El ejemplo del joven

Sermones

27 de marzo de 2011

 

La experiencia es muy importante para desarrollar bien una actividad, profesión o ministerio pero, si no comenzamos ya en la actividad, profesión o ministerio, ¿cómo obtendremos experiencia?

 

 

 Ninguno tenga en poco tu juventud,  sino sé ejemplo de los creyentes en palabra,  conducta,  amor,  espíritu,  fe y pureza.  1ª. Tim. 4:12

 

A veces, se argumenta la juventud como un obstáculo para obtener ciertas responsabilidades, ¿qué tan válido es esto?, pues la falta de experiencia se puede suplir con la agilidad de la mente la cual ayuda al joven a calcular riesgos. Además, su fuerza física es un factor determinante para obtener grandes resultados. Verdaderamente se disfruta la juventud cuando se usan la mente y la fuerza física para resolver problemas, pero sobre todo para servir a Dios.

 

Todos tenemos algunos jóvenes a nuestro alrededor (sean familia, parientes o conocidos), procuremos aprender de ellos lo que sea necesario, pero también procuremos enseñar a los que están a nuestro alcance para que disfruten su juventud como Dios quiere. Ningún joven cristiano tiene por qué cargar con frustraciones, prejuicios o complejos. Tampoco los adultos cristianos deben tener estas cargas a causa de enterarse de que por la edad que tienen, ya no pueden fácilmente obtener trabajo, ya no son sujetos de crédito o de que una cierta cantidad de enfermedades les aquejan.

 

Timoteo era un pastor joven soltero al cual Dios había encomendado ser también misionero. La cultura griega  que tenían los convertidos adultos, hacía que éstos lo consideraran inexperto para desarrollar estos ministerios, pero Timoteo era ejemplar como lo registra Hch. 16:2,3. Ser joven no justifica hacer locuras. A los jóvenes de la iglesia les podemos decir que no es necesario hacer lo que hacen los jóvenes sin Dios para saber lo que se siente y para dar después testimonio de que no es lo correcto. Es importante que los jóvenes cristianos vean el caso de Timoteo y aprendan que el hecho de ser joven no es impedimento para involucrarse en el ministerio.

 

Conociendo a los griegos, el apóstol Pablo recomienda a los hermanos de la iglesia de Corinto que no tengan en menos a Timoteo (1ª Co. 16:10, 11). Esa recomendación es también para nosotros respecto de nuestros jóvenes. Que ninguno tenga en poco al joven y que éste no se crea superior. Por otra parte, la inexperiencia, la irresponsabilidad y la inmadurez no son exclusivas de los jóvenes. No quiere decir que Timoteo se sintiera menos, sino que algunos adultos lo querían hacer menos. Timoteo debía mostrarles con el ejemplo que el había sido llamado por Dios; debía ser ejemplo en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza, como se especifica a continuación:

 

Palabra.- En primer lugar, debemos cuidar todo lo que digamos en público y en privado (ser prudentes). Evitar profanas y vanas palabrerías (2a Tim. 2:16). También se refiere a la predicación del evangelio, en el cual el joven debe mostrar que está capacitado, que tiene denuedo y es diligente.

Conducta.- Que la palabra que hablamos (la de Dios), sea la misma que vivimos. Una buena conducta es indicador de orden, de responsabilidad y transparencia. Una conducta correcta es una buena conducción que generará buenos resultados en el desempeño de las responsabilidades.

Amor.- Se verá en su capacidad de darse por los demás, por amor a Dios y a la salvación (Jn. 3:16) y de perdonar todo. Ninguna actividad cristiana resulta bien si no se hace por amor.

Espíritu.- Se refiere al espíritu del hombre, en el cual debe ser ejemplar. Se puede entender en que se hace uso de la inteligencia que Dios nos ha dado para ponerla al servicio de Dios.

Fe.- En este contexto, se refiere a la fidelidad debida a Dios que se manifestará en el fiel cumplimiento del ministerio, no sujeto a temporadas, gustos, pagos, o caprichos (1ª.  Co. 4:2).

Pureza.- Sobre todo que se abstenga de relaciones sexuales antes del matrimonio, como a los casados se aplicaría que no las tengan fuera del matrimonio (2ª Tim. 2:22), pero también a que el joven no se contamine de ninguna otra cosa como las que hacen los que no conocen a Dios, tales como probar diversas sustancias o entrar a lugares en los que un cristiano ya no debe estar. No es necesario fumar, tomar bebidas embriagantes o probar drogas para saber que no convienen. A veces la huida de éstas cosas o la supuesta cobardía producen gozo, mientras que el enfrentamiento a experimentar lo que desagrada a Dios produce dolor.

 

Ser  ejemplo no debe ser una obsesión, sino algo que de natural está en nosotros. Que el joven lo sea siempre en el corazón. Que el joven cristiano sea ejemplo en su casa, en su iglesia y en todas partes.