Sirviendo y Dando Gloria a Dios

Sermones

Sirviendo y Dando Gloria a Dios

12 de octubre de 2008

 

A veces llegamos a pensar en los dones que tenemos como virtudes tan nuestras, que no las vemos como regalos de Dios y mucho menos que sean para su servicio. Pero siempre es tiempo de rectificar y el tiempo es hoy.

 

Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.

Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén. 1ª.Pe. 4:10-11

 

En los versículos anteriores (del 1 al 9), el apóstol Pedro siente que, a causa de la persecución que padece, la edad que tiene y los acontecimientos que observa, que su fin está próximo, ya que la persecución se recrudecerá (como efectivamente ocurrió). Por eso le es importante decir a los cristianos dispersos que no regresen más a las cosas del mundo, sino que se dediquen a servir a Dios como Él quiere. Les llama a tener una actitud de esperanza.

 

El servicio que damos a Dios repercute en beneficio de los santos (entendiéndose “santos” como las personas que han creído en Cristo Jesús). El amor que tenemos a Dios se refleja en el amor al prójimo. Así también, en la medida que estamos dispuestos a escuchar a Dios, lo estamos para escuchar a nuestro prójimo.

 

El servicio a Dios es a solas con El, pero también delante de muchos testigos. Pero el que sirve a Dios no estará esperando que lo vean los demás pero será inevitable que vean sus hechos y su actitud hacia los demás.

 

Uno que sirve a Dios no maltrata a otros que le sirven ni a los que cree que no le sirven. No maltrata  a los creyentes ni a los incrédulos.  No se jacta de lo que ha hecho con la ayuda de Dios. Ministrará a otros (porque es siervo de Dios). Lo hará con humildad, entrega, alegría y amor.

 

Lo hará conforme al don que tiene (no al que no tiene). Si algunos dicen que no han descubierto sus dones, les podemos decir que es más fácil que descubran, con honradez, qué dones son los que no tienen.

 

El que es siervo de Dios ha sido puesto por Él en la iglesia para que haga las cosas celestiales en el tierra. El que tiene como tarea hablar, debe hablar no su propia palabra, sino la palabra de Dios (como los que predican y los maestros).

 

Y si los servidores de Dios son atentos a sus mandatos y andan como Él quiere, se podrá observar que se conducen con cierto poder que se traduce en oración, fidelidad, fortaleza, sabiduría, etc., sépase que ese poder es de Dios.

 

El buen servidor, ministro, siervo o administrador, nunca pierde de vista que solamente a Dios pertenecen la honra y la gloria.

 

Porque lo contrario es bastante común y ha sido llevado al extremo por algunos líderes en ciertas congregaciones, los cuales, con el señuelo de que sirven a Dios, se hacen servir de muchas personas incautas.

Esos líderes actúan con autoritarismo y llegan a desconocer a los verdaderos servidores de Dios, pues les son incómodos. Dan indicaciones a los feligreses de cuánto deben dar, de cómo vestirse y hasta con quién casarse. Se ostentan como exhortadores profesionales e infunden miedo a quien se deja; pero su único fin es el dinero.

 

Pero los que sirven a Dios genuinamente, nunca deben olvidar lo que dice la palabra de Dios en el Salmo 115:1, que parece que todos lo saben, pero muchos son tentados a olvidarlo:

 

No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros,
Sino a tu nombre da gloria,
Por tu misericordia, por tu verdad.

 

Así que si alguno de los que sirven a Dios se ve inclinado a envanecerse por lo que Dios ha hecho, recuerde estas palabras y aterrice y siga caminando en el servicio a Dios.

 

· El tiempo pasado ha sido suficiente para los que no se han adherido al servicio del Señor, para hacer todas las cosas que les parecieron buenas. Es tiempo de servir a Dios y darle la honra y la gloria.

· El  que sirve a Dios también servirá a su prójimo.

Estemos atentos al servicio al que Dios nos llama.