La Paz de Dios

Sermones

La Paz de Dios

28 diciembre 2008

 

Los cristianos debemos ser pacifistas en todos los ámbitos; primeramente teniendo la paz interior en nosotros mismos, luego orando por la paz en la familia, en la nación y en el mundo.

 

 

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Juan 14:27

 

Siendo la paz una necesidad, cuando se pierde ésta, se tiene una gran carencia de algo que es básico para vivir bien. Pero algunos se quitan la vida precisamente cuando no tienen paz.

 

Los gobiernos de las potencias mundiales, tratan de imponer la paz desde su muy particular visión, procurando su seguridad, pero imponiendo la falta de paz a otras naciones o grupos raciales que son diferentes a ellos. ¿Se podrá instituir la paz mundial matando, destruyendo y robando?  El evangelio de Juan, en  10:10, nos enseña que este tipo de obra es la que hace el enemigo de las almas.

 

La paz es una virtud que pone en el ánimo tranquilidad y sosiego, opuestos a la turbación y pasiones. Es una quietud, en contraposición a la guerra. Es una buena correspondencia de unos con otros; lo opuesto a disensiones, riñas y pleitos. Es un ajuste o convenio o tregua para dar quietud entre pueblos, después de las guerras. Es también una salutación con un beso en el rostro entre los que hace tiempo no se veían.

 

De la persona que tiene paz se puede decir que tiene genio pacífico, sosegado y apacible.

 

En el ámbito cristiano, la paz es fruto del Espíritu Santo (Gá. 5:22) y es una verdadera paz interior.

 

¿De dónde viene la paz? En esencia, es una sola. Todo tipo de paz auténtica viene de Dios; todo tipo de guerra o pleito viene del diablo.

 

A veces, es necesario librar una o más batallas para obtener la paz (pero no como las guerras que hacen potencias para sojuzgar a otras naciones).

 

El hombre, si quiere, puede permanecer en la paz, pero arribará a una verdadera paz cuando se entregue a Dios.

 

La principal causa de la falta de paz es el pecado. El Espíritu Santo de Dios, nos convence de pecado. Nos otorga conocimiento. Nos llama a Dios. Mediante Fe y arrepentimiento, acudimos al Salvador y entonces el Espíritu Santo de Dios mora en nosotros y nos otorga la verdadera paz en Jesucristo.

 

La Biblia habla enseña todo sobre la paz verdadera y duradera. En Jn. 14:22-27,  Jesús dice “mi paz os doy”, Él es el Señor de la paz. Con Jesús no se debe turbar el corazón (con inquietud o zozobra), ni tener miedo. Is. 9:6 presenta a Jesús com “Príncipe de Paz”. “En la tierra paz, buena voluntad para con los hombres”, dice Luc. 2:14, que es el mensaje de los ángeles al nacimiento del Salvador en esta tierra. Is. 53:5 dice que “el castigo de nuestra paz fue sobre Él”. Ro. 5:1 dice “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (que satisfizo al Padre y al creyente). Col 1:20 dice”y por medio de Él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. Él proclamó la paz (Ef. 2:17),  anunciando las buenas nuevas. El es nuestra paz (Ef. 2: 14); derriba los muros divisorios. Jn. 16:33 “Para que en mí tengáis paz”. El Señor Jesús, habiendo resucitado, se presenta ante sus discípulos diciendo “Paz a vosotros” (Lucas 24:36 y Jn. 20:19).

 

Sin embargo, parece paradójico que en algunos casos la paz de Dios representa guerra para los que no son sus hijos, porque dice Luc. 12: 51-53 “No he venido a traer paz, sino guerra”; el evangelio divide. Andando en la paz de Dios será necesario de vez en cuando librar algunas batallas para defenderla, pues hay quienes de oponen al evangelio y al cristiano, pero los que tal hacen, también se están oponiendo al mismo Dios.

 

¿Qué hacer respecto a la paz que Dios nos da? Mar. 9:50 dice “tened paz los unos con los otros”. Ro. 12:18 afirma que debe ser con todos los hombres. Ef. 4:3 “solícitos en guardar la unidad de la fe en el vinculo de la paz”. Sigamos lo que contribuye a la paz  (Ro. 14:19, Sal. 34:14). “Apártese del mal y haga el bien; busque la paz, y sígala (1ª. P. 3:11). Is. 52:7; Nah. 1:15 y Rom. 10:15 hacen hincapié en lo hermosos que son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas de bien, del que publica salvación.

 

¿Cómo podemos ofrecer paz a otros? No ofendiendo. No cobrando adeudos o agravios. Cediendo en lo necesario. No peleando. No respondiendo agresiones.

 

La ofrenda de paz dirigida a Dios es la acción de gracias.

 

¿Estamos inquietos?, ¿hemos sido motivo de discordia?, ¿estamos acostumbrados a vivir sin paz?, estamos a tiempo de buscar la paz. Que nunca nosotros seamos causantes de guerras o pleitos. La paz de Dios sobre pasa todo entendimiento (Fil 4:7).

 

 “En paz me acostaré, y asimismo dormiré; Porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.”( Sal 4:8).

 

· Solo Jesucristo otorga verdadera paz.

· Si no la tenemos, es necesario buscarla.

· Si la tenemos, es necesario administrarla.

· Morir (lo que a muchos aterra), es dormir, si descansamos en Jesucristo (en paz).

· Oremos por la paz en nuestra vida y familia.

· Oremos por la paz en nuestra iglesia.

· Oremos por la paz en nuestro país (porque cese la guerra y no haya perseguidos cristianos).

· Oremos por la paz mundial.

Valoremos también la paz de la cual gozamos.