importantes:

 

Estemos conscientes que nuestra pareja siempre es diferente a nosotros (incluso es necesario). Como consecuencia, estemos preparados a vivir y convivir con una persona diferente.

Pero tengamos capacidad de ponernos de acuerdo. A veces es necesario una buena discusión para después llegar al acuerdo (la discusión no debe ser sinónimo de pleito).

Los que se casan forman una nueva familia (la familia sólo la componen los padres y los hijos que no se han casado). Los que no son parte de esa familia deben abstenerse de intromisiones.

El varón tiene la función de jefe de familia y la mujer la de ayuda idónea, pero ambos educan a sus hijos (y el varón no es superior a la mujer; son iguales delante de Dios). La función de jefe de familia es un orden divino que debemos respetar; no hay otro tipo de jerarquía en el hogar.

Todas las cosas en el matrimonio son en común (ya no existen las “cosas mías”, sino las “cosas nuestras”), incluyendo los recursos financieros. Cuando esto se comprende, se ahorran muchos problemas.

La pareja debe permanecer en fidelidad (el uno para el otro). No existe justificación para ser infiel.

El varón que atenta contra su mujer de cualquier forma (física o moral), atenta contra Dios y contra sí mismo y es un cobarde que tiene que arrepentirse ante Dios.

La mujer que atenta contra su marido, atenta contra Dios y contra sí misma.