El maná

Sermones

El maná

19 de septiembre de 2010

 

Aún en las situaciones más difíciles que podemos vivir, nunca falta el consuelo de Dios ni sus instrucciones para que podamos salir adelante.

 

 

14Y cuando el rocío cesó de descender, he aquí sobre la faz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra. 15Y viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto? porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer. 16Esto es lo que Jehová ha mandado: Recoged de él cada uno según lo que pudiere comer; un gomer por cabeza, conforme al número de vuestras personas, tomaréis cada uno para los que están en su tienda. 17Y los hijos de Israel lo hicieron así; y recogieron unos más, otros menos; 18y lo medían por gomer, y no sobró al que había recogido mucho, ni faltó al que había recogido poco; cada uno recogió conforme a lo que había de comer. 19Y les dijo Moisés: Ninguno deje nada de ello para mañana. 20Mas ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y hedió; y se enojó contra ellos Moisés. 21Y lo recogían cada mañana, cada uno según lo que había de comer; y luego que el sol calentaba, se derretía.

22En el sexto día recogieron doble porción de comida, dos gomeres para cada uno; y todos los príncipes de la congregación vinieron y se lo hicieron saber a Moisés. 23Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo día de reposo, el reposo consagrado a Jehová; lo que habéis de cocer, cocedlo hoy, y lo que habéis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana. 24Y ellos lo guardaron hasta la mañana, según lo que Moisés había mandado, y no se agusanó, ni hedió. 25Y dijo Moisés: Comedlo hoy, porque hoy es día de reposo para Jehová; hoy no hallaréis en el campo. 26Seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es día de reposo; en él no se hallará. Éx. 16:14-26

 

A los cuarenta y cinco días de haber salido de Egipto (16:1), el pueblo de Israel, con su caudillo Moisés a la cabeza, habían ya pasado por grandes dificultades, pero también grandes victorias. El último milagro de Dios para con ellos, había sido convertir las aguas amargas en dulces en Mara (cap. 15). De allí fueron llevados a Elim, un lugar paradisíaco y ahora (cap. 16), al desierto de Sin (cerca del Sinaí). Pero el pueblo, en cuanto vio nuevamente el desierto, murmuró contra Dios y contra Moisés, anhelando (según ellos), la esclavitud en Egipto, en lugar de vagar en el desierto (vers. 2-3). La murmuración nunca se hace abiertamente, denota egoísmo de parte del o de los que murmuran; no piensan en lo que Dios quiere, sino en lo que ellos quieren. Además, menosprecian los esfuerzos y trabajos que otros entregan a Dios. Moisés hace saber al pueblo que las murmuraciones que hacen contra él y Aarón, realmente son contra Dios (pues ellos hacen lo que Dios les mandó), como se corrobora en el vers. 7.

 

Hay ocasiones en que, después de una indisciplina Dios no nos disciplina de inmediato e incluso envía una bendición. Aquí eso ocurrió; el pueblo se rebeló, pero Dios dijo “os haré llover pan del cielo”. Cuando así nos ocurra, no pensemos que estamos bien, sino que a Dios le es necesario mostrarnos algo superior a la disciplina. Por eso en esta bendición (provisión), está implícita la obediencia y la prueba de si son capaces de vivir por fe.

 

El término “pan” no solo se refiere a una porción de masa de harina horneada, también significa todo aquello que sirve para el sustento diario, o sea, el alimento (Mat. 6:11). El pueblo estaba hambriento, al ver el alimento que Dios enviaría podrían ser tentados a actuar con voracidad, pero debían recoger sólo la porción necesaria para un día, excepto el día sexto de la semana, en que debían recoger para el séptimo (el día del reposo). La provisión de Dios sería inmediata.

 

Esa misma tarde (antes del alimento celestial), Dios envía codornices para que puedan comer de inmediato, pero antes de ello, toda la congregación fue testigo de que la presencia de Dios estaba con Moisés y Aarón. Dios dice que ha oído las murmuraciones, pero que les dará alimento porque Él es Dios.

