Arrepentimiento

Sermones

3 de abril de 2011

 

El que peca de cualquier forma es desobediente a Dios y necesita de humildad para arrepentirse delante de Él y pedirle perdón.

 

1  En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos.

2  Respondiendo Jesús,  les dijo:  ¿Pensáis que estos galileos,  porque padecieron tales cosas,  eran más pecadores que todos los galileos?

3  Os digo:  No;  antes si no os arrepentís,  todos pereceréis igualmente.

4  O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé,  y los mató,  ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén?

5  Os digo:  No;  antes si no os arrepentís,  todos pereceréis igualmente. Luc. 13:1-5.

 

En versículos anteriores (del cap. 12 vers. 49-53), aprendemos del Señor Jesús que, si bien es muy importante la armonía familiar, es infinitamente más importante el mensaje del evangelio que es armonía para vida eterna, pues en ocasiones hay división en el seno del hogar y, el que divide es precisamente el evangelio. Por eso, seguir a Jesús implica pagar el costo (asumir  las responsabilidades).

 

En Luc. 12:54-56 Jesús enseña a sus discípulos acerca de saber discernir los tiempos para aprovecharlos en el mensaje de su palabra. A nosotros, muchos eventos recientes nos recuerdan la urgencia de que las personas reciban el evangelio. Lo que sigue, tiene relación con la difusión del evangelio.

 

De Luc. 13:1, vemos que este versículo establece una liga con los anteriores al decir “En este tiempo”, es decir, en el mismo tiempo en que se dijeron aquellas cosas. En esta ocasión, sus oyentes de Jesús le contaban algo que había ocurrido recientemente, deseaban saber su opinión. El hecho narrado no aparece en los otros evangelios ni en la historia Judía. Algunos de los galileos (gentiles) que se habían rebelado a Pilato fueron ejecutados por éste tal vez cuando ofrecían sus sacrificios o muy cerca de donde los judíos sacrificaban por eso se dice que la sangre de los galileos se había mezclado con la sangre de los animales ofrecidos a Dios. Algunos estudiosos creen que estos que perecieron eran seguidores de un hombre rebelde al imperio romano llamado Judas el Galileo (Hch. 5:37). Los que cuentan esto a Jesús dan por sentado que aquellos galileos eran inmundos y merecían una muerte por su pecado, pero los judíos se indignaban de que la sangre de aquellos se haya mezclado con la de los sacrificios, aparte de que consideraban inferiores a los galileos y con la agravante de que era un castigo por su pecado.

 

Como respuesta, Jesús les hace una pregunta en la que se puede intuir que de entre los pecadores, aquellos perecieron porque eran más pecadores que otros galileos, según el pensamiento de los judíos. Ya no se diga de esos mismos que perecieron, comparados con los judíos. Pero en la pregunta de Jesús también está la respuesta de que no eran más pecadores que cualquier otro. Lo que sigue es una enseñanza eminentemente doctrinal.

La Biblia no dice lo que algunos afirman: “que no hay pecado grande ni pequeño”, pero el salmista habla de pecado grande (Sal. 25:11). Realmente por sus consecuencias, hay pecados pequeños y pecados grandes, pero no hay pecadores pequeños y pecadores grandes; simplemente pecadores. El apóstol Juan menciona que hay pecados de muerte, por los cuales no debemos interceder por quien los comete (1ª. Jn. 5:16,17). Cualquier pecado nos aparta de Dios y no debemos sentir aliento al saber que cometemos pecados supuestamente no tan graves o no tan grandes.

El cristiano peca, pero nunca es deseable que lo haga, porque rompe su comunión con Dios y anda en desobediencia. Cuando el cristiano peca, debe acudir a Cristo Jesús (1ª. Jn. 2:1). Cabe señalar que los cristianos no estamos ya bajo el pecado como ley (Ro. 8:1-3).

 

Por otra parte, todos los que viven en pecado (los que no han creído); cualquier tipo de pecado, están en igualdad de circunstancias; en la perdición.

 

Aquellos galileos se perdieron; no les dio tiempo de arrepentirse. El Señor dice a sus oyentes que, si no se arrepienten, se perderán en el infierno, aunque sean judíos. Al mismo tiempo nos hace pensar en la destrucción de Jerusalén que ocurrió apenas algunos años después y donde muchos judíos perecieron sin salvación.

 

Para dejar una vida de perdición, el primer paso es arrepentirse, que es dar marcha atrás al camino equivocado sin Dios y tomar su Camino; es estar consciente de que se ha vivido ofendiendo a Dios; es sentir vergüenza por la vida que se ha llevado, es quebrantarse y preguntarse cómo se puede ser limpio. La enseñanza doctrinal que nunca se debe omitir en la predicación del evangelio es ésta: El que quiera seguir a Cristo Jesús debe antes arrepentirse de sus pecados y pedirle perdón al Padre (Sal. 51:1-4, Sal. 139:23,24).            

 

El caso de la mujer adúltera (Jn. 8:1-11) y la parábola de los dos deudores (Lc. 7:41-43), nos muestran que todo pecado (por muy grande que sea), tiene remedio por el sacrificio del Señor Jesucristo en la cruz. Los que predican acerca de la salvación, deben mencionar primero la necesidad del arrepentimiento, como lo hicieron Jesús (Mat. 4:17, Mar. 1:14), Juan el Bautista (Mat. 3:12), Pedro (Hch. 2:38 y 3:19) y todos los demás.

Pero el que se arrepiente, no debe quedarse en ello, sino que debe pedir perdón al Padre en el nombre el Hijo y recibirá el Espíritu Santo (Hch. 2:32).

 

¿Ha usted pospuesto entregar su vida a Dios y servirle? Decídase; arrepiéntase con sinceridad delante de Dios a quien ha ofendido, pídale perdón apoyado en el sacrificio del Señor Jesucristo en la cruz.

 

Pero si es usted ya cristiano y ha caído en desobediencia, pida perdón a Dios y siga caminando, no se detenga en su servicio, esperemos el regreso del Señor Jesucristo trabajando en su obra.