Creciendo en el Señor

Sermones

Creciendo en el Señor

19 de octubre de 2008

Al decir que siempre estamos aprendiendo de Dios se puede entender que asimilamos muy poco de lo que se nos enseña, pero también se puede entender que en las cosas de Dios nunca sabemos todo y toda nuestra vida es de aprendizaje para servir a Dios cada vez mejor.

 

Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia,

por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia;

vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento;

al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad;

a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. 2ª. Pe. 1:3-7

 

Los versículos 3 y 4 representan una sola oración. Se habla aquí de la vida en si misma de los creyentes, la cual algunos le dicen vida secular, pero no existe, pues el creyente no tiene una vida secular y una vida cristiana, pues toda su vida es cristiana. Todo lo que tenemos en esta vida viene del poder de Dios. También vienen de su poder las cosas propias de la piedad, entendiéndose la piedad como la adoración o reverencia a Dios y que se relaciona con todas las cosas de comunión con Dios. Así que en las cosas de la vida y la piedad, se manifiesta el poder de Dios.

 

Vemos su poder en el sustento cotidiano, en la salida y en la puesta del sol, en la lluvia, en los relámpagos, en los temblores, en las enfermedades, en la salud, en su palabra, etc. Vivimos bajo el poder de Dios; es tan cotidiano que a veces no reparamos en ello. Hemos arribado a vivir en ese poder desde que creímos en Cristo Jesús, eso nos recuerda un antiguo e inspirado himno cristiano que dice: “Hay poder, poder, sin igual poder en Jesús, quien murió…sin igual poder en la sangre que Él vertió”.

 

La manifestación del poder de Dios en nosotros, tiene su sello en el cumplimiento de sus promesas relacionadas al Mesías y a la Salvación; en sus promesas para nuestra vida aquí en esta tierra y en la patria celestial. Ese cumplimiento de las promesas de Dios en nosotros nos hace participantes de la naturaleza divina, la cual se manifiesta en vida eterna, paz, gozo, pureza, justicia, santidad, etc. Y en esta tierra somos peregrinos porque estamos en el mundo pero no somos del mundo. Si todo esto ha ocurrido en nosotros, la gente no nos verá como personas comunes, sino diferentes.

 

Todo lo anterior representa un preludio de lo que a continuación presenta el apóstol Pedro y que se encuentra en los versículos 5 al7.

 

Poner diligencia en lo dicho anteriormente, significa que, aunque todo esto es un hecho en nuestra vida, debemos poner en ello atención, dedicación, empeño, entusiasmo y cuidado, puede la libertad que tenemos (tan valiosa), dada por Dios, usarse como libertinaje, de tal manera que no se distinga en nosotros su poder ni sus promesas (aunque estén en nosotros). Será una manera en la que no se note el Espíritu de Dios que está en nosotros, ya que le hemos apagado.

 

La diligencia se pondrá en práctica al recorrer un círculo donde la fe y el amor están juntos o en subir una pirámide de ocho peldaños en la que el primer escalón es la fe y el superior es el amor. Debe entenderse como lo afirma el texto, que a cada fruto se añade el siguiente o que el debe realizarse en el otro; por ejemplo fe en virtud, virtud en conocimiento, conocimiento en dominio propio, etc.

 

La FE en Cristo Jesús, es la base y fundamento sobre la que descansa toda la vida cristiana. Si no hay nada  de lo siguiente habrá.

La VIRTUD puede verse aquí como el ejercicio de los dones. La fe en acción es servicio.

El CONOCIMIENTO representa la perseverancia en la palabra y en la sana doctrina; el conocimiento de Dios, que es inagotable.

El DOMINIO PROPIO es el autocontrol que podemos tener por el poder de Dios. Es templanza, es humildad (porque la vanidad representa entre otras cosas falta de control) y es moderación.

La PACIENCIA es vivir en la esperanza de las promesas. Es sostenerse esperando la redención final sostenerse en la hora de la prueba.                                                                                    

La PIEDAD es la vida de adoración a Dios, en la cual el congregarse y la oración tienen un papel preponderante.

El AFECTO FRATERNAL es la identificación con los hijos de Dios, que se manifiesta en servicio en grupo, en la suplencia de las necesidades mutuas y en el compañerismo.                                                         

Se inscribe al final el AMOR no porque sea lo último, sino porque es la plenitud (perfección). Amor a Dios y al prójimo.

 

No importa cómo se representen, si gradualmente o en círculo, lo importante es cómo vivimos esos frutos de crecimiento que deben considerarse como un todo orgánico. ¿Cuánto hemos crecido desde que creímos en Cristo Jesús?

 

Debemos seguir aprendiendo de Dios mediante su palabra y la relación que tenemos con El y consecuentemente de las experiencias de la vida.

¿En qué nivel de crecimiento espiritual estoy? Necesitamos ser diligentes en las cosas de Dios.

 

Podemos dar el siguiente paso solo con su ayuda.