 

Después de un rocío que había caído por la mañana, cayó alimento del cielo (y siempre sería así). Bajó del cielo una cosa menuda, redonda, como escarcha. Ellos dijeron: “¿Qué es esto?”, pues jamás habían visto algo semejante; era el alimento que Dios enviaba para ellos. Seguramente era un alimento completo, perfecto en nutrientes y exquisito. Con las instrucciones de Dios de tomar sólo lo correspondiente a un día, Él estaba probando al pueblo, para que supieran andar con fe y no dejarse llevar por la voracidad ni la codicia. La cantidad suficiente era un gomer, que era una unidad de volumen de poco más de dos litros.

 

La distribución que propuso Dios es a la vez un principio de igualdad, el cual aplica Pablo para las ofrendas en 2ª. Co. 8:15. Pero también el Señor dejaba en cada uno de ellos la libertad de obedecer; los que obedecieran se sentirían entre ellos como hermanos y sin jerarquías (pues para todos era lo mismo). Los que obedecieran las instrucciones de Dios seguramente se gozarían por saber depender de Dios y experimentarían principios de libertad, igualdad y fraternidad; anhelados por muchos en la historia de la humanidad, pero vividos sólo por los que obedecen a Dios.

 

Así que, en la bendición que Dios les envió después de sus murmuraciones, les dio enseñanzas que eran la preparación y el sustento para andar muchos años en el desierto (cuarenta) incluidos Moisés y Aarón. Como siempre, algunos no obedecieron y vieron el resultado (vers. 20). Nunca falta alguien así; los que codiciaron y apartaron para estar por encima de los demás en la provisión, vieron cómo aquello que habían guardado se corrompió. Aprendida la lección de que Dios no miente ni se equivoca y que sus instrucciones son perfectas y conviene seguirlas al pie la letra (tenerlas en el corazón), el pueblo pudo comer todos los días y aun el día de reposo, con un alimento que ellos no produjeron.

 

Se entiende que hubo un acuerdo del pueblo en llamar a este alimento “maná” (vers. 31), que quiere decir “¿Qué es esto?”. Veamos algunas características que da la Biblia sobre el maná:

 

· Era una cosa menuda, redonda, como escarcha (vers. 14).

· Era alimento (Vers. 15)

· Sabía a hojuelas con miel (vers.31)

· Se podía cocinar (vers. 23)

· Se podía moler en molinos o con morteros, lo cocían en calderas o hacían tortas, como dice Nm. 11:8 y sabía también a aceite nuevo.

· Era como semilla de culantro (que es una semilla aromática redonda) y su color, como el del bedelio (Nm. 11:7) amarillo, gris o pardo.

· El salmo 78:24, lo compara con trigo.

Cuando el sol lo calentaba se derretía (vers. 21).

 

En fin, lo que podemos decir viendo estas características, es que el maná es indescriptible (así son las grandes cosas que hace Dios). En cuanto a nosotros, el que tenga un peregrinaje obediente en esta tierra, recibirá del maná escondido e incorrupto que se encuentra donde está Dios (Ap. 2:17). Pero algo también muy importante de esta enseñanza, es que aquel maná era la figura y el símbolo de Jesús (Jn. 6:32-35, 41-43, 48-51 y 58); es imposible describir a nuestro Salvador, pero le hemos recibido en el corazón. Él es el único que suple el hambre espiritual y ya saciados, tenemos alegría, seguridad, fortaleza, salud, vigor y vida eterna. Comerlo significa asimilarlo; que Él sea nuestro sustento diario, que no caminemos sin Él.

 

Para el que vive por fe siempre hay alimento. Pero el que come mucho se ve mal y no lleva ventaja al que come lento y menos. Dios es justo; no tendrá más el que pide más, ni menos el que deja todo a Dios. Tomar solo lo que es del día, nos recuerda también la enseñanza de no dejar para mañana lo que hoy debemos hacer.

 

E hizo llover sobre ellos maná para que comiesen, Y les dio trigo de los cielos. Pan de nobles comió el hombre; Les envió comida hasta saciarles. (Sal. 78:24-25).

 

 

 

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