Servicio Eficiente a Dios

Sermones

Servicio eficiente a Dios

21 de noviembre de 2010

 

Pensemos si estamos entregando a Dios un servicio acorde con los elementos que Él nos ha dado para hacerlo, pues a veces desperdiciamos los dones en cosas que sólo a nosotros agradan.

 

3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

4 Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.

5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.

6 He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra.

7 Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti;

8 porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.

9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son,

10 y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos.

11 Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros.

12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.

13 Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos.

14 Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.

16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.

18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.

19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.

20 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos,

21 para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.

22 La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.

23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. Jn. 17: 3-23

 

El título de este mensaje nos hace pensar en la palabra “eficiencia”, que significa capacidad de disponer de alguien o de algo para conseguir un efecto determinado. Por otra parte, la eficiencia en términos numéricos es el resultado indicado en porcentaje, de lo que se entrega con respecto a lo que se recibió. La eficiencia nunca llega al 100% (siempre hay  pérdidas). Para nosotros, entregar un servicio eficiente a Dios es cumplir lo mejor posible con lo que él nos pide en base a lo que nos entregó. ¿Qué nos entregó para ese servicio? La salvación y los dones. Las otras cosas que nos hacen falta para un servicio eficiente, debemos buscarlas y son los conocimientos, la práctica  la experiencia.

 

En este pasaje, el Señor Jesús ora a su Padre, para decirle que ha culminado lo que le encomendó y aquí tenemos el ejemplo a seguir para un servicio perfecto superior a lo eficiente, que solo Él cumplió. Jesús nos enseña que el primer propósito en un servicio eficiente es procurar que otros conozcan a Dios. Todo el servicio que damos a Dios tiene relación con esto.

Cuando Él dice “he acabado la obra”, es porque tiene una eficiencia del 100%, que se manifiesta en otras declaraciones como: “He manifestado tu nombre”, “han guardado tu palabra”, “han conocido que todas las cosas… proceden de Ti”,  “Las palabras que me diste, les he dado” (todas), “ellos las recibieron” y “han conocido que… salí de ti”, “han creído que tú me enviaste”, “he sido glorificado en ellos”, “ninguno de ellos se perdió”, “Para que la Escritura se cumpliese”, “voy a tí”, “para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos”. Todas estas frases manifiestan el cumplimiento de Jesús, como respuesta a lo que su Padre le ha encargado, pues reconoce diciendo: “tú me enviaste”. De manera semejante, Él hace lo mismo con sus discípulos, diciendo:

“Yo los he enviado”. Desde entonces, nosotros también, como enviados por Jesucristo mismo, debemos entregar un servicio eficiente a Dios. Él nos ha dado los elementos necesarios, así como Él los recibió de su Padre y nos da la garantía diciendo de sus discípulos (y de nosotros también): “guárdalos en tu nombre, para que sean uno”. En la obra del Señor, la unidad es imprescindible. La unidad no es que todos piensen igual o que todos hagan lo mismo, porque cosas y personas diferentes forman en Dios la unidad. La unidad  en la intención (objetivos, propósitos y metas), es estar en un mismo sentir.

 

Nosotros, como aquellos discípulos, no somos del mundo y necesitamos ser santificados en su verdad, todo con elñ gran propósito de que muchos crean en Él por la palabra nuestra, que a la vez, es la de Dios si es que nos ponemos en sus manos antes de hablar del evangelio. Es necesario que el mundo crea, refiriéndonos con la palabra “mundo” a todos aquellos que no andan en vida nueva, pero tienen deseo de seguir a Jesús.

 

Gran responsabilidad es que por nuestro servicio a Dios otros le deben conocer y aceptar. Nuestro ejemplo es Jesucristo, pues Él cumplió totalmente. Nosotros debemos cumplir y para ser eficientes se deben satisfacer ciertas condiciones, una de entre ellas es apartarnos de las cosas del mundo y como consecuencia, ser cada día más santos, así como permanecer en y procurar la unidad.

 

Viendo lo anterior, es necesario preguntarnos si hemos sido eficientes. La responsabilidad es muy grande, por lo tanto nuestro servicio debe ser con dedicación y amor. Debemos esforzarnos en humildad. Solicitemos en oración sincera el consejo de Dios.