Aguas amargas hechas dulces

Sermones

Aguas amargas hechas dulces

5 de septiembre de 2010

Dios es el único que puede disipar la amargura de la gente; pues andar con Él es andar con gozo, aunque tengamos pocos o muchos bienes, estemos enfermos o sanos.

 

 

22E hizo Moisés que partiese Israel del Mar Rojo, y salieron al desierto de Shur; y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua.

23Y llegaron a Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara.

24Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber?

25Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron. Allí les dio estatutos y ordenanzas, y allí los probó;

26y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador.

27Y llegaron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí junto a las aguas. Ex. 15:22-27. Nm. 33:8,9

 

Apenas han pasado (en este pasaje), unos cuántos días (tal vez un mes), de que el pueblo de Israel ha salido de Egipto (donde estuvieron cuatrocientos treinta años). Dios había abierto el mar Rojo para que pasaran por éste como por tierra seca. El pueblo había hecho por este evento, una gran celebración guiado en los cánticos por Moisés y María.

 

Caminando el pueblo hacia el desierto (al oriente) de Shur, una vez que ha cruzado el mar Rojo, no encuentra agua durante tres días. Shur probablemente era una fortaleza que marcaba el límite de la frontera egipcia. Las personas que no hemos perdido el gusto por el agua, sabemos que es una necesidad apremiante y una gran satisfacción beberla, pues sentimos absorber vida. El cuerpo (que lo hizo Dios), está diseñado para consumir agua. Tres días sin agua es demasiado.

 

El nombre Mara, nos recuerda el Libro de Ruth y a una de sus protagonistas, Noemí, cuyo nombre significa “placentera”, el cual ella quería cambiar por el de “Mara”, que significa “Amarga” o “Amargura”, por todas las cosas que ella estaba padeciendo. El organismo humano tiene defensas para detectar lo que es amargo, lo cual no está considerado amigable para el mismo, pero en ocasiones, para combatir alguna enfermedad es necesario consumir cosas amargas en pequeñas dosis, pues de otra manera pueden hacer grande daño al cuerpo. La Biblia nos enseña que, alguna persona que tiene amargura puede contaminar a los que le rodean (Ef. 4:31 y Heb. 12:15). Debemos evitar la amargura cada uno de nosotros.

 

Este pasaje también nos hace pensar en lo sorprendente que resulta ver cómo a veces los creyentes en cuanto tenemos alguna necesidad olvidamos pronto las grandes cosas que Dios ha hecho con nosotros y los favores de algunas personas. El pueblo de Israel (al sentir la sed), olvidó la celebración de la pascua, el paso del mar Rojo y muchas otras maravillas que Dios había hecho por y para ellos. Algunas personas, en cuanto sienten que algo les falta, se aprestan a reclamar a Dios, pero no le dan gracias cuando todo parece estar bien. El pueblo de Israel murmuró. Murmurar es hablar entre dientes, manifestando queja o disgusto por algo. También es conversar en perjuicio de un ausente, censurando sus acciones. Los que murmuran contra fieles servidores de Dios, realmente murmuran contra Él y esto es muy grave. Algunos de los que iban con Moisés estaban más amargados que las aguas de Mara, por eso murmuraban contra él. Estaban esperando que algo le saliera mal para recriminarle y ésta era la ocasión propicia de ponerlo en aprietos diciéndole: ¿Qué hemos de beber? o tal vez: ¿ahora como le vas hacer? O aun “tu eres el responsable si morimos aquí”. Aquellos amargados no tenían iniciativa para emprender algo en beneficio del pueblo, pero sí tenían energías para criticar al que Dios había puesto; Moisés.

 

Moisés seguramente sintió la presión de aquellas personas y entonces oró a Dios. Dios dio solución con un gran milagro a la vista de todos; endulzó las aguas con un árbol que cayó sobre ellas (hacerlas dulces quiere decir que las hizo bebibles, como las de los manantiales). El pueblo se tranquilizó y algunos (por el momento), guardaron sus recriminaciones. En esta paz Dios les dio reglas de orden y leyes para que las observaran durante su peregrinaje, pero también les puso condiciones para que se probara que eran capaces de obedecer (El “si” que aparece en el versículo 26 es condicional, no afirmativo). Probar es someter a dificultad para ver las cualidades. Nosotros debemos decir siempre con convicción lo que afirma un himno que cantamos: “Es muy dulce fiar en Cristo”.

 

Específicamente Dios les dijo que las enfermedades (o plagas) que se habían visto en Egipto no serían sobre ellos, si obedecían. La historia de este pueblo nos muestra que Dios cumplió y estas plagas no cayeron sobre ellos; Dios siempre cumple, nosotros no. Él es nuestro sanador, por eso, siempre que estamos enfermos pedimos a Dios por nuestra salud y cuando la obtenemos, le damos las gracias.

 

Entre el versículo 26 y el 27, ocurre un buen tiempo. Parece que el pueblo obedeció este tiempo y el resultado fue grandioso; llegaron a un lugar de mucha agua y sombra, llamado Elim. Nos conviene estar con gozo, obedeciendo en todo a nuestro Dios.

 

¿Cuántas bendiciones nos habremos perdido por amargura o por murmurar contra Dios?, recordemos las grandes cosas que ha hecho con nosotros aun en las horas más difíciles y veremos la dulzura con que Él da solución a necesidades que para nosotros eran imposibles de resolver. Sigamos desde ahora sus estatutos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